Un tipo te apunta a la sien….

Un tipo te apunta a la sien....

Un tipo te apunta a la sien con una pistola que posee un tambor de ochenta balas. Solo uno de los ochenta orificios contiene un proyectil. El tipo va a disparar; tienes una posibilidad entre ochenta de morir. Pero antes de hacerlo, te propone algo. Puedes retirarte del juego si pagas una penalización. Esa penalización consiste en lo siguiente: Durante todo un año, los miembros del grupo vocal “El Consorcio” pasarán la noche en tu habitación. No van a dormir en tu cama, sólo estarán sentados en unas sillas de mimbre mientras tú duermes. No hablarán entre ellos, van a tratar de no molestarte. Escucharás algún carraspeo ocasional, algún bostezo de aburrimiento. Lo único que inquietará tu sueño es su presencia (la luz está apagada, pero puedes escuchar el roce de un pantalón cuando uno de ellos recompone su postura). Recuerda, 365 noches compartiendo habitación con “El consorcio” o bien la posibilidad (1 entre 80) de morir sin dolor.
Elige con toda la seriedad del mundo.

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Los Beatles reinan 40 años después

Los Beatles reinan 40 años después

El 10 de abril de 1970, hace exactamente 40 años, se hacía público un comunicado tajante de Paul McCartney: abandonaba los Beatles -“por diferencias personales, musicales y de negocios”- y el grupo dejaba de existir. El anuncio no provocó manifestaciones de histeria ni lamentos: existía el convencimiento de que aquello era un calentón, que podía arreglarse. Imposible imaginar un mundo sin Beatles: ellos habían pilotado la emancipación de los años sesenta y no podían abandonarnos cuando entraba una década incierta. Pero iba en serio: el último día de 1970, Paul presentaba una demanda en los tribunales, exigiendo la disolución de la empresa común.

Su vigencia es indiscutible: sostienen una industria poderosa

En palabras de John Lennon, el sueño había acabado. El sueño de una generación inspirada por unos simpáticos gamberros procedentes de una ciudad -y un Imperio- en declive, el ideal de la fraternidad creativa desarrollada por cuatro músicos (y George Martin, el productor que guió su vertiginosa evolución). En términos artísticos, la ruptura supuso un desastre mayúsculo: nunca se repetiría semejante alquimia de talento en un grupo pop, tal sincronía de música y cambio social. Veinte años después, así lo expresó Kurt Cobain, justificando el enfoque de Nirvana: “No podemos tocar pop, los Beatles ya lo hicieron todo”.

Si sus 10 años de existencia fueron extraordinarios, no lo han sido menos las cuatro décadas posteriores. Las impresionantes ventas de los sesenta han quedado empequeñecidas por el inmenso negocio generado a posteriori. Los Beatles sostienen una industria poderosa, reanimada periódicamente por reediciones, remasterizaciones y -próximamente- su disponibilidad en tiendas digitales. Su Liverpool natal se ha transformado en un parque temático a mayor gloria de aquellos descastados que huyeron a Londres.

El final del grupo despierta los peores instintos: acelera fobias y filias, permite arremeter contra las mujeres -Yoko Ono, Linda Eastman…- que entraron en aquel club masculino, justifica un maniqueísmo que enfrenta a los artistas con los hombres del dinero. Todavía dispara abundantes especulaciones: todo sería diferente de haber retornado al directo, en condiciones más civilizadas que las que obligaron a suspender las giras; tal vez se hubieran apaciguado los enfrentamientos de contar con un arbitro, como era Brian Epstein hasta su muerte en 1967.

Su desaparición empujó a Paul McCartney al timón. Residía en el centro de Londres, mientras los otros andaban dispersos por mansiones en la periferia, sin sentirse particularmente felices. Él era el más social de los Beatles, alguien muy implicado en la contracultura del momento: fue el primero en reconocer que tomaba LSD y marihuana.

En julio de 1967, Paul y John, con sus respectivas parejas, viajaron al Egeo, en pos de un plan eminentemente juvenil: comprar una isla en la que los cuatro pudieran vivir y trabajar. Ni siquiera eran conscientes de que Grecía padecía entonces una cruel dictadura militar que difícilmente hubiera tolerado sus peculiaridades. Hablamos del mismo grupo que, a principios de 1968, inició Apple Corps como un experimento de capitalismo hippy, con varios negocios que, aparte de Apple Records, rápidamente se demostraron ruinosos.

También fue Paul, respaldado por John, quién decidió invitar en 1969 a un equipo de filmación durante la grabación del elepé finalmente conocido como Let it be. Ahora sabemos que el experimento fue desastroso, pero el plan combinaba sustancia y audacia: aparte de conseguir una película rentable, esperaban una catarsis regeneradora al obligarse a crear música ante las cámaras. Años después, los miembros de Metallica se someterían a una terapia similar, de la que salieron fortalecidos y con un documental memorable, Some kind of monster.

Fue en esas desdichadas sesiones cuando George Harrison estalló. Menor de edad que los otros, se sentía menospreciado a la hora de repartir juego. Había embarcado al resto en una búsqueda espiritual, de la mano del Maharishi Manesh Yoghi, pero sólo él persistió tras la estancia en la India (un retiro paradójicamente productivo en términos musicales). George abandonó la grabación, gesto que luego repetiría Ringo Starr.

En su papel de catalizador del cuarteto, Paul McCartney también daba pisotones a su socio principal. Y Lennon estaba extremadamente sensible: tras separarse de su esposa Cynthia, deseaba reinventarse como creador vanguardista y políticamente activo, al lado de Yoko. El nuevo John no tenía paciencia para los compromisos necesarios en un grupo; consideraba los Beatles como una aventura superada, un tiempo de pactos y mentiras. Poco preparado para enfrentarse con la realidad, se dejó embaucar por un tipo duro, Allen Klein. Su insistencia en instalarle como mánager le llevaría a una colisión fatal con Paul McCartney.

Fluidos

Fluidos

¿Dónde he escuchado esta historia? Un bebé de apenas dos meses con la nariz taponada de mocos. Un bebé que berrea y emite sonidos infrahumanos porque tiene las vías respiratorias prácticamente desabilitadas. La madre le limpia la nariz con un pañuelo, canta una nana, da golpecitos en su espalda… pero el bebé no dejar de llorar. Entonces el niño se pone azul. Abre la boca y no emite ningún sonido. No es posible que un simple resfriado vaya a acabar con la vida de un bebé. El caso es que la madre –repito, la historia no es mía, sólo la escuché casualmente– la madre, empujada por quién sabe qué primario instinto maternal fruto de miles de años de evolución, coloca sus labios en las fosas nasales de su retoño y succiona toda la mucosidad para después escupirla en el suelo. Sorbe los mocos del niño como quien chupa la cabeza de una gamba y extrae así los fluidos que anegaban las vías respiratorias. Algo así como un boca a boca muy retorcido y muy dramático y tan excesivamente repugnante que trasciende las fronteras de la relación madre-hijo. Y no recuerdo dónde cojones he escuchado esta historia.

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R.I.P.: Malcolm McLaren, el gran burlador

R.I.P.: Malcolm McLaren, el gran burlador

El patrocinador de los Sex Pistols fallece en Nueva York

Víctima de un cáncer de pulmón. Con 64 años, desaparece uno de los personajes más extraordinarios producidos por el pop británico, en su vertiente extramusical. Condenado a la ignominia por su papel en la breve vida de los Sex Pistols, Malcolm supo recuperarse y desarrollar brillantes intuiciones.

Descendiente de industriosos judíos, ejerció de rebelde en el seno de su familia y en las instituciones educativas por las que pasó. Asociado a la diseñadora Vivienne Westwood, abrieron una boutique en la Kings Road londinense, inicialmente denominada Let It Rock, antecesora de la legendaria Sex. Influido por los textos de los Situacionistas franceses, buscó las formas de tocar los puntos sensibles de una sociedad demasiado predispuesta a escandalizarse. Su labia fue capaz de convencer a unos New York Dolls, ya en declive, para que se vistieran con trajes de cuero rojo, actuando sobre el fondo de la bandera de la hoz y el martillo.

Un cuarteto de chavales proletarios

Pocos se enteraron de tal jugada, pero Malcolm perfeccionó sus técnicas de manipulación con un cuarteto formado por chavales proletarios que rondaban alrededor de su tienda. No le preocupaba tanto la música como la posibilidad de crear un ariete contra una Inglaterra particularmente sensible a las provocaciones. Lo consiguió, convirtiendo a los Sex Pistols en figuras de odio en el año del Jubileo de Isabel II. El plan funcionó mejor de lo esperado: extrajo grandes cantidades de dinero, en concepto de adelantos, a dos discográficas, antes de fichar con Virgin, el sello de Richard Branson. Sin embargo, no se preocupó del bienestar de aquellos músicos, que finalmente se rebelaron tras una delirante gira por Estados Unidos. El más inteligente, entonces conocido como Johnny Rotten, se sintió explotado por su Dr. Frankenstein y le llevó a juicio, ganando por goleada.

Había lanzado un movimiento social de largo recorrido, el punk, aparte de desmitificar el negocio musical con una película lúcida, El gran timo del rock and roll. Pero no había podido rentabilizar su reto: intentó repetir la jugada con otro grupo teledirigido, Bow Wow Wow, donde combinaba el erotismo de una cantante menor de edad, los tambores de Burundi y la invitación a hacerse con la música gratuitamente (entonces, vía casetes). No le funcionó pero un discípulo, Adam Ant, que le había pagado por unas horas de consulting, sí supo vender aquellos ritmos.

Hip-hop en Estados Unidos

Sintiéndose rechazado en Inglaterra, se trasladó a Estados Unidos, donde inmediatamente comprendió la revolución conceptual del hip-hop. Sacó esa música del Bronx, llevándola a viajar. El disco resultante, ya bajo su nombre, fundía los hallazgos del rap con músicas africanas y de los montes Apalaches. Había allí una infinidad de sugerencias, luego triunfales en la world music o en el hip-hop global. Pero su tendencia a robar ideas ajenas -otra muestra de su poder de anticipación- le retrató como un explotador sin escrúpulos.

Sus posteriores aventuras musicales fueron ocurrencias ingeniosas que materializaban los mejores expertos, como modernizar arias, valses o melodías que evocaban París. Intentó ponerse al timón de unos incipientes Red Hot Chili Peppers, que obviamente rechazaron semejante OPA. Trasladó sus esfuerzos al cine, que resultó un mundo más difícil de penetrar que el musical.

Con el tiempo, adquirió un perfil de buscavidas, dispuesto a implicarse en publicidad, reality shows o -fugazmente- la política, con un plan de apoderarse de la alcaldía de Londres. En España, se le pudo ver hace poco animando la campaña de una famosa ginebra. Sin embargo, era demasiado brillante para confundirle con un perdedor. Su capacidad para evocar anécdotas, reivindicar su protagonismo y señalar tendencias le convertía en un entrañable pieza de Historia cultural.

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La luna del Bernabéu

La luna del Bernabéu

Rita Hayworth (Elsa Banister en La dama de Shanghai, 1947) le recuerda a un atolondrado Orson Welles (Michael O´Hara en la película) que «en Shanghai se necesita más que suerte». Lo mismo podría repetirle hoy al Madrid de Pellegrini frente al partido de esta noche. Es cierto, se necesita más que suerte para salir por la puerta grande. Porque en este milenario partido no hay puertas pequeñas, ni medias tintas. Es el regreso de la épica. Si la épica de los cantares de gesta pasó al western cinematográfico, y de los filmes del viejo oeste americano a las galaxias intergalácticas, ahora la épica se conjuga con el verbo que describe un partido de fútbol. Ambos, el fútbol y la épica, comparten las reglas, los héroes y los villanos, la gloria y la miseria, el honor y el destierro, la memoria y el olvido, el cielo y el infierno. Dos héroes épicos se enfrentan esta noche en el Bernabéu: las banderas, los himnos, las escuadras, los vítores jalean el espectáculo. El Madrid y el Barça son intercambiables en su posición. Son como las dos caras de una hoja de papel. Imposible separar sus destinos sin romperla. Cumplen la máxima machadiana: «Busca tu contrario que es tu complementario». Un sutil y antiguo refrán chino advierte: «Cuando el dedo señala a la luna, el imbécil mira el dedo». ¿Para qué hablar de estrategias? Esta noche en el Bernabéu habrá que mirar a la luna que, por cierto, es blanca.

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La luna del Bernabéu

El clasico

El clasico

EL fútbol es lo más importante… de las cosas que no son importantes. La frase se la oí una vez a Jorge Valdano, aunque ignoro si es suya o la birló a su vez con ese fino oído que tiene, tan argentino, para las citas precisas en los momentos exactos. Lo cierto es que es así. El fútbol no nos soluciona la vida, ni nos arregla el país, ni nos protege de la crisis, ni nos mejora la salud; el fútbol es menos importante que la política, que la economía, que la ciencia, que la filosofía o que la técnica. Y sin embargo nos hace felices porque tiene la intensidad de las grandes pasiones, y como dice un personaje de una película de Juan José Campanella -otro argentino brillante y talentoso-, se puede cambiar de nación, de pareja, de trabajo y hasta de dios, pero no se puede cambiar de pasión.

Por eso el partido de hoy, el clásico -vaya, otro argentinismo; es imposible hablar de fútbol sin argentinizarse un poco, y más estando de por medio Messi-, el choque entre Real Madrid y Barcelona no va a transformar nada ni a resultar socialmente decisivo, y hasta puede que ni siquiera resuelva la Liga, pero durante un par de horas va a ser el eje transversal de la vida de un país atribulado. Lo verán el juez Garzón y el juez Varela, Zapatero y Rajoy, Aguirre y Gallardón (por una vez ambos de parte del mismo equipo), y hasta puede que en la cárcel se lo dejen mirar a los corruptos de la trama Gürtel. Y lo verán millones de personas en España y en el mundo entero: será el verdadero acontecimiento planetario del semestre -a Leire Pajín la he visto alguna vez en el palco del Bernabéu- y tiene en efecto la expectativa de una colisión de galaxias aunque en él no se dirima otra cosa que la hegemonía provisional de un cosmos vertiginoso en el que las estrellas sólo brillan el minuto-luz que dura la euforia de sus goles.

Esta noche, entre las diez y las doce, el partido será sólo de los jugadores pero antes y después es la metáfora de un choque cultural, corporativo, empresarial y hasta político; incluso, desde la perspectiva catalana, identitario. La paradoja del momento consiste en que la escuadra más sólida representa a un club convulso cuyo presidente vive instalado en un ensueño político, mientras el rival es una institución estable que no puede transmitir estabilidad a su equipo. Laporta delira con un futuro de prócer público en tanto Guardiola blinda y agranda una leyenda deportiva, y Florentino es capaz de lograr que el Gobierno legisle a favor de sus intereses industriales pero todo su esfuerzo invasivo no tiene el poder de enderezar la puntería de Higuaín o de Cristiano. Los códigos secretos del fútbol son impermeables, herméticos, estancos a toda su gigantesca potencia de agitación social. No tienen lógica, son aleatorios, aventurados e imprevisibles. Pero nos atrapan, nos seducen y nos devoran; puede que ni siquiera racionalmente nos importen, pero no hay forma de eludir la devastadora pasión sentimental con que pueden llegar a cautivarnos.

Ignacio Camacho/abc.es


Facebook avisará de las amistades que no te convienen

LOS INDESEABLES Y LOS JETAS SERÁN AISLADOS

Publicado el 9 de Abril de 2010 por Kike García

Facebook avisará de las amistades que no te convienenLa popular red social, que esta semana se ha convertido en la web más visitada de Internet, acaba de implementar un módulo que detectará aquellos contactos perjudiciales para el usuario y avisará a éste para que deje de ser su amigo si así lo desea. “Nadie conoce a nuestros usuarios mejor que nosotros, así que detectamos aquellos amigos que pueden hacerte daño mejor que tú mismo. Hacemos lo posible para que te des cuenta de que aquella amiga sólo te llama para que la ayudes a ir de compras y retratamos al típico jeta que lo único que quiere es que le presentes a tu hermana” explica Mark Zuckerberg, fundador de Facebook.

Facebook avisará de las amistades que no te convienenEl filtro que ha instalado Facebook -y que ha supuesto una inversión de millones de dólares para programar “detectores de personalidad y malos rollos”- estará disponible a partir de mayo, aunque ya se está probando en algunos usuarios. Éstos han empezado a recibir comentarios y valoraciones cuando han querido agregar a un nuevo amigo o cuando han visitado el perfil de alguno que ya tenían. Se trata de mensajes como “Cuidado con esa chica, no es trigo limpio”, “¿Por qué no te buscas a alguien de tu edad?” o bien “Este es de los que sólo llaman cuando tienen problemas pero si es al revés todo son excusas, y si no al tiempo”.

Son muchos quienes afirman sentirse más seguros ahora que saben que una aplicación informática tutela sus relaciones. “Yo soy de personalidad débil y nunca sé decir que no, así que la web vigila que no me haga amiga de nadie que me mangonee o me diga lo que tengo que hacer. Ya he roto con casi 10 amigas mías porque Facebook me lo ha dicho”, explica una joven. “Por ejemplo, siempre había sospechado de mi hermana y ahora he confirmado mis temores. Se ha hecho de esto del Facebook y cuando me la he ido a agregar como amiga me ha salido un mensaje que decía ‘Cuidado con la lagarta de tu hermana’, así que ya no le hablo”.

Aunque este nuevo módulo no se ideó inicialmente para proteger a los niños, lo cierto es que aporta tranquilidad a muchos padres, que saben que sus retoños son proclives a hacerse amigos de los más “chulitos” de la clase. “Yo no sabía que mi hijo tenía amistad con gente maliciosa e indeseable, pero sí notaba que cada vez se comportaba peor. Me metí en Facebook y vi que se había hecho amigo de lo peorcito del colegio”, explica una madre. “A partir de ahora estaré más tranquila. Y, francamente, no sólo por mis hijos, sino por mí misma. Esta tarde intentaré agregarme a Zapatero, a ver si es de fiar”.

El plastico y el mar

No, no es el título de alguna novela de Hemingway, el plástico y el mar es una unión que no puede acabar bien…

Este 2010 ha sido declarado año internacional de la biodiversidad aunque parece que está pasando mucho más desapercibido de lo debiera.

A las muchas ideas y proyectos sobre medio ambiente
y ecología que se están realizando hoy me gustaría unir una más… una idea concretada en 11 cortos realizados y ofrecidos online en la web de Future States.

El plastico y el mar

Plastic Bag es un corto de 18 minutos dirigido por el director americano Ramin Bahrani, que inauguró la sesión de cortos del mismísimo festival de Venecia y que cuenta con la colaboración especial de uno de los mas importantes divulgadores y documentalistas que existen en la actualidad, Werner Herzog que regala su magnífica voz y da vida al trayecto de una bolsa, desde tu casa hasta el océano.

Un problema del que aún no hemos visto las peores consecuencias y que año tras año, solo se hace más grande… Recuerdo el artículo que La Información le dedicó a la “isla de plástico” en medio del pacífico y tan sólo puedo pensar en que, lejos de solucionarse, va a ir a peor…

En Future States podéis encontrar los 11 mini-documentales

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El «por supuesto» del Rey

El «por supuesto» del Rey
Aquien tenga memoria gramatical de España y amor por las libertades, la locución adverbial «por supuesto» le traerá muy malos recuerdos. Horrorosos. Una mala tarde la tiene cualquiera y España la sufrió aquel 23 de febrero que quedó etiquetado quedado para la Historia con el mote del 23-F, lagarto, lagarto. Yo aún recuerdo con horror cuando en la Redacción de ABC de Sevilla pusimos Radio Nacional de España y en la vieja Telefunken empezó a sonar la marcha de «Los voluntarios». Ahora puedo hacer la broma de decir que algunos nos asomamos a las ventanas para ver si habían llegado ya camiones con los moros de Queipo de Llano, pero para guasitas estaba la tarde… Tan hasta las mismísimas trancas te ponía aquella marcha que ni te acordabas de la canción de Georges Brassens sobre la música militar.
Y tras los ya tristemente históricos «todos al suelo» y «se sienten, coño», vino esa locución adverbial que ponía las cosas más negras todavía, cuando a los secuestrados diputados del Congreso les anunciaron que se esperaba la llegada de «una autoridad, militar por supuesto». Lo peor era el «por supuesto». Desde aquel instante muchos le cogimos tirria al dichoso «por supuesto», porque esa locución adverbial fue de hecho el derrocamiento de la soberanía nacional representada por las Cortes. Los diputados mandaban menos que el cabo de los municipales de Santiponce, por supuesto, y se esperaba a la verdadera autoridad de los golpistas, que era militar, por supuesto. Y nosotros por supuesto que estábamos hasta las mismísimas trancas. Para más jindama, Carlos Cano me llamó desde Granada, diciéndome que cogía el coche y se venía a Sevilla para refugiarse en casa, que a él no le pasaba como a García Lorca, por supuesto.
Y el mismo Rey Don Juan Carlos que nos quitó la jindama a los golpistas y sus paredones de aquella tarde, cuando ya a la noche salió por Televisión Española con su uniforme de capitán general tras poner firmes a los espadones, nos ha reconciliado ahora con el mal recuerdo que teníamos del «por supuesto» dichoso. Como hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ha entregado en el mismísimo albero de la plaza del Arenal (sí, el de Pepe Luis y el de Curro Romero, el de la muerte de Montoliú y de Soto Vargas), los premios taurinos y universitarios que anualmente concede el Real Cuerpo. Como dicen los tertulianos en otra locución adverbial de nuevo cuño, «con la que está cayendo». La verdad que el discurso del Rey me defraudó una mijita, para qué nos vamos a engañar. Yo le he escuchado en semejantes ocasiones anteriores al Rey, como ha recordado aquí Andrés Amorós, hablar de la cabaña brava como preservadora del medio ambiente y de la Fiesta Nacional como Bella Arte, así como por la afición a Curro, al Betis y a los toros que tenía su augusta madre, la Condesa de Barcelona. Aquel discurso del Rey de hace unos años que evoco podía haberlo pronunciado perfectamente un defensor de la Fiesta ante la comisió abolicionista de los separatistas catalanes. Esta vez no fue tan directo.
Pero como estaba en la plaza de Sevilla, donde el arte entra por la planta de los pies, pegó una media verónica que valió por todo un discurso. Una media verónica de Pepe Luis. Una media verónica de Curro. De las que por sí solas valen las dos orejas. Preguntado si su presencia en la plaza y en su Maestranza era un apoyo a la Fiesta Nacional, dijo: «Por supuesto». Borboneando, respondió con esas solas dos palabras que, ya digo, nos reconciliaron con la locución adverbial del lagarto, lagarto: «Por supuesto». Con estas solas dos palabras, al Rey el valor no se le supone precisamente. Hay que tener valor para decir ese «por supuesto» en esta España más amenazada en su identidad nacional que los linces de Doñana. El «por supuesto» del Rey nos da muchos ánimos a los que odiamos toda dictadura. Hasta la dictadura de los nacionalismos y de lo políticamente correcto, por supuesto.
Antonio Burgos/abc.es