Marionetas

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Cualquier pensamiento, sentimiento, palabra o acción que realiza una persona viene precedido por un impulso eléctrico de las neuronas. Entre ese impulso y su manifestación exterior existe una fracción de tiempo que, por mínima que sea, es suficiente para que el resto de nuestro cuerpo se comporte como una marioneta. Robot es una palabra checa que significa esclavo. En el cerebro se agita el hilo adecuado e inmediatamente después uno piensa, siente, desea, habla, abre los ojos, cierra la boca, mueve las extremidades mecánicamente de forma articulada. Aunque el cerebro de cada individuo dirige su robot con una aparente libertad de movimientos, puede que en realidad no sea así, puesto que todos los cerebros humanos están de algún modo conectados a una sola red. La humanidad contemplada de forma unitaria consiste en una cantidad de miles de millones de muñecos colgados de esa red que bailan al mismo son sin salirse del pentagrama. Cualquier cosa que pienses, desees o hagas, en ese momento lo está pensando, deseando o realizando un número incalculable de seres con gestos semejantes accionados por un mismo impulso universal. Cualquier crimen que uno imagine, lo está cometiendo alguien en ese instante en algún lugar del planeta. Cualquier acto de heroísmo, de amor o de locura, por muy extraño que sea, lo está llevando a cabo una legión de gente al mismo tiempo. Este baile convulso de marionetas va desfilando hacia la muerte sin detenerse nunca. Se puede imaginar que el desfile lo abren los científicos y lo cierran los poetas. Los científicos tratan de vislumbrar en la oscuridad, que se extiende por delante, leves e inciertas esperanzas de felicidad. Por su parte, los poetas se alimentan del detritus que la humanidad va dejando atrás y tratan de transformar en belleza el estiércol de los sueños nunca realizados y también de todos los crímenes que han sido capaces de cometer las marionetas. Los esclavos nunca dejan de bailar ciegamente, camino del acantilado, bajo el látigo de clérigos fanáticos, de conductores mesiánicos del pueblo e incluso de simpáticos vendedores de peines. Nadie conoce el germen de ese impulso universal que mueve los hilos, pero sin la robótica no se entiende la libertad.

Manuel Vicent/elpais.es

El estigma o el desempleo

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TE DESDIBUJAS. Poco a poco. Te despides de ti y de los demás. Como si no estuvieras. Incapaz de definirte fuera de las fronteras entre las que te has movido hasta hoy. Ya no eres tú. Eres otro más triste, introvertido, incapaz de defenderse, de defenderte, de reírse a carcajadas, de respirar hondo, de hacer planes, de pensar en otra cosa, de valorar lo que tiene. Incapaz, en general. Porque no es que el trabajo dignifique, es que te sitúa en un rincón del mundo que reconoces como tuyo, donde eres, entre otras cosas, menos vulnerable. Tienes 50 años, y sales caro. Porque hay otros 100 con tu misma cualificación, sin experiencia y con muchas ganas, que cuestan la mitad. Por eso te vas, porque todo tu esfuerzo, tu entrega, las miles de horas extra, forman ya parte de un pasado que no interesa a nada ni a nadie. Ahora, menos es más.

Cada uno de esos desempleados se ha enamorado alguna vez. Tiene nombre, apellidos, más o menos recuerdos, y algún sueño guardado en la cartera. El trabajo refuerza la estabilidad emocional y paga las facturas. Sin él, casi todo se tambalea. La angustia y la ansiedad aparecen incluso antes de su ausencia. Porque un hombre desocupado lleva un estigma muy amargo en una sociedad hiperactiva, que se avergüenza del silencio, que vulnera sin justificaciones el ritmo del tiempo, que necesita correr siempre por delante de él. Un contexto que empuja a los ancianos porque entorpecen nuestra supuesta lucidez. Que se ríe impunemente de cualquier cosa. ¿De qué se ríen ustedes, señoras y señores, en el Congreso, ante los medios de comunicación, entre sus comisiones y sus pugnas sobre crucifijos y corrupción? ¿De qué se ríen? Controlen su sonrisa si no quieren herir a quien llora de rabia y no encuentra su respuesta por ningún lado. Rían en sus casas. Porque la risa pública puede clavarse en las entrañas de quien pierde su única vivienda, de quien cierra su empresa, de quien padece la impotencia de su propio fracaso, de quien no sabe cómo explicarle a sus hijos que esta Navidad, no habrá regalos. Disimulen. Que hay tiempo para todo. Guarden el entusiasmo para la intimidad, antes de que sea demasiado tarde.

La vida de nadie, o aquella película de Eduard Cortés basada en un caso real, la historia de un hombre que durante años mintió a su familia: inventó un trabajo que no existía, una ocupación falsa que le definía, ante el terror a decepcionar. Se descubrió el engaño y no lo pudo soportar. Mató a su mujer y a sus hijos.

Cayetana Guillen/elmundo.es

Leyenda negra: F.I.F.A.

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La omnipotencia de Jean Marie Justin de Godefroid H. es tan rigurosa, que las pálidas manos de Blatter tiemblan; su poder se volvió indeterminado en nombre del futbol. Eran tiempos de Guerra Fría, constantes cambios sociales y el comunismo fermentándose. Sólo un organismo mundial sin ataduras ideológicas visibles, garantizaba adhesión popular y al mismo tiempo, funcionaba como pulcro mecanismo de influencia política. El futbol dejó de ser un pasatiempo, se volvió un régimen invisible. Oportuno en momentos críticos, regularmente en África y América Latina. No así en Europa, donde el futbol parece independiente a cualquier compromiso de Estado.

Jean Marie Justin de Godefroid H; practicante del cristianismo muscular, corriente comercialmente conocida como Fair Play, basó su doctrina en la estricta vigilancia de las normas de conducta morales y deportivas, que tanto acicalan los gobiernos de “facto”. Pronto, los caudillos más rancios del tercer mundo encontraron en Jean Marie, dueño del futbol, a un adecuado militante. Distinguido por la dictadura de Videla en Argentina y Abacha en Nigeria, vinculado con la venta de armamento y miembro del servicio secreto de su país. Le colgaron todo tipo de condecoraciones masónicas como La Orden de Vasa o la Cruz de Isabel La Católica.

Es irónico que Sudáfrica sea tan querida por FIFA, porque la leyenda negra dice que Jean Marie tenía negocios con el racista de Pieter Botha, primer ministro sudafricano en época del Apartheid. La idea de FIFA como organismo fascista no me sonroja. El legado lo recibe Blatter, brazo derecho de Jean Marie Justin de Godofreid H; ése es su verdadero nombre. Tú lo conoces como Joao Havelange.

¿Todavía crees que existe un lugar llamado FIFA?

Jose Ramon F. Gutierrez/milenio diario

El crucifijo

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Los historiadores desmintieron que Juliano el Apóstata, el primero que prohibió el crucifijo en las escuelas, al ser herido con una jabalina, lanzó al cielo la sangre y dijo: «Venciste Galileo». Sin embargo, está verificado que Stalin, ex seminarista, que había preguntado con sarcasmo que cuántas divisiones tenía el Vaticano, después de pisotear los iconos, recibió al patriarca Sergio y reconoció: «No ha sido posible». Así que ningún ateo se marque faroles, aunque tampoco sea verdad aquello que nos contaban en la doctrina, que Voltaire, cuando agonizaba se comía su propia mierda y gritaba llamando a la gracia divina.

Ahora no es Azaña, con verruga y plomada, sino Joan Sardá, león rugiente, sonámbulo errante, el que ha visto la luz de los ateos en un autobús de Barcelona, entre las limousines donde iban las esposas y las mamás de los ladrones del tempo. Leyó: «El hombre ha creado a Dios a partir del miedo». El Satán separatista vino a Madrid con sus letanías, y convenció a la logia de Zapatero de que se votara a favor de la retirada del crucifijo de las escuelas.

En el 31, Azaña dijo que España había dejado de ser católica; unos años después los obispos ganaron la Cruzada. Ahora no han ido en plan comecuras, sino que se ha acatado una sentencia europea que dice que el crucifijo en la escuela pública supone una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y va contra la libertad de religión de los alumnos.

Hay que entender a los laicos. Para ellos el crucifijo simboliza el intento de implantar lo ilógico en las mentes de los niños, o meterles en la mollera cosas que no se justifican por la razón, como que la Tierra es plana, que los palos se convierten en serpientes, que la comida cae del cielo o que la gente puede caminar sobre las aguas. Escribió Robert G. Ingersoll: «Si un hombre quisiera seguir las enseñanzas del Viejo Testamento, sería un criminal». Bien está que pidan tolerancia los que en otro tiempo ordenaban a la Santa Inquisición que vigilara que las habitaciones tuvieran cerrojo por fuera y nada por dentro, para vigilar si se comía carne en los días de vigilia, es decir, las personas se comían unas a otras.

Se expulsó varias veces a los jesuitas, se calcinaron las iglesias y España no dejó de ser católica. Los españoles no estaban seguros de ser católicos, pero estaban completamente seguros de no ser mahometanos. La religión es, queramos o no, nuestra forma de razonar; según Navarro Valls, el cardenal de paisano, el humus de Occidente, también el culto a la llaga y el amor a los huesos de los muertos.

Además, los laicos españoles son unamunianos, en el sentido de que saben que Dios no les niega el consuelo del engaño.

Raul del Pozo/elmundo.es

Como ahora

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Cuando los ordenadores sean tan pequeños que se puedan implantar detrás de una ceja, nos conectaremos a Internet en cualquier momento del día o de la noche y sin que nadie de los que nos rodean se dé cuenta. Así, estaremos en el sofá del salón, viendo aparentemente la tele, pero nuestro cerebro estará jugando con Google Earth, buscando quizá el barrio de una amante, localizando su casa, haciendo un zoom sobre su azotea o sobre la ventana de su dormitorio. Podrá uno ir en el autobús al tiempo que entra y sale de las páginas web preferidas u odiadas o lee la Wikipedia por orden alfabético. Bastará un ligero movimiento de la ceja, quizá un pensamiento, para navegar por la Red, pues la Red estará entonces dentro de nuestra cabeza. Parpadearemos y saldremos de una carpeta o de un archivo para meternos en otro sin que a nadie le sea posible revisar nuestro historial ni nuestros correos electrónicos ni nuestras direcciones digitales favoritas.

A lo mejor estará uno junto a su esposa, atendiendo aparentemente al telediario, pero sus neuronas permanecerán enganchadas a una página pornográfica en la que una chica está desnudándose para meterse en la ducha. Y será imposible saber en dónde se encuentra cada uno en realidad. El carnicero te dirá buenos días, buenas tardes o en qué puedo ayudarle, mientras por el interior de su cráneo desfilan imágenes que no podemos ni sospechar. En esa situación, el marido, excitado por lo que tiene dentro de la cabeza, pondrá la mano sobre el muslo de la esposa, excitada por lo que tiene dentro de la suya, pues los dos se habrán conectado a Internet mientras fingían escuchar a Ana Blanco, y así, cada uno con su página web preferida dentro de la bóveda craneal, se arrancarán la ropa y se revolcarán en el sofá y consumarán una cópula inesperada. O sea, todo exactamente.
Juan Jose Millas/elpais.com

¿Cuanto vale apretar un tornillo?

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Algunas veces es un error juzgar el valor de una actividad simplemente por el tiempo que toma realizarla.

Un buen ejemplo es el caso del ingeniero que fue llamado a arreglar una computadora muy grande y extremadamente compleja… una computadora que valía 12 millones de dólares.

Sentado frente a la pantalla, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la computadora y comprobó que estaba trabajando perfectamente.

El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto.

– ¿Cuánto le debo? – preguntó.

– Son mil dólares.

– ¿ ¡ Mil dólares ! ? ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo? ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito? ¡ Ya sé que mi computadora cuesta 12 millones de dólares, pero mil dólares es una cantidad disparatada! Le pagaré sólo si me manda una factura perfectamente detallada que la justifique. El ingeniero asintió con la cabeza y se fue.

A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto, sin chistar.

La factura decía:

Servicios prestados:

Apretar un tornillo……………………… 1 dólar

Saber qué tornillo apretar…………… 999 dólares.

RECUERDA: “SE GANA POR LO QUE SE SABE, NO POR LO QUE SE HACE”

Chiste

RISAS ANIMADASUn tipo está en la fila de la caja de un
OXXO, cuando una rubia
escultural lo saluda agitando la mano,
y le lanza una de aquellas sonrisas estremecedoras…

El tipo mira hacia los lados, hasta que se convence que es con él..
Decidido, deja la fila y se acerca a la bella mujer, y suavemente le dice:
Disculpe
hermosa mujer… ¿será que nos conocemos?

Ella le responde con una sonrisa encantadora:
Pues
… tal vez yo esté equivocada, pero

me parece que usted es el padre de uno de mis niños!!!

El tipo se queda boquiabierto, mientras su memoria trabaja a una pinche velocidad en infinitum, intentando recordar los detalles de la UNICA vez que le fue infiel a su esposa.

Extrañado le
dice:
Ohh
…!!! no me diga que usted es aquella stripper que en la

despedida de soltero de mi amigo, que me eché encima de la mesa de
billar, en medio de aquella tremenda orgía, completamente borracho,
mientras una de sus amigas me flagelaba jalándome los huevos y
pasandome un pepino por las nalgas…!?!

Bueno… no exactamente caballero!!!Responde ella, visiblemente avergonzada:


Yo soy la nueva maestra de kinder de su hijo