Las diez claves para entender (por fin) el éxito del LHC

Las diez claves para entender (por fin) el éxito del LHC

Big bang, hadrones, colisiones de partículas, agujeros negros… O peor aún, un enjambre de siglas: LHC, CERN, TeV, GRID… Si está harto de oír hablar de la «máquina de Dios» y todavía se pierde, aquí va un modesto intento por resolverle todas sus dudas. No es fácil, lo reconocemos, pero estas diez claves le darán algunas pistas

1. ¿Qué es el LHC?
Es un colisionador de partículas subatómicas construido en Ginebra (Suiza) por el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) y financiado por 70 países. Se trata de la mayor máquina jamás hecha por el hombre. Ha costado 7.000 millones de euros y, básicamente, consta de un anillo subterráneo principal de 27 kilómetros de circunferencia, cuatro aceleradores secundarios y cuatro sensores o experimentos.

2. ¿Para qué sirve?
Los científicos esperan corroborar el Modelo Estándar –un compendio de teorías sobre las partículas y fuerzas fundamentales– y dar respuesta a las grandes incógnitas de la Física, entre ellas, qué partícula da masa a la materia (el teórico bosón de Higgs), cómo es la materia oscura o dónde está la antimateria. También ayudará a elaborar una teoría de las fuerzas gravitatorias y a resolver el problema de la supersimetría, una hipótesis sobre la existencia de grandes partículas-espejo que conforman la materia oscura y ocupan un 23% del Universo. Otro 73% está ocupado por la energía oscura y sólo un 4% es visible.

3. ¿Con qué partículas trabaja?
Un hadrón es una partícula formada por quarks, los bloques fundamentales de la materia más pequeños descubiertos. El LHC funciona con dos tipos de hadrones: protones de hidrógeno –átomos del elemento al que se le han extraído los electrones– e iones –átomos cargados con electrones extra– de plomo.

4. ¿Cómo funciona?
En el caso de los protones, se producen en la máquina Linac2 y se inyectan en el acelerador PS a una energía de 50 millones de electrón-Voltios (eV). El PS los acelera hasta 1.400 millones de eV y los transfiere al Sincrotrón Súper Protón (similar al Sincrotrón recientemente inaugurado en Barcelona), donde adquieren una energía de 450.000 millones de eV. De ahí pasan ya a cada uno de los dos anillos del LHC, cada uno en una dirección opuesta. Cada anillo tarda en llenarse cuatro minutos y 20 segundos. Los dos haces de protones se aceleran durante 20 minutos hasta alcanzar 3,5 billones de eV cada uno.

5. ¿Cómo se consiguen acelerar?
Las partículas ya viajan al 99,9997828% de la velocidad de la luz en el momento en que son inyectadas. A máxima potencia, su velocidad “sólo” ha aumentado hasta el 99,9999991%. Sin embargo, su energía se habrá multiplicado casi ocho veces, desde los 450.000 millones de eV o 450 GeV, hasta los 3,5 billones de eV o 3,5 TeV. Para ello se utilizan 9.600 enormes imanes superconductores, que además mantienen el haz en su trayectoria circular.

6. ¿Con qué se puede comparar la energía de la colisión?
Un mosquito volando produce una energía cinética de alrededor de 1 TeV. Lo que hace tan extraordinario el LHC es que es capaz de concentrar esa energía en el espacio de una billonésima parte del tamaño de un mosquito.

7. ¿En qué condiciones se producen los choques?
En el momento del choque, se generan temperaturas de más de 100.000 veces las del centro del Sol, que arde a 15 millones de grados. El helio superfluido que rodea a los anillos mantiene la atmósfera de vacío interior a -271,3 grados, menos de dos grados por encima del cero absoluto. Cada haz de protones está formado por 3.000 racimos de 100.000 millones de partículas cada uno. En cada intersección se produce una colisión por cada 1.000 millones de protones. Los racimos se cruzan 30 millones de veces por segundo, de forma que se producen 600 millones de colisiones por segundo. Los haces giran a más de 11.000 revoluciones por segundo durante 10 horas seguidas, luego se recambia.

8. ¿Dónde se producen las colisiones?
Los dos anillos del LHC se cruzan en cuatro intersecciones, en cada una de las cuales se sitúan los sensores o experimentos principales de la instalación. El Atlas (A Toroidal LHC Apparatus) es el principal. Se trata del mayor detector nunca construido y su propósito es múltiple, desde la detección del bosón de Higgs hasta la supersimetría y las dimensiones ocultas. Alice (A Large Ion Collider Experiment) medirá las colisiones de iones de plomo. Tratará de definir el plasma quark-gluón, un estado de la materia en el que ambas partículas elementales no están confinadas en ningún hadrón, tal y como debió suceder en el Big Bang, antes de que protones y neutrones se crearan y se unieran formando átomos. El CMS (Compact Muon Solenoid) tiene fines parecidos al del Atlas, pero con un diseño diferente que genera un campo magnético de 4T, 100.000 más potente que el de la propia Tierra. Por último, el LHCb (LHC-beauty) LHCb se centra en el estudio de la ligera asimetría que se da entre la materia y la antimateria en las interacciones de partículas que contienen el quark B.

9. ¿Qué se hace con los datos recopilados?

Una red supercomputacional denominada GRID se encargará de procesar y publicar los datos entre cientos de universidades y laboratorios repartidos por el mundo. La información generada durante los dos años que se prevé esté operativo el LHC llenarían 400.000 discos DVD. Los primeros resultados se esperan para después del verano, aunque se tardará años en analizar todos los datos proporcionados por los cuatro experimentos.

10. ¿Cuál es la participación española?
Unos 400 científicos españoles participan en el LHC, coordinados por el Centro Nacional de Física de Partículas, Astropartículas y Nuclear (CPAN), proyecto Consolider 2010 gestionado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que reúne a 26 grupos de investigación. España es el quinto país que más contribuye al proyecto. El Instituto de Física Corpuscular (IFIC) de la Universidad de Valencia participa en el Atlas, y el Instituto de Física de la Universidad de Cantabria (IFCA), en el CMS.

30 Marzo 10 – Madrid – Miguel Carbonell/larazon.es

Dignidad

Atención a la asombrosa dignidad con la que se recompone, con la cabeza más alta que nunca, el tipo de la imagen tras desparramarse por las escaleras de la más tonta de las maneras. Imagínatelo musitando, mientras desaparece de la escena con su particular y firme paso, las palabras “no, si yo siempre bajo así…”:

Dignidad

visto en : prosopopeyadivagante

La gitana

La gitana

A propósito de lecciones y tras el ruego de una amiga que vive en Japón y tiene su libro perdido entre sushis, copio para ella y el respetable unos párrafos del taller de educación sexual que se dieron en “Arrancame la vida”, más por azares de la necesidad narrativa que por la vocación pedagógica de quien escribió el libro. Dicen así:

“Una tarde fui a ver a la gitana que vivía por el barrio de la luz y tenía fama de experta en amores. Había una fila de gente esperando turno. Cuando por fin me tocó pasar ella se sentó frente a mí y me preguntó qué quería saber. Le dije muy seria:

-Quiero sentir-. Se me quedó mirando. Yo también la miré. Era una mujer gorda y suelta. Por el escote de la blusa le salía la mitad de unos pechos blancos, usaba pulseras de colores en los dos brazos, y unas arracadas de oro que se columpiaban en sus oídos rozándole las mejillas.

-Nadie viene aquí a eso-me dijo. No sea que después tu madre me quiera echar pleito.

-¿Usted tampoco siente?-pregunté.

Por toda respuesta empezó a desvestirse. En un segundo se desamarró la falda, se quitó la blusa y quedó desnuda, porque no usaba calzones, ni fondos, ni sostenes.

-Aquí tenemos una cosita–dijo metiéndose la mano entre las piernas. Con ésa se siente. Se llama el timbre y ha de tener otros nombres. Cuando estés con alguien piensa que en ese lugar queda el centro de tu cuerpo, que de ahí vienen todas las cosas buenas, piensa que con eso piensas, oyes y miras; olvídate de que tienes cabeza y brazos, pónte toda ahí. Vas a ver si no sientes.

Luego se vistió en otro segundo y me empujó a la puerta.

-Ya vete. No te cobro porque yo sólo cobro por decir mentiras y lo que te dije es verdad, por ésta-y besó la cruz que hacía con dos dedos. ”

Angeles Mastreta

¿Qué desayunar para adelgazar?

¿Qué desayunar para adelgazar?

Suena el despertador y el cerebro empieza a preocuparse: “Ya hay que despertarse y nos comimos todo el azúcar que funcionaba como combustible”. El cerebro descubre la gravedad de la situación cuando la chica decide (equivocadamente) evitar el desayuno porque quiere bajar de peso con una dieta.

Llama a la primera neurona que tiene a mano y manda mensaje a ver qué disponibilidad hay de azúcar en la sangre. Desde la sangre le responden: “Aquí hay azúcar para unos 15 a 20 minutos, nada más”.

El cerebro hace un gesto de duda, y le dice a la neurona mensajera: ‘De acuerdo, vayan hablando con el hígado a ver qué tiene en reserva’. En el hígado consultan la cuenta de ahorros y responden que ‘a lo sumo los fondos alcanzan para unos 20 a 25 minutos’.

En total no hay sino cerca de 290 gramos de azúcar, es decir, alcanza para 45 minutos, tiempo en el cual el cerebro ha estado rogándole a todos los santos a ver si a la chica se le ocurre desayunar.

En la mañana las personas con sobrepeso están apuradas o no les provoca comer, así que el pobre cerebro tendrá que ponerse en emergencia: ‘Alerta máxima: nos están tirando un paquete económico. Cortisona, hija, saque lo que pueda de las células musculares, los ligamentos y hasta el colágeno de la piel’.

La cortisona pondrá en marcha los mecanismos para que las células se abran cual cartera de mamá comprando útiles, y dejen salir sus proteínas. Estas pasarán al hígado para que las convierta en azúcar. El proceso continuará hasta que volvamos a comer.

Como se ve, quien cree que no desayuna se está engañando: Se come sus propios músculos, se auto devora. La consecuencia es la pérdida de los músculos, y un cerebro que, en vez de ocuparse de sus funciones intelectuales, se pasa la mañana activando el sistema de emergencia para obtener combustible y alimento: Empiezan los síntomas de falta de energía y dolores musculares (fibromialgia)

Al comenzar el día ayunando, se pone en marcha una estrategia de ahorro de energía, por lo cual el metabolismo disminuye. El cerebro no sabe si el ayuno será por unas horas o por unos días, así que toma las medidas restrictivas más severas.

Por eso, si la persona decide luego almorzar, la comida será aceptada como excedente, se desviará hacia el almacén de ‘grasa de reserva’ y la persona engordará.

La razón de que los músculos sean los primeros utilizados como combustible de reserva en el ayuno matutino se debe a que en las horas de la mañana predomina la hormona cortisona que estimula la destrucción de las proteínas musculares y su conversión en azúcar.

Lo peor ocurre cuando llega la tarde justo antes de quedarnos totalmente sin azúcar. El cerebro antes de perder totalmente los ahorros de energía decide provocar intensos ataques de hambre y aumento del apetito llevando a sentir intensos deseos por alimentos dulces y sin poder evitarlo empiezan a comer con ansiedad todo lo que encuentran a su paso llevando a engordar otra vez.

Por último como los alimentos ingeridos con ansiedad en la tarde y la noche provocan que en la mañana del día siguiente no provoque comer el desayuno volviendo a al principio de este círculo vicioso.

Recomendaciones médicas

  1. Desayuna hasta estar más que satisfecho
  2. Si tienes ansiedad por carbohidratos en la tarde significa que desayunaste pocas proteínas
  3. Desayuna al levantarte (antes de que pasen 60 minutos)
  4. Debes desayunarte tu postre favorito para que no te provoque en la tarde 

Dr Salomon Jakubowicz

Ni Una Dieta Mas

QUESADILLAS DE HUITLACOCHE

 

Una nota, aparecida en el periódico español EL PAIS esta semana, me ha llenado de asombro y no me ha soltado durante todos estos días. Se llama Pergovet. Es un fármaco muy de moda y muy utilizado actualmente por los ganaderos ingleses.

Al parecer, sus propiedades son extraordinarias. No solo incrementa la reproducción del ganado, sino que además – palabras textuales – “mejora la raza”.

QUESADILLAS DE HUITLACOCHE El asunto no pasaría de aparecer como un loable logro científico, a no ser porque el Pergovet está hecho a base de orina de monja menopáusica. Como se lee. No es joda, se lo juro. Usted, a lo más, puede exclamar: “¡hasta dónde hemos llegado!”. Y ya. Al parecer, según las investigaciones, se ha concluido que las grandes cantidades de la hormona gonadotropina, existentes en la orina de las monjas menopáusicas, son un milagro para la industria ganadera. Con una inyección de este liquido, las vacas entran en un estado de fertilidad poderosísimo, dándole a la mística castidad de las servidoras de la iglesia una función hasta ahora impensable.

Obviamente, como suele ocurrir con todo en este mundo, ya las “aguas menores” de las religiosas menopáusicas también son un negocio. Y para muestra: si a usted le parece difícil juntar estos tres factores -orina, monja y menopausia-, todavía hay un cuarto elemento que redondea la calidad del producto: las hermanas, eso sí, deben ser italianas. En serio. No piense usted que algo así se da en cualquier lugar, en cualquier convento de Berlín, Lima o Paraguaipoa. No. La razón de esto -no podía ser de otra manera- es que el Vaticano es socio de la firma farmacéutica que desde hace 40 años viene trabajando en la extracción y exportación de este nuevo y sagrado recurso.

Qué importa ya que la fe no mueva montañas.

Alberto Barrera Tyszka – El Nacional de Caracas

www.cagondios.com

Los sacrificadores

Los sacrificadores
«UNA nueva y obscena raza de mártires nace» con el terror que inauguraba en Rusia el siglo XX. Albert Camus la describe como una raza de ángeles violentos, en cuyo delirio se anunciaban ya todos los horrores del siglo que venía. Porque todo está permitido a aquel cuya misión es traer el cielo a la tierra. Todo sacrificio -el de la vida propia como el de la ajena- es apenas anécdota, cuando se está llamando a las puertas del paraíso. El martirio de ese ángel purificador que cree ser el terrorista «consiste en aceptar infligir el sufrimiento a los otros», constata un Camus lúcido y estupefacto. Es la forma perversa de lo sagrado: sacrificar. Da igual a quién. El terrorista puro no busca víctimas precisas; todos los hombres lo son. Y, «para que el hombre se trueque en dios, es necesario que la víctima se rebaje a trocarse en verdugo» anónimo de los anónimos. Ese envilecimiento último lo reviste de legitimidad apocalíptica: sacerdote final del sinsentido.
Dostoyevski construyó su imagen literaria perfecta en Los diablos, aquel retrato profético del siglo veinte que debería ser enseñado en las escuelas, en vez de perder el tiempo con necias educaciones de ciudadanía. Si alguien quiere entender el salvajismo -el angelismo- exterminador del lunes en Moscú, debe sólo releer ese compendio de la fascinación humana por el abismo, a la cual el siglo veinte llamará terror: seguir la teología del Mal erigido en Ser Supremo, en la aventura biográfica de Kirilov que allí Dostoyevski dibuja. La conclusión de Camus es desolada y anticipa todo cuanto nosotros hemos visto: «Al igual que Kirilov, que se mata para ser dios, acepta ver su suicidio utilizado para la conspiración de Verkhovensky, la divinización del hombre por sí mismo hace saltar el límite que la rebelión se ponía a sí misma, y se lanza irresistiblemente a lo enfangados caminos de la táctica y el terror, de los cuales la historia aún no ha salido».
Camus escribía eso en su Hombre rebelde del año 1951. Han pasado ya otros 59. Su diagnóstico nunca ha sido tan exacto como ahora. Las fotos en el metro de Moscú, las fotos en los trenes de Atocha, las fotos en el Bali trocado de paraíso en infierno, las fotos en neblinoso polvo y humo de un Nueva York de pesadilla…, las fotos que vendrán, que seguirán viniendo, porque esta hecatombe sacrificial no está más que en su inicio, componen la única foto, en suma, del mundo nuestro: altar trágico ante el cual, extinto todo sentido y arrebatado por el duro delirio de inventarlo, alza el loco creyente su plegaria de exterminio.
Se envuelve hoy en la retórica de un disparate místico. El más acorde con sus anhelos: un Libro que un Dios dicta y en el cual son llamados los fieles, sin ambigüedad ni equívoco, a exterminar hasta el fin a los infieles; a exterminar hasta el fin a todo aquel -no hay inocentes- que no haya sido enrolado en el bando del Misericordioso. No ser parte del ejército de los sacrificadores es serlo del ejército de los sacrificados. Porque todo es sagrado. Y el mártir, al martirizar martirizándose, alza monstruosa constancia de eso que el Libro le ha prescrito: «Matadlos allá donde los encontréis… Si os combaten, matadlos: tal es la retribución de los incrédulos» (Corán, II, 191), «no los habréis matado vosotros; Alá les habrá dado muerte» (VIII, 17). No hay resistencia que el fiel pueda oponer al mandato sagrado. «Alá sabe», dice el Libro; los hombres, no (II, 216). Y Alá, «Alá ha adquirido persona y bienes de los creyentes para darles a cambio el Paraíso. Y ellos combaten en el camino de Alá: y matan y son matados» (IX, 111). ¿Cómo oponerse al Libro?
Gabriel Albiac/abc.es

Sepulcros blanqueados

Sepulcros blanqueados

Se multiplican cada día las sospechas de que el papa Benedicto XVI, ya desde años lejanos, hubiese podido participar en la penosa operación de ocultar a los sacerdotes que se habían manchado con el crimen de violación de menores, incluso de sordomudos. Si se llegara a probar dicha complicidad de quien hoy rige los destinos de la Iglesia, ello podría constituir una grave responsabilidad de la comunidad cristiana mundial con el mismo Papa.

La protección por parte de la Iglesia de curas violadores de menores es contraria al Evangelio de Jesús

Viví muchos años de cerca, por mi profesión de informador, los misterios del Vaticano. Allí conocí a eclesiásticos íntegros que creían en la Iglesia como elemento de paz y unión entre los pueblos y que llevaban una vida austera y digna. Conocí también a altos prelados más preocupados por su carrera y por tener una buena cocinera, que por su alma. Nunca informé sobre ello porque siempre creí que la vida personal, hasta de los personajes públicos, merece respeto.

¿Pero qué decir y qué hacer cuando personajes de la Iglesia, teóricamente consagrados a hacer el bien y a dirigir las conciencias, mancillan no sólo el alma sino también el cuerpo de inocentes? El Vaticano siempre pensó que lo mejor para la Iglesia era el silencio, el ocultamiento de los hechos, con la argumentación de que los errores y pecados de un cura o un obispo o cardenal podrían terminar ensuciando a la misma institución. Y de esa actitud de ocultamiento fui muchas veces testigo personal. Hasta me pedían -evocando mi amor a dicha institución- que ocultara algunos hechos por mí conocidos y que podrían escandalizar, como el de aquel cardenal que tenía una cama en el trastero de una librería cercana al Vaticano para encontrarse con su amante.

El problema que la Iglesia no quiere reconocer es que esa actitud hipócrita de ocultar la evidencia, que está saliendo a la luz cada día con mayor fuerza, con tristeza y dolor de los creyentes sinceros, ya está condenada y con palabras durísimas en los Evangelios canónicos, en los que debía inspirarse más que en sus leyes del Derecho Canónico.

Bastaría abrir el Evangelio de Mateo. En el capítulo 23, Jesús de Nazareth se dirige a los fariseos y maestros de la ley, que eran los que se arrogaban el poder de decidir sobre las conciencias de los judíos -como la jerarquía de la Iglesia lo hace hoy con los católicos- y les llama “sepulcros blanqueados”, que “por fuera aparecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre”.

Continúa Jesús: “Por fuera parecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de crímenes” (27-28).

Luego, Jesús se pregunta: “¿Cómo escaparéis a la condenación del fuego?”.

Versículos antes, en el mismo capítulo de Mateo, Jesús critica a los maestros de la ley porque, les dice: “Limpiáis por fuera el vaso y el plato, y por dentro estáis llenos de codicia y rapiña. Maestros ciegos, limpiad primero el vaso y el plato por dentro para que también por fuera queden limpios” (24-26).

No hace falta ser teólogo ni biblista para entender que la actual actitud de la Iglesia con los sacerdotes y obispos violadores de menores está en total contradicción con la doctrina del que considera su fundador, el profeta Jesús. La preocupación de la Iglesia de hoy, como la de los fariseos del tiempo de Jesús, es, lo ha sido siempre, la de aparecer limpia por fuera aunque esté podrida por dentro. No quieren limpiar el plato por dentro por miedo a que pueda aparecer manchada su cara por fuera.

La Iglesia tiene una especie de pánico a que se conozcan las debilidades o pecados de sus representantes. Por eso prefiere si no perdonarles, por lo menos ocultarlos, sobre todo cuando se trata de sexualidad, ya que en cada escándalo en este campo se le planta delante el fantasma del celibato obligatorio de los sacerdotes, considerado por no pocos como un elemento multiplicador de los crímenes sexuales contra menores.

Es curioso que un tema como el del celibato, que no tiene ningún fundamento bíblico -ya que todos los apóstoles, todos los primeros obispos y los primeros papas de la Iglesia, y con toda probabilidad el mismo Jesús, estaban casados y tenían familia- continúe siendo tan importante cuando un Papa podría acabar con esa ley canónica de un plumazo. Entretanto, la Iglesia no se preocupa lo más mínimo por los sacerdotes que se saltan a la torera su compromiso evangélico con la pobreza mientras aplauden y se contaminan y hasta dan la comunión a dictadores y asesinos públicos.

Vivimos, sin embargo, en la civilización de la información. Si ya Jesús decía hace más de 2.000 años que nada de lo que está oculto lo permanecerá para siempre, también hoy le va a ser cada día más difícil a la Iglesia, por más malabarismos que intente hacer, que los vasos y platos sucios de su perversa actitud contra inocentes queden en el silencio o en el olvido.

De los sepulcros blanqueados de su fingida inocencia, saldrá a flote la podredumbre que en vano intenta ocultar.

La terrible pregunta de Jesús, está ahí, en pie, amenazadora, actual: “¿Cómo escaparéis al castigo del fuego?”. Ese castigo es, entre otros, el abandono cada vez mayor de la Iglesia por parte de los que cada vez confían menos en su inocencia.

Juan Arias/elpais.es