Generosidad

Generosidad

¡Pero que generosidad la suya Su Santidad!. Se nos ha vuelto Usted un autentico manirroto, eso de donar el dinero del cepillo recogido hoy en la misa de Jueves Santo en San Juan de Letran para la causa de Haiti no tiene precedentes y, es mas, para que no se lo gasten malamente, se utilizara para la reconstruccion de un seminario en Puerto Principe, ¡que astucia!.

Igual y alcanza para  colocar camaras de seguridad y no tener futuros problemas de pederastia, Su Santidad.¡Es Usted un pillin!, ya lo tiene todo bajo control, que luego nunca se sabe….

Con este ejemplo de  dispendio, todo el mundo se dara cuenta de la clase de persona que es Usted, Su Santidad, y se tendran que morder la lengua todos aquellos que osaron desacreditarlo con sus infamias.

Creo que a partir de ahora deberiamos llamarlo: Benedicto XVI el Altruista.

Juan A. Perez

Perdonen si blasfemo

Perdonen si blasfemo

Aunque la ley fue aprobada el primero de enero de este año, yo me acabo de enterar y subi este articulo de mi tocayo Perez.

 A estos  irlandeses parece que les molesta mas un ” me cago en dios ” que la pederastia.

En Irlanda Dios existe sí o sí. Porque, a partir de la semana que viene, la blasfemia será considerada un delito en la isla de los tréboles. Y con blasfemia no se refieren solo a cagarse en el Creador o a criticar su presunta infalibilidad, sino también a negar su existencia. Es parte de la reforma de la Ley Antidifamación, ratificada por el Parlamento irlandés el pasado jueves. Cando dicha ley entre en vigor, tomar en vano el nombre de cualquiera de los dioses oficiales será castigado con una multa de hasta 25.000 euros.

Hace tiempo que los cazatendencias nos venían avisando: se lleva lo retro. Primero volvieron los bigotes, luego el look marinero y ahora la Sagrada Inquisición. Todo vuelve tarde o temprano y, hoy por hoy, las leyes vintage son lo más. El único problema es que esta ley no parece asumible en nuestro país. Porque, si en España encarceláramos a todo el que se caga en el Todopoderoso, se acabarían los atascos (de ahí que en el Madrid de la Edad Media se pudiese aparcar sin problemas).

En el Parlamento irlandés consideran que la libertad de expresión debe tener un límite y que ellos están democráticamente legitimados para ponerlo donde les venga en gana. Muy mal deben de estar las deidades si necesitan que un grupo de políticos se inventen restricciones para defender su reputación. Dios nos dio libre albedrío para crear leyes estúpidas, sí, pero también para saltárnoslas a la torera y para cagarnos en cualquier entidad suprema que se nos ponga por el camino. Al fin y al cabo, siempre es más noble cargar contra los poderosos. Y Jesucristo estaría de acuerdo con esto.

Jose A. Perez/publico.es

Remedios la bella

Remedios la bella

Uno de los personajes más fascinantes de Macondo. Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Su belleza enciende el deseo de los hombres, pero aquellos que intentan consumarlo mueren de forma inesperada. Veamos el poético final de la historia de tan insólita mujer.

La suposición de que Remedios, la bella, poseía poderes de muerte, estaba entonces sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo. Tal vez, no sólo para rendirla sino también para conjurar sus peligros, habría bastado con un sentimiento tan primitivo, y simple como el amor, pero eso fue lo único que no se le ocurrió a nadie. Úrsula no volvió a ocuparse de ella. En otra época, cuando todavía no renunciaba al propósito de salvarla para el mundo, procuró que se interesara por los asuntos elementales de la casa. “Los hombres piden más de lo que tú crees”, le decía enigmáticamente. “Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que crees.” En el fondo se engañaba a sí misma tratando de adiestrarla para la felicidad doméstica,, porque estaba convencida de que, una vez satisfecha la pasión, no había un hombre sobre la tierra capaz de soportar así fuera por un día una negligencia que estaba más allá de toda comprensión. El nacimiento del último José Arcadio, y su inquebrantable voluntad de educarlo para Papa, terminaron por hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La abandonó a su suerte, confiando que tarde o temprano ocurriera un milagro, y que en este mundo donde había de todo hubiera también un hombre con suficiente cachaza para cargar con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta había renunciado a toda tentativa de convertirla en una mujer útil. Desde las tardes olvidadas del costurero, cuando la sobrina apenas se interesaba por darle vuelta a la manivela de la máquina de coser, llegó a la conclusión simple de que era boba. “Vamos a tener que rifarte”, le decía, perpleja ante su impermeabilidad a la palabra de los hombres. Más tarde, cuando Úrsula se empeñó en que Remedios, la bella, asistiera a misa con la cara cubierta con una mantilla, Amaranta pensó que aquel recurso misterioso resultaría tan provocador, que muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como para buscar con paciencia el punto débil de su corazón. Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que un príncipe, renunció a toda esperanza. Fernanda no hizo siquiera la tentativa de comprenderla. Cuando vio a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga. A pesar de que el coronel Aureliano Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cada momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.

-¿Te sientes mal? -le preguntó.

Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.

-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.

Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerones y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Gabriel Garcia Marquez/lapaginadeloscuentos

Imaginate la imagen

Imaginate la imagenLa imagen sobre la superficie de estuco pelado le pidió con una señal del dedo que se le acercara. Entonces recorrió la mano sobre los colores con veneración, y justo cuando iba a arrodillarse para dar testimónio del milagro sintió que la puerta se abría con mucho cuidado..
No alcanzó a dar vuelta el rostro pues ya estaba pirando en picada hacia el centro de la baldosa que diseñó Escher…

Ojalá que Messi nunca sea Maradona

Ojalá que Messi nunca sea Maradona

Messi anotó ocho goles en una semana notable. Uno desearía que siempre fuera así pero el fútbol es, afortunadamente, la esencia de lo impredecible. La excepcionalidad de Messi provoca, no obstante, un acto reflejo, la necesidad de la comparación. Y la pregunta de si Messi “es”, ya, Diego Maradona o ha superado su marca. A los 22 años, Messi disfruta del juego y de su presente, pero también conoce de manera precoz los efectos de la idolatría, la de Barcelona y la que, a otra velocidad, con otro estilo, más propenso a la exaltación e inmediata condena, se ha puesto en marcha en su país de origen. Ese apasionamiento encuentra en la Argentina una frontera en la figura ubicua de Maradona. Y siempre se llega al mismo lugar. Secretamente se conocen todas las respuestas posibles. La explicación, tan frecuente en Buenos Aires, de que Lio “será” Maradona solo si repite sus hazañas en un Mundial funciona, desde el vamos, como una suerte de prueba suprema, hercúlea, que encierra, al mismo tiempo, una suerte de sutil extorsión:”aquí, en esta parte del mundo austral Argentina solo te amaremos incondicionalmente en la medida que tú, Messi, nos garantices, tú solito, ¿eh,ese instante supremo de gloria que tanto esperamos. Y a partir de ese momento,es decir, cuando levantes con tus manos la copa en Sudáfrica, solo entonces, serás canonizado”. Ahora bien, ¿cómo ha funcionado ese implícito contrato social con Maradona desde 1986? ¿Qué se hizo de él, con él, por él y contra él mismo? Se omitieron sus contradicciones, perdonaron o justificaron sus actos desleales, se toleraron el egocentrismo, la mentiras, la doble moral, los falsos juramentos, los excesos, públicos y privados; se aceptó como natural su ambivalencia política,un día amagando por izquierda para después encarar por derecha. Se le exigió que opinara de todo, de la economía y la inseguridad ciudadana. ¿Messi necesita ocupar ese mismo centro de la escena? Por eso, pienso, existe una posibilidad latente para la estrella del Barcelona: no “ser” Maradona, evitar sistemáticamente mirarse en ese espejo donde converge lo sublime y lo patético. Escribir, en definitiva, como lo está haciendo, su propia historia. Olvidarlo. Olvidarse de la exigencia mediática de ser leyenda -en definitiva, una sucesión de sucesos imaginarios o maravillosos- para ser, como lo es, realidad, presente puro. ¿Será posible, por otra parte, que su fulgor adquiera con la selección argentina la potencia que irradia en Barcelona mientras el hombre a quien llaman el Diez, con mayúscula, sea su entrenador? ¿Podría Maradona aceptar un lugar en segundo plano? ¿Tendría la generosidad que muestra Messi a los 22 años?
Abel Gilbert/elperiodico.com

Te rogamos, oyenos

Te rogamos, oyenos

Como cada año, la Semana Santa desempolva la España más tradicional y bulliciosa. Sevilla se llena de turistas ávidos de berreantes beatos, y los informativos nos bombardean con excentricidades locales en las que lugareños se fustigan, se crucifican, lloran y cantan en una orgía de culto desenfrenado, una rave de penitentes.

Pero es que este año, además, la contrición viene que ni pintada. Pocas veces, en los últimos tiempos, los españoles hemos tenido tantos y tan buenos motivos para buscar en Dios la esperanza que nos niegan los organismos internacionales. Bajo nuestros pies se ha abierto un infierno de EREs e impagos, un averno de números rojos y ajustes de personal. La plaga del paro ha descendido sobre nosotros, y los creyentes miran al cielo, más allá de los despachos más altos, en busca de un poco de consuelo.

Porque, cuando el futuro se pinta negro negrísimo, sólo Dios puede prometernos contratos fijos y pensiones dignas. Sólo el Creador puede dar sentido a un universo donde el capitalismo pierde dinero. Sólo una mente omnisciente puede entender que directivos despedidos por incapacidad manifiesta cobren primas multimillonarias. Sólo Jesús puede velar por nuestros bancos y cajas, sólo Su luz tiene la intensidad necesaria para iluminar el camino al superávit presupuestario. Sólo Él puede velar por la nómina nuestra de cada día.

Antes bastaba con tener un poco de confianza en el futuro, pero dicen los expertos que la confianza ha muerto. Así que ya sólo nos queda la fe. Y la fe, como la bolsa, escapa a toda lógica. Pongámonos en pie y repitamos todos juntos: “Si Dios hubiese querido capitalismo, nos habría dado acciones”. Amén.

Jose A. Perez/publico.es

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