Conversaciones con Dios – III –

FERNANDO SAVATER

III SANTIFICARÁS EL DÍA DEL SEÑOR

Fernando Savater

“Santificar las fiestas”… pues muchas gracias. ¡Por fin un mandamiento en el que se ordena algo agradable! Es el único caso de tu lista de prohibiciones en la que se recomienda algo divertido: un día de descanso, de fiesta y de satisfacción.

De cualquier manera, tampoco es tanto, es sólo un beneficio sobre diez obligaciones. Pero, la verdad, es mejor esto a no tener ninguno. No… no creas que nosotros no te lo agradecemos. Quizá no tanto como tú quisieras, pero reconoce que siempre eres un poco exagerado, ya sea para ordenarnos como para pedir agradecimientos.

Sí… también sé que siempre generamos la discordia y no nos ponemos de acuerdo cerca de cuál es el día que propusiste para el descanso. Los musulmanes consideran el viernes, los judíos insisten con el sábado y los cristianos prefieren el domingo. Supongo que además habrá otras religiones que tendrán sus propios días, que no son ni viernes ni sábado ni domingo.

Pero debes reconocer que es muy difícil cumplir este mandato porque, es definitiva, mientras hay alguien descansando otros tienen que trabajar. Además, en este mundo sucedió algo que ni tú ni moisés imaginasteis en su momento, y es que a muchos hombres les iba a ser imposible tener un día de descanso, porque lo que no tendrían sería trabajo. Entonces, ¿descansar de qué?

El problema de millones de seres humanos en continentes enteros es que están en el paro. Son desocupados y ni se les ocurre pensar en los beneficios del tercer mandamiento porque lo que más anhelan es tener algo que hacer. Querrían poder cansarse trabajando, obtener beneficios para luego poder disfrutarlos. Descansan a la fuerza y, aunque no lo parezca, se trata de una situación que no es nada placentera.

Así pues, muchísima gente ha cambiado su relación con el trabajo y con el ocio. Aunque, entre tú y yo, podrías haber sido más amable y haber puesto en la semana seis días de descanso y sólo uno para ganar el pan con el sudor de nuestra frente. De esta manera se habría repartido más el trabajo y es probable que todo el mundo tuviese ocupación. Sí, ya sé que no eres una agencia de empleo. Comprendo que estabas iniciando el mundo y no podías tener todo en la cabeza, con lo que algunas cosas se te pasaron. Pero si tú no has podido con todo, ¡imagina lo difícil que es para nosotros, que sólo somos seres de carne y hueso!

DESCANSAR CUANDO SE PODÍA

“Recordar el día sábado para mantenerlo santo, trabajarás seis días y en ellos harás todo tu trabajo, pero el séptimo día es un día consagrado a Yahvé, tu Dios. En él no harás ningún trabajo, ni tu hijo o tu hija, ni el criado y la sirvienta, tu ganado o el viajero que esté en tu morada, porque en seis días Yahvé hizo l cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos y descansó e séptimo día. Por eso Yahvé bendijo el día sábado y lo consagró.”

La idea de un día para santificar y que sea una fiesta ritual para ofrendar el Señor está ligada al concepto de semana. Para los griegos y los romanos cada uno de los días estaban dedicados a un dios determinado.

Además, como señala Luis de Sebastián, si las personas trabajan de sol a sol todos los días del año, ¿cómo iban a dedicar tiempo al culto? “Y si no tenían tiempo para el culto y la religión, ¿cómo iban a ponerse bajo el influjo de los líderes religiosos del pueblo para ser dirigidos por ellos? ¿Cómo iban a dar sentido, poder social y consistencia económica al aparato religioso del templo, las sinagogas y los funcionarios? La institución del sábado, del día sagrado en que no se trabaja, es la forma histórica de reserva de tiempo de la vida humana para la religión y hacerla así socialmente relevante.”

Una jornada para un Dios, fuera del mundo del trabajo, quedó unida a la rutina en las ciudades, la de los comerciantes, y la de aquellas personas que abandonaron el campo. Los campesinos nunca han trabajado, ni en el pasado ni hoy, dividiendo su tiempo en semanas, sino según las estaciones y las épocas del año. Tenían que sembrar en un momento y cosechar en otro y no podían atenerse al pequeño período de siete días.

Esta rotación abstracta de una semana no tiene nada que ver con el sol, la lluvia o el viento, pues está relacionada con la forma de acotar el tiempo en la ciudad. El día de descanso es una censura en ese ininterrumpido camino de las semanas laborales, que apareció cuando los seres humanos dejaron de lado los trabajos más ligados a los ciclos de la naturaleza. Entonces se inventó ese mini ciclo perpetuo, al margen del calendario solar, que es la semana laboral tal y como hoy la conocemos. Por lo tanto, el día de descanso es una convención que sortea la naturaleza, en el que nada tiene que ver el sol ni las estrellas, ni las siembras ni las cosechas.

El catedrático José María Blázquez (1) explica que “en el mundo judío había cinco grandes fiestas, planificadas en función de la agricultura, que al parecer estaban copiadas de los cananeos y los fenicios. Estas grandes fiestas, como la de los Tabernáculos, las Pascuas, etcétera, eran de carácter obligatorio y generaban una interrupción en el trabajo, porque la gente debía desplazarse hasta Jerusalén, que era el centro de celebración”.

Los cristianos cambiaron el día a santificar, que en su religión pasó a ser el domingo. ¿Por qué el domingo y no el sábado? Porque desde el primer día se celebro la resurrección de Cristo.

“Esto fue así –explica el padre Busso- porque a la semana misma de la resurrección de Cristo, el domingo, los apóstoles se reunieron para celebrar el milagro. Pero por otro lado, qué importa el día. Uno llega a Jerusalén los viernes y están los musulmanes, el sábado los hebreos y el domingo los cristianos. Lo importante es que la religión tenga la unión concreta del hombre con Dios y se manifieste en un acto de culto, más allá del día elegido, aunque para los cristianos sigue siendo el domingo el día de santificación.”

TRABAJAR, PERO NO MORIR EN EL INTENTO

Un amigo mío solía repetir que la prueba más contundente de que el trabajo no es bueno, sino todo lo contrario, es que te pagan por hacerlo. No hay que olvidar, especialmente cuando hablamos de vivir para trabajar, que lo importante es sólo trabajar para vivir, y no sacrificar la vida al trabajo. No es casual que la palabra “trabajo” venga de tripalium, que era un instrumento de tortura.

En realidad, la idea de dedicar un día a Dios fue una excusa magnífica, ya que no se podía cocinar, trabajar, ni encender fuego, etc. Lo único posible era permanecer en un estado de pasividad. Además, este mandamiento ponía paños fríos sobre la histórica maldición bíblica a Adán y Eva, cuando fueron expulsados del Paraíso, y que dejó a la humanidad sin más opción que trabajar y trabajar para ganar el pan con el sudor de su frente. La maldición fue terrible: “Por haber escuchado l a voz de tu mujer y por haber comido del árbol del que se te dijo: “No comerás de él”, ¡maldita es la tierra de tu causa! Con esfuerzo comerás de ella todos los días de tu vida, la cual producirá ortigas y cardos y tú comerás los frutos del campo. Con el sudor de tu frente comerás pan hasta que vuelvas a la tierra de donde fuiste sacado. Eres polvo y al polvo regresarás”. El judaísmo asoció desde un principio la idea del descanso al Génesis, a la creación del mundo. “Dios creó el mundo durante seis días y el séptimo descansó.”

“El hombre no puede estar constantemente creando –dice en su contemporánea explicación el rabino Isaac Sacca- porque eso genera estrés. Tienen que existir momentos para el relax. Basta de crear. Hay que mirarse a sí mismo para reflexionar, analizar y descansar espiritualmente. Existen treinta y nueve trabajos básicos creativos y sus derivados que están prohibidos el séptimo día, que es un regalo de Dios al hombre para que éste lo disfrute.”

LA ESCLAVITUD FUE UN AVANCE

La esclavitud es uno de los males más terribles que ha padecido la humanidad durante siglos. Pero a riesgo de ser considerado un hombre de las cavernas, les aseguro que ser esclavo tenía su lado bueno, y con todo, fue uno de los grandes avances de la civilización.

En el fondo de los tiempos, los pueblos guerreaban entre sí y el destino de los adversarios derrotados no era otro que el de la muerte. No existía piedad para el vencido, ni para su familia. El triunfador masacraba a hombres, mujeres, niños y ancianos.

Cuando los pueblos comenzaron a necesitar mano de obra para cubrir sus requerimientos de agricultura, ganadería y construcciones, entendieron que era mucho más útil esclavizar a los sojuzgados que matarlos, con lo que además les daban una posición de supervivencia.

Ese esclavo conquistado y sometido por la fuerza se convertía en parte de la sociedad a la que se integraba, aunque careciera de todos los derechos que poseían sus amos. Poco a poco, a lo largo de los siglos esos trabajadores fueron ganando reconocimiento y dignidad, de tal modo que el trabajo pasó de ser una obligación atroz a ser un derecho exigible y necesario, rodeado de garantías. Esta historia de la evolución de las fuerzas laborales está inmersa en el desarrollo de la civilización.

Pero el trabajo no siempre ha sido un valor tan bien visto. En el pasado era identificado con las clases bajas, una maldición a la que estaban obligados los pobres. Los valores imperantes eran los aristocráticos: la guerra, la caza, el baile, el mando. Las personas que vivían de forma deseable no trabajaban y se enorgullecían de no hacerlo. Las mujeres debían tener sus manos finas y tersas, no encallecidas por las tareas diarias. Sus rostros debían ser blancos, lo que las diferenciaba de las miserables campesina que se exponían todos los días al sol.

A partir del siglo XIII las cosas empezaron a cambiar, con el ascenso de la burguesía, se comenzó a tener en cuenta la importancia de que un a persona fuera trabajadora, responsable y que pudiera levantar una empresa con su esfuerzo.

Al llegar el siglo XIX estos conceptos se impusieron de forma definitiva, Como contraposición, a fines del siglo pasado hubo una nueva revaloración del ocio, del que todos intentamos aprovechar para volver a ser, por los menos un poco, aquellos aristócratas que dejamos en el pasado.

El dinero, que a veces es producto del trabajo y otras no, creó nuevas jerarquías. Por lo tanto, lo que tengas en tu cuenta bancaria tiene más importancia que la herencia de sangre. La habilidad comercial reemplaza al conocimiento en el manejo de las armas, aunque éstas sean utilizadas muchas veces para defender los intereses económicos.

Van surgiendo nuevas servidumbres que Yahvé no tuvo en cuenta como legislador. Siempre me hago la misma pregunta: ¿ha merecido la pena este proceso modernizador que nos llevó a ser propietarios? También respondo con otra pregunta: ¿tiene sentido ahora calificar ese proceso, que no veo cómo se podría cambiar?

Sin embargo, no toda la humanidad es igual. Los pueblos considerados incivilizados trabajan muy pocas horas al día y no necesitan de muchos objetos para vivir. Tampoco se preocupan por las posibles dificultades que pueda acarrear el futuro. Lo que sí tienen, y de sobra, es tiempo libre, que utilizan para divertirse o sencillamente para no hacer nada. Los especialistas en temas económicos insisten en que esta gente vive en la escasez. Lo que no entienden los economistas es que son millonarios en ocio, uno de los bienes más preciados en estos días. A propósito de los economistas, en el siglo XIX el escritor escocés Thomas Carlyle se refería a ellos como “respetables profesores de una ciencia lúgubre”. Y no hay que pensar mucho para llegar a la conclusión de que en la médula misma de la economía está lo más lúgubre de la ciencia lúgubre: el trabajo.

El problema más acuciante es el ocio,
pues es muy dudoso
que el hombre se aguante a sí mismo
NACHO DUATO

Vivimos en una época en la cual el ocio es más cansado que el trabajo. Por ejemplo, la gente siempre vuelve agotada de las vacaciones, y sería conveniente inventar una forma que permita descansar del descanso.

Nuestro tiempo es de la “Revolución del ocio”, que se convierte en un ideal y en un destino para la mayoría de las personas. Aunque parezca una contrasentido, el ocio es hoy un tiempo ligado íntimamente a la producción. Es el momento del gasto. Se trabaja con intensidad para acumular dinero que luego será gastado durante las vacaciones, la segunda residencia de recreo, las diversiones, el entretenimiento, etc.

Pero de nada sirve el dinero que uno pueda acumular para utilizarlo en los momentos de ocio, si no está enmarcado en lo cultural. Porque es la cultura la que prepara al hombre para el ocio, no sólo para la productividad y la vida laboral, sino para poder crear y recrear cosas en los momentos en los que no trabaja para otros. La cultural le permite al individuo utilizar la totalidad de sus fuerzas para gustos, sin necesidad de comprarlos.

Una persona inculta se diferencia de una culta porque debe gastas más dinero en sus momentos de ocio, porque no puede generar nada por sí mismo y necesita comprar todo fuera.

Una persona culta aprovecha los momentos de descanso para desarrollar lo que lleva dentro. Por supuesto que puede utilizar cosas externas, por ejemplo libros discos, pero es él quien pone el valor agregado en el ocio. Utiliza sus conocimientos, memoria y sensibilidad para generar algo distinto al trabajo diario.

Por estas razones se debe tener en cuenta que no solamente hay que educar para desarrollar un oficio o una profesión. También hay que educar para el ocio, y conseguir una capacidad creativa, que nos evite vivir esos momentos sólo en el despilfarro y el consumo, como hacen los prisioneros de su propia incultura.

Luis de Sebastián explica que “el tercer mandamiento supone que se trabaja para vivir decentemente y sólo manda que no se viva para trabajar exclusivamente. Además, hay que vivir para causas nobles, para los demás y para uno mismo en cuanto persona lúdica, que necesita descanso y ocio para ser más humana y para aprovechar las capacidades de disfrute con que está dotada. En ese sentido, es éste el mandamiento del ocio y del juego, de la diversión, del cultivo del deporte, de las artes y del disfrute de la vida. Y no solamente el mandamiento de ir a misa los domingos bajo la angustiosa amenaza del fuego eterno”.

También hay que reflexionar acerca de para qué queremos todo lo que conseguimos con el trabajo. Estás trabajando seis días a la semana y de pronto hay un día en que paras, miras al cielo y al infierno, y te preguntas, como haría un andaluz: “¿Y to pa qué?”. Y ese instante de reflexión es el descanso.

MODERNIDAD, DESEMPLEO Y DESEQUILIBRIOS SOCIALES

A comienzos del siglo XX, escritores de ciencia-ficción y utopistas imaginaron que íbamos hacia una civilización del ocio, en la que cada vez se trabajaría menos y habría más tiempo para el descanso, la creatividad y el juego.

Lo que ocurrió fue algo parecido, pero con un signo bastante más siniestro. En lugar de llegar a la civilización del ocio vivimos en la civilización del paro. Está compuesta por grupos de personas que trabajan mucho, horas y horas, pero sólo para defender sus puestos de trabajo, que no se los quiten. La gente renuncia, incluso, a descansos y se obligan a hacer horas extraordinarias.

Por otro lado, otros millones de personas no tienen acceso al trabajo, viven e el paro, de la asistencia pública en el mejor de los casos, porque en muchos países son sencillamente indigentes que no tienen cómo conseguir ningún tipo de ingreso.

Esta situación dispar hizo que se produjera una modificación en el significado del ocio. Hoy ha dejado de ser un tiempo de descanso. Como ya dije, es el momento del gasto, del consumo. Así, la gente se esfuerza y acumula más estrés en los momentos de ocio que en los de trabajo. Porque es en esos momentos cuando tiene que pensar en qué y cómo comprar todo aquello que le divierte o que le puede proporcionar la sensación de un estatus superior.

En esta desproporción del trabajo, unos mueren de infarto por exceso de ocupación, mientras que otros mueren de hambre o de abandono por haber perdido las posibilidades de integrarse laboralmente a la sociedad.

¿Por qué el trabajo está mal repartido y no se pueden equilibrar estas desproporciones? Lo que sucede es que hoy ya es un bien social, no sólo un camino de producción, sino un camino para incorporarse ala comunidad. La gente necesita trabajar no sólo para comer, sino para no sentirse excluida de la utilidad y el reconocimiento social.

Creo que uno de los grandes desafíos económicos, sociales y políticos del siglo XXI es alcanzar un justo reparto de la demanda laboral para evitar que se siga profundizando la enorme brecha que hay entre los países donde existe el trabajo y los otros, obligados al ocio forzoso.

Acá hay tres clases de gente,
la que se mata trabajando,
la que debería trabajar
y la que tendría que matarse.
MARIO BENEDETTI

El trabajo en la antigüedad podía ser extenuante pero, al menos, el individuo guardaba siempre la impresión de que era el dueño de aquello que estaba haciendo. Con su esfuerzo veía brotar un objeto, un producto. Algo completo y determinado que salía de sus manos.

El trabajo moderno es distinto. Tiene como característica que los trabajadores, además de fatigarse hasta la extenuación, nunca ven el producto de los que están haciendo. El obrero sólo aporta una pequeña tuerca, una mínima modificación. Luego, mucho más tarde, aparece el producto, pero más allá de los que puede ver el trabajador.

Existe entonces una sensación de automatismo en el vacío. De hacer un gesto final que el autor nunca puede ver y que tiene que componerse de otros cientos de gestos similares. Esto es lo que produce la especial angustia de la cadena de montaje y del trabajo de la modernidad, que ha sido tan bien representado por el cine.

Por supuesto que las imágenes de Tiempos modernos, de Charles Chaplin, son de gran impacto. Las filas de esclavos de Metrópolis, de Fritz Lang, también están en la memoria colectiva, y cada vez que se vuelven a ver tienen la contundencia del primer día. Allí se muestra lo que explicaba: la idea del trabajo desligado de la obra, que era lo que compensaba el esfuerzo; la robotización de las tareas. No es casual que la palabra “robot”, que inventó Karel Capek, signifique “trabajador forzado”, un símbolo del tipo de conducta que el cine muchas veces ha denunciado.

LA MÁQUINA, UN SUEÑO FRUSTRADO

Uno de los sueños más antiguos de la humanidad ha sido que las máquinas libraran a los hombres del trabajo, que fueran una especie de esclavos mecánicos que les permitieran vivir en un ocio creativo mientras ellas se encargaban de todas las labores. Existen obras de ciencia-ficción, e incluso textos sociológicos, que en su día planteaban cómo las máquinas podían terminar con esa condena humana que es el trabajo.

La realidad ha sido bien distinta. Si bien es cierto que, en algunas regiones privilegiadas del planeta, el hombre se ha librado de una serie de tareas, sin embargo, ha quedado ligado a otras. La máquina aumenta nuestras posibilidades de hacer cosas. Multiplica nuestras obligaciones y nuestro tiempo de trabajo. Además incrementa los problemas sociales, porque, al suprimir horas de tares, deja a muchos en el paro, sin que se encuentre una solución.

La máquina no ha servido para hacer un reparto racional del trabajo, sino que ha dado más obligaciones a un grupo y condenó a otros a la inactividad.

Pero las máquinas en sí mismas no pueden resolver problemas sociales, somos los hombres quienes debemos asumir el tema utilizándolas en forma racional. Tal vez una solución fuera disminuir el horario laboral sin reducir los salarios para que pudiese trabajar más gente. O tal vez se podría instituir un modo de tener actividad por períodos, alternándola con años de descanso, revelándonos unos a otros en los empleos. Y me pregunto si no ha llegado la hora de comenzar a pensar en un forma de ganarse la vida que no sea sólo mediante el trabajo. Quizá fuera necesario imponer un salario mínimo y fijo que se cobrase por la simple razón de pertenecer a un grupo social. Es la llamada “renta básica”, conocida como “ingreso mínimo universal de ciudadanía”. No sería un subsidio de desempleo ni un remedio a la menesterosidad, sino una base económica previa a las tareas laborales e independiente de la situación financiera de cada cual. A partir de este ingreso de subsistencia, cada persona podría organizar sus proyectos de trabajo, sus períodos de ocio o de empleo y las actividades no remuneradas que quisiera desempeñar.

Esta renta básica se puede imaginar de distintas maneras, moderadas o extremas, por otra parte, no puede negarse que plantea desafíos complejos, porque sería imprescindible transformar el esquema de asistencia social que rige en la actualidad y la forma en que lo Estados deberían financiar su instrumentación. El resultado más inmediato sería distribuir el trabajo de forma más equitativa, y aliviar los problemas de la desocupación, así como dignificar tareas como las de las amas de casa, imprescindibles, pero que hoy carecen de salario. Pero lo más novedoso sería convertir la actividad remunerada en un opción graduable de acuerdo con la ambiciones de cada persona, y dejar de ser, de ese modo, la tradicional maldición que impuso Yahvé a los hombres que no supieron obedecerle.

Es muy posible que esto no suene bien a los oídos de los expertos, pero yo no soy un especialista en economía. Alguien que sí lo es –el economista neoliberal Milton Friedman- fue quien ideó el proyecto de instaurar un impuesto negativo sobre la renta. Es decir, que todos paguen impuestos de acuerdo a los que perciban, pero cuando los ingresos de la persona sean mínimos que ésta cobre en lugar de pagar.

Marcos Aguinis explica que “el trabajo es una bendición, nos ordena, nos recrea y nos inspira. Hay trabajos que gustan y trabajos que disgustan, pero la falta de trabajo es muy negativa. En los países cuyo ordenamiento social y opulencia les permite que los subsidios por desempleo se extiendan en el tiempo, ya hay generaciones de desempleados, es decir padres, hijos, y en esos casos supongo que debe existir una atmósfera que humanamente me resulta difícil de comprender. De cualquier maneara prefiero decir que la humanidad necesita trabajar.

UN MANDAMIENTO AMABLE

La sociedad Yahvé-Moisés no pensó ningún mandamiento que obligase a trabajar. La necesidad de trabajar era tan elemental que no se consideró necesario incluirla entre las obligaciones de los hombres.

Este tercer mandamiento es el único que nos veda algo que no nos apetece. Se dice: no trabajéis. Algo que a nadie le amarga. Es el mandamiento más jubiloso y más fácil de seguir. Yo supongo que nadie presenta objeciones a pasar un día de descanso. La expresión es santificar las fiestas, pero quiere decir que se debe dedicar la jornada al propio yo, al propio gusto, al desarrollo de la propia personalidad y no simplemente ala productividad. De modo que estamos ante el más hedonista de los mandamientos.

Se trata de un ley que cubre una serie de aspectos que en primera instancia no se nos hubiese ocurrido: las relaciones con el trabajo, con el ocio, con el sentido mismo de la vida. En definitiva, mucho más rico y profundo que simplemente pensar en obligarnos a dejar de hacer nuestra rutina una vez por semana.


Greguerias de Ramon Gomez de la Serna

retrato

Gómez de la Serna empezó a buscar la inovación literaria tal vez antes de cualquier otro vanguardista español.  Ya mucho antes de la Primera Guerra Mundial, Gómez de la Serna estaba en contacto con el futurista Marinetti, traducía importantes textos artísticos en las páginas de su revista literaria Prometeo, dirigía una tertulia literaria (ahora famosa) en el café El Pombo y ganó fama por su comportamiento único e iconoclasta.  Llegó a ser más tarde, y para la Generación del 27 en particular, un maestro literario, un ejemplo del artista innovador.

GREGUERIAS

La mujer se limpia con un pañuelito muy chico los grandes dolores y los grandes catarros.

Al abrir un libro recién encuadernado suena como si tuviera un reuma articular.

Lo peor de los médicos es que le miran a uno como si uno no fuera uno mismo.

Los caballeros con gola llevaban la cabeza servida en un frutero.

Vivir es amanecer.

El pez más difícil de pescar el el jabón dentro del baño.

Al caer la estrella se le corre un punto a la media de la noche.  (media= stocking/hose)

Cuando el niño se empeña en que conozcamos el tamaño de su chichón parece que nos presenta orgullosamente el brote del genio.

Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido.

Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.

Lor tornillos son clavos peinados con raya en medio.

Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar.

Cuando la mujer pide ensalada de frutas para dos, perfeccionan el pecado original.

Cuando el violinista se presenta con el violín colgado de la mano es como el ginecólogo con el niño que acaba de nacer.

En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.

El Coliseo en ruinas es como una taza rota del desayuno de los siglos.

El arco iris es la cinta que se pone la Naturaleza después de haberse lavado la cabeza.

El ciego mueve su blanco bastón como tomando la temperatura de la indiferencia humana.

Aquella mujer me miró como a un taxi desocupado.

Los grandes reflectores buscan a Dios.

Las violetas son actrices retiradas en el otoño de su vida.

Los que bajan del avión parecen salir del Arca de Noé.

La felicidad consiste en ser un desgraciado que se sienta feliz.

Roncar es tomar ruidosamente sopa de sueño.

Los presos a través de la reja ven la libertad a la parrilla.

Tan impaciente estaba por tomar el taxi, que abrió las dos portezuelas y entró por los dos lados.

Los recuerdos encogen como las camisetas.

Las flores que no huelen son flores mudas.

El que toma el refresco con dos pajas parece que toca la doble flauta de Pan.

Las latas de conserva vacías quedan con la lengua de hojalata fuera.

El único recuerdo retrospectivo que le queda al día es ese ruidito que hace el despertador cuando pasa por la misma hora en que sonó la última vez.

La lechuga es toda enaguas.

Principio de primavera: un niño solo en todo el “tío vivo”.

Lo más difícil de digerir en un banquete es la pata de la mesa que nos ha tocado en suerte.

La escritura china es un cementerio de letras.

La cebra el el animal que luce por fuera su radiografía interior.

Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan.

Lo más aristocrático que tiene la botella de champaña es que no consciente que se la vuelva a poner el tapón.

La faja del nene es la primera venda de la vida.

Los cocodrilos están siempre en pleno concurso de bostezos.

La arrugada corteza de los árboles revela que la Naturaleza es una anciana.

La T es el martillo del abecedario.

El búfalo es el toro jubilado de la prehistoria.

El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.

A las doce las manillas del reloj presentan armas.

Al sentarnos al borde de la cama, somos presidiarios reflexionando en su condena.

Las estrellas trabajan con red.  Por eso no se cae ninguna sobre nuestra cabeza.

Los que juegan al aro corren detrás del reloj sin cifras.

Cuando la mujer se quita una media parece que va a mirarse una herida.

Las gaviotas nacieron de los pañuelos que dicen  !adiós! en los puertos.

Los ceros son los huevos de los que salieron las demás cifras.

Lo peor de los pobres es que no pueden dar dinero.

La noche que acaba de pasar se va al mismo sitio en que está la noche más antigua del mundo.

El Pensador de Rodin es un ajedrecista al que le han quitado la mesa.

Genio: el que vive de nada y no se muere.

Los pinguinos son unos niños que se han escapado de la mesa con el babero puesto.

Los paraquas están de luto por las sombrillas desaparecidas.

Después de usar el dentífrico nos miramos los dientes con gesto de fieras.

La Y es la copa de champaña del alfabeto.

Cuando está el armario abierto, toda la casa bosteza.

El espantapájaros semeja un espía fusilado.

Abrir un paraguas es como dispara contra la lluvia.

El agua se suelta el pelo en las cascadas.

El que pide un vaso de agua en las visitas es un conferenciante fracasado.

Ramon Gomez de La Serna

Citas

jose luis coll

Citas

  • “Conceder el perdón es el más alto grado de vanidad o de miedo.”
  • “Cualquier tipo de maldad es el trueno; la ingratitud es el rayo. El trueno asusta, pero el rayo mata.”
  • “Lo bueno que tiene morirse es que no hay que madrugar.”
  • “Si es un verdadero amigo, no habrá que perdonarle jamás nada.”
  • “cada quien es como es, y ya bastante desgracia tiene”
  • “mi padre era un hombre muy humilde. jamás quiso reconocer que era mi padre”
  • “en un mundo distinto todo seria diferente”

El huevo matutino

hombre cagando

Siete de la mañana

Todavía esta medio obscuro

En lo que pongo el huevo

prendo un cigarrillo

escucho el radio.

Un tal Juanito que se llama Rafael

dice que se va de la palapa o no se que

Un camion se voltea con un chingo de limones

tardan cuatro horas en recogerlos

eran  como 16 mil kilos, no me extraña

Las botas de Maikel Jackson

se subastan en 14 mil dolares y pico

para investigar el sida

Polanski ,creo, que prepara otra pelicula

Iran hace pruebas nucleares

y en España legalizan la pildora del dia siguiente

o sea ,que nunca se podra tomar ¿no?

Hoy no te fio,mañana si…..estos ibericos !!

La guerra vegetariana llega a Mexico

creo que quieren liberar a todos los animales

…que vayan a San Lazaro y dejen de molestar

a perros y gatos

Un tal America gano

y el aborto gana adeptos

Mejor me baño

GACHUMEX

Mauricita la gamba

gamba Yo protejo a todas las especies. A todas. Pero donde estén los anfibios anuros -¡los anfibios anuros!- que se quite lo demás. Y la carcamusa. y la filoxera, la filoxera gambrinus, claro. Porque es verdad, a los animalitos se les llega a coger un cariño tal, que puede llegar incluso hasta la pubertad.
Recuerdo que hace años me regalaron por Nochebuena un crustáceo malcostráceo del orden de los decápodos, que, como es sabido. son familia de los pénidos, que vienen a ser como el Parapeneus longuirrostrus. O sea, para que lo entiendan mejor, una gamba. Me regalaron una gamba. Una gamba viva. Y dijimos: “Bueno, la guardaremos para la cena de Nochevieja”. Pero aquella gamba era de cariñosa…
Miren, dormía a los pies de mi cama. A la hora de la comida, se subía a la mesa y comía con nosotros. En fin, ¡era uno más de la familia! Mauricita le pusimos de nombre, porque se parecía mucho a Chevalier. Y Mauricita venía con nosotros al teatro, a todos los estrenos. Nosotros le decíamos: “Mauricita, trae el periódico”. Y Mauricita iba al quiosco, lo traía y te lo leía. ¡Era la alegría de la casa! ¡La alegría de la casa! Y honesta, ¡puaff!, honesta como pocas gambas y miren que yo he conocido gambas. Salía a pasear con las amigas y, claro, los chicos la chicoleaban y ella se ponía colorada, colorada… que parecía que estaba recién cocida. Pero antes de que cerraran el portal, a las diez menos cinco ya estaba en casa.
Hablar no hablaba mucho. No. Pero con la mirada te lo decía todo, todo… Decía yo a mi esposa: “Amparo. me voy con la gamba a tomarme una cerveza”. O “me voy a tomar una cerveza con la gamba”. Era una cosa… Y lo que pasa; llegó la Nochevieja, y a ver quién era el guapo que mataba al pobre animalito.
Bueno, total que la gamba fue creciendo y creciendo se hizo una real gamba, conoció a un langostino de Vinaroz de buena posición se casaron y tuvieron más de quince mil quisquillas, que, por cierto dos de ellas se metieron monjas Y los chicos, los varones, se educaron en los padres Langostinos de El Escorial. ¡Santos varones!

Jose Luis Coll

Chiles en nogada

CHILES EN NOGADA

HISTORIA
Uno de los aspectos básicos de la historia culinaria mexicana es la construcción de un imaginario. Éste se puede detectar en nuestro país desde las primeras décadas del siglo XX, cuando se comenzó a hablar de la comparsa de ciertas preparaciones con hipotéticos hechos históricos. En este terreno algunas propuestas fueron exitosas y pasaron a formar parte de lo que se considera como la invención de la cuisine nacional. Por eso se ha afirmado que los relatos que sustentan la cocina mexicana son productos que permitieron establecer una ideología y con el tiempo formar parte de una historia nacional culinaria muy peculiar.
Toda invención de relatos culinarios es importante porque nos dice mucho de los pueblos que los elaboran, tanto de su cocina como de su visión del mundo. Las leyendas coquinarias en México fueron acogidas con gran entusiasmo y se convirtieron en verdades absolutas para el pueblo. Éstas se iniciaron con la que se publicó por primera vez en 1925 y que cuenta la supuesta invenciUno de los aspectos básicos de la historia culinaria mexicana es la construcción de un imaginario. Éste se puede detectar en nuestro país desde las primeras décadas del siglo XX, cuando se comenzó a hablar de la comparsa de ciertas preparaciones con hipotéticos hechos históricos. En este terreno algunas propuestas fueron exitosas y pasaron a formar parte de lo que se considera como la invención de la cuisine nacional. Por eso se ha afirmado que los relatos que sustentan la cocina mexicana son productos que permitieron establecer una ideología y con el tiempo formar parte de una historia nacional culinaria muy peculiar.1
Toda invención de relatos culinarios es importante porque nos dice mucho de los pueblos que los elaboran, tanto de su cocina como de su visión del mundo. Las leyendas coquinarias en México fueron acogidas con gran entusiasmo y se convirtieron en verdades absolutas para el pueblo. Éstas se iniciaron con la que se publicó por primera vez en 1925 y que cuenta la supuesta invención del mole poblano por una monja en un convento y en la ciudad de Puebla. A partir de entonces, este relato se escribió y recitó una y otra vez hasta convertirse en una parte crucial del discurso culinario nacional mexicano.2 El caso de los chiles en nogada es otra de las piezas importantes de dicho discurso. Si tuviéramos que definir esta preparación diríamos que se trata de unos chiles rellenos de picadillo de frutas y capeados, que se sirven bañados con una salsa hecha a base de nuez y que se adornan con granos de granada y perejil.
Aun cuando se asegura que estos chiles se sirvieron por primera vez en honor de Agustín de Iturbide en los años en que fue emperador de México, y más exactamente un 28 de julio, día de su santo, las fuentes primarias, o sea los recetarios editados de la primera parte del siglo XIX, no lo registran. Por ejemplo, en el Manual del cocinero y la cocinera, de 1849, que se publicó en Puebla por entregas, no aparecen los chiles en nogada y sí en cambio una receta de “Gallina en nogada”, salsa esta última que sí es identificable en los libros de cocina del siglo XVIII.
Más tarde, en 1858, el Nuevo cocinero mexicano en forma de diccionario registra una receta que llama “Chiles rellenos en nogada”. Van rellenos de picadillo de carne de puerco, bañados con la nogada y se adornan con granos de granada, pero se señala que esta última es opcional, con la frase “si se quiere”. Posteriormente en La cocinera poblana y el libro de las familias, de 1872, vemos que hay una irregularidad en el registro del nombre del platillo. En este recetario se da más importancia a la salsa, por eso las recetas se titulan “Nogada para chiles rellenos” y “Nogada para chiles con jamón”. Al finalizar ese siglo, el Diario del hogar publica la receta “Chiles en nogada rellenos de bacalao”, en el que la nogada no va adornada con los granos de la granada.

Con base en lo anterior tenemos que buscar la persistencia de la receta de los chiles en nogada en el siglo XX. Pero en los recetarios de las primeras décadas del nuevo siglo tampoco encontraron un lugar sobresaliente. El recetario de la señorita María Isla, Manual de cocina, publicado en Puebla en 1912 no los incluyó. Otras autoras prefirieron apuntar los “Chiles rellenos de picadillo, sardina y jamón” que también van bañados con una salsa de jitomate y en donde se sugiere que se adorne con rodajas de rábano y con granos de granada, por lo cual podemos decir que el uso de un adorno rojo no era exclusivo de los chiles en nogada.5ón del mole poblano por una monja en un convento y en la ciudad de Puebla. A partir de entonces, este relato se escribió y recitó una y otra vez hasta convertirse en una parte crucial del discurso culinario nacional mexicano. El caso de los chiles en nogada es otra de las piezas importantes de dicho discurso. Si tuviéramos que definir esta preparación diríamos que se trata de unos chiles rellenos de picadillo de frutas y capeados, que se sirven bañados con una salsa hecha a base de nuez y que se adornan con granos de granada y perejil.

Aun cuando se asegura que estos chiles se sirvieron por primera vez en honor de Agustín de Iturbide en los años en que fue emperador de México, y más exactamente un 28 de julio, día de su santo, las fuentes primarias, o sea los recetarios editados de la primera parte del siglo XIX, no lo registran. Por ejemplo, en el Manual del cocinero y la cocinera, de 1849, que se publicó en Puebla por entregas, no aparecen los chiles en nogada y sí en cambio una receta de “Gallina en nogada”, salsa esta última que sí es identificable en los libros de cocina del siglo XVIII.
Más tarde, en 1858, el Nuevo cocinero mexicano en forma de diccionario registra una receta que llama “Chiles rellenos en nogada”. Van rellenos de picadillo de carne de puerco, bañados con la nogada y se adornan con granos de granada, pero se señala que esta última es opcional, con la frase “si se quiere”. Posteriormente en La cocinera poblana y el libro de las familias, de 1872, vemos que hay una irregularidad en el registro del nombre del platillo. En este recetario se da más importancia a la salsa, por eso las recetas se titulan “Nogada para chiles rellenos” y “Nogada para chiles con jamón”. Al finalizar ese siglo, el Diario del hogar publica la receta “Chiles en nogada rellenos de bacalao”, en el que la nogada no va adornada con los granos de la granada.
Con base en lo anterior tenemos que buscar la persistencia de la receta de los chiles en nogada en el siglo XX. Pero en los recetarios de las primeras décadas del nuevo siglo tampoco encontraron un lugar sobresaliente. El recetario de la señorita María Isla, Manual de cocina, publicado en Puebla en 1912 no los incluyó. Otras autoras prefirieron apuntar los “Chiles rellenos de picadillo, sardina y jamón” que también van bañados con una salsa de jitomate y en donde se sugiere que se adorne con rodajas de rábano y con granos de granada, por lo cual podemos decir que el uso de un adorno rojo no era exclusivo de los chiles en nogada.Uno de los aspectos básicos de la historia culinaria mexicana es la construcción de un imaginario. Éste se puede detectar en nuestro país desde las primeras décadas del siglo XX, cuando se comenzó a hablar de la comparsa de ciertas preparaciones con hipotéticos hechos históricos. En este terreno algunas propuestas fueron exitosas y pasaron a formar parte de lo que se considera como la invención de la cuisine nacional. Por eso se ha afirmado que los relatos que sustentan la cocina mexicana son productos que permitieron establecer una ideología y con el tiempo formar parte de una historia nacional culinaria muy peculiar.

Toda invención de relatos culinarios es importante porque nos dice mucho de los pueblos que los elaboran, tanto de su cocina como de su visión del mundo. Las leyendas coquinarias en México fueron acogidas con gran entusiasmo y se convirtieron en verdades absolutas para el pueblo. Éstas se iniciaron con la que se publicó por primera vez en 1925 y que cuenta la supuesta invención del mole poblano por una monja en un convento y en la ciudad de Puebla. A partir de entonces, este relato se escribió y recitó una y otra vez hasta convertirse en una parte crucial del discurso culinario nacional mexicano. El caso de los chiles en nogada es otra de las piezas importantes de dicho discurso. Si tuviéramos que definir esta preparación diríamos que se trata de unos chiles rellenos de picadillo de frutas y capeados, que se sirven bañados con una salsa hecha a base de nuez y que se adornan con granos de granada y perejil.
Aun cuando se asegura que estos chiles se sirvieron por primera vez en honor de Agustín de Iturbide en los años en que fue emperador de México, y más exactamente un 28 de julio, día de su santo, las fuentes primarias, o sea los recetarios editados de la primera parte del siglo XIX, no lo registran. Por ejemplo, en el Manual del cocinero y la cocinera, de 1849, que se publicó en Puebla por entregas, no aparecen los chiles en nogada y sí en cambio una receta de “Gallina en nogada”, salsa esta última que sí es identificable en los libros de cocina del siglo XVIII.
Más tarde, en 1858, el Nuevo cocinero mexicano en forma de diccionario registra una receta que llama “Chiles rellenos en nogada”. Van rellenos de picadillo de carne de puerco, bañados con la nogada y se adornan con granos de granada, pero se señala que esta última es opcional, con la frase “si se quiere”. Posteriormente en La cocinera poblana y el libro de las familias, de 1872, vemos que hay una irregularidad en el registro del nombre del platillo. En este recetario se da más importancia a la salsa, por eso las recetas se titulan “Nogada para chiles rellenos” y “Nogada para chiles con jamón”. Al finalizar ese siglo, el Diario del hogar publica la receta “Chiles en nogada rellenos de bacalao”, en el que la nogada no va adornada con los granos de la granada.
Con base en lo anterior tenemos que buscar la persistencia de la receta de los chiles en nogada en el siglo XX. Pero en los recetarios de las primeras décadas del nuevo siglo tampoco encontraron un lugar sobresaliente. El recetario de la señorita María Isla, Manual de cocina, publicado en Puebla en 1912 no los incluyó. Otras autoras prefirieron apuntar los “Chiles rellenos de picadillo, sardina y jamón” que también van bañados con una salsa de jitomate y en donde se sugiere que se adorne con rodajas de rábano y con granos de granada, por lo cual podemos decir que el uso de un adorno rojo no era exclusivo de los chiles en nogada.

RECETA

Ya dejémonos de historia y vamos al grano como el de la granada. Hacer unos chilitos con nogada es lo más sencillo del mundo a mí lo único que me choca es quitarle los pellejitos a la nuez de Castilla, pero como siempre hay alguien merodeando en la cocina uno se puede aprovechar y esperar el momento adecuado, ese cuando te dicen: -¿no quieres que te ayude con algo? – entonces tu como que te haces el suficiente unas décimas de segundo y dices:-no, esta bien,…..bueno ahora que lo dices, ¿podrias quitarle el pellejo a la nuez?- y listo. Lo demas pan comido.

En primer lugar necesitamos unos CHILES POBLANOS, pongamos unos seis, los cuales vamos a asar en el comal, directamente en el fuego o en el horno.Cuando esten todos chamuscados los metemos en una bolsa de plastico para que suden y nos sea mas facil quitarles la piel.

Mientras dejamos los chiles en el sauna podemos ir preparando EL RELLENO para lo que vamos a necesitar lo siguiente:200 gramos de carne de res, (a mi en lo particular me gusta el diezmillo) y 200 gramos de pierna de cerdo.Aunque mucha gente la pide molida, yo le digo al carnicero que me la pique con cuchillo en pedacitos muy pequeños.
Los demas ingredientes son: ½ cebolla , 1 diente de ajo, 1 acitron, una pera, una manzana ,1 durazno, 30 gramos de almendra, 30 gramos de uvas pasas sin semilla , ½ platano macho que vamos a dorar en un poco de mantequilla, ¼ de cucharadita de canela en polvo , ½ taza de pure de jitomate natural y sal y pimienta al gusto.
En una cazuela de barro acitronamos la cebolla con el ajo, esto es, hasta que la cebolla se ponga transparente.añadimos la carne picada y con una cuchara de madera le damos unas vueltas hasta que la carne tenga un color parejo.Añadimos los frutos secos y el acitron después de haberlos picado en trozos muy pequeños .Despues de 5 minutos agregamos el pure de jitomate y las demas frutas picadas y lo tenemos todo a fuego bajo durante unos 7 minutos dandole vueltas de vez en cuando para que nos se nos pegue en el fondo de la cazuela..Apagamos y listo.
Sacamos a los chiles del sauna, les quitamos la piel con mucho cuidado,conservando, ejem, el rabo. Les hacemos un pequeña rajadita lateral y con muchisimo cuidado les vamos a sacar toda las semillas y venas que podamos y por ahí los vamos a rellenar. Despues de poner el relleno lo cerramos con 1 o 2 palillos.
Los chiles se pueden capear o no.Si los quieres capear, bate la clara de 1 huevo a punto de turron y cuando esta superespesa le añades la yema y mezclas. Pasas los poblanos por una poquita harina y luego por el huevo batido y a freírlos en un sartén con unas 4 cucharadas de aceite de oliva. Los escurres de grasa y listo.
Para la SALSA DE NOGADA, necesitas poner en una licuadora o batidora unas 50 nueces de Castilla bien peladitas por algún ingenuo, (la piel de la nuez amarga y le da un tono obscuro a la salsa.), una copita de vino dulce u oporto, unos 100 gramos de queso de cabra y una taza grande leche.¿ Que queda muy espesa?, le añades poco a poco un poco mas de leche, ¿ que esta demasiado liquida? , le puedes agregar un poco mas de queso.
Desgranas una granada, picas un poco de perejil con tijera y a emplatar se ha dicho.

Conversaciones con Dios – II –

FERNANDO SAVATER

II NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO
Fernando Savater

Vamos a ver… porque hay cosas que me parecen un error de tu parte. Prohibiste la utilización de tu nombre en vano. Pero deberías entender que hay veces en que uno no puede cumplir aquello que prometió en nombre tuyo. Eso no es porque uno carezca de intención, ni porque no ponga la mejor voluntad del mundo para cumplir. Creo que deberías sentirte halagado de que los hombres echemos mano de tu nombre de forma constante para apoyar nuestros juicios y promesas. No sólo lo hacemos en esos momentos, sino también cuando mostramos enfado. Y aunque te parezca un contrasentido, si blasfemamos lo hacemos de alguna manera como un homenaje. Hay veces que nos sentimos tan indignados que la única forma que encontramos para enfrentarnos al mundo es meternos contigo directamente. En fin… tu nombre ha sido utilizado durante siglos para apoyar la jurisprudencia, negocios, gobiernos, etcétera. Mira la importancia que tiene el poder jurar en tu nombre, que cuando necesitamos convencer a alguien de que lo amamos nos respaldamos en ti. ¡Cuántas veces te habrás enfadado al escuchar: “Mi vida, te necesito tanto…, te lo juro por Dios”!

Bueno… bueno… tienes razón… tal vez abusamos un poco, pero pienso que tu mayor motivo de preocupación debería ser la falta de respeto que la gente tiene hoy por tu nombre. Es decir, juran amor y después lo traicionan. Los políticos juran que van a cumplir todo tipo de preceptos, que van ha hacer toda clase de hazañas en tu nombre, y cuando empiezan a ejercer como funcionarios se olvidan de ti con suma facilidad. Parece que tu nombre se va devaluando, está perdiendo fuerza, aunque te caiga fatal, y eso no está bien para cualquier divinidad que se precie como tal.

DIOS COMO TESTIGO CUANDO SE JURA O SE PROMETE

Cuando era pequeño y quería asegurar algo decía: “Te lo juro”, y el otro preguntaba: “¿Juras o prometes?”… y claro, en esa situación uno retrocedía porque eso de jurar ya era excesivo, y entonces decía: “Lo prometo”. Así aliviaba mi conciencia porque, al no tener una ofrenda del testimonio divino, quería decir que se podía saltar lo prometido. Por esa razón, siempre los niños pedíamos: “No prometas, júramelo”. “No… no… sólo lo prometo porque no se puede jurar”. Allí ya se planteaba la dialéctica. Todos sabíamos que prometer era una cosa muy poco fiable. Había que escuchar de la boca del otro: “Te lo juro por ésta”, y entonces eso lo convertía el algo definitivo… o por lo menos, casi definitivo.

Y éstas son situaciones que no sólo han tenido importancia en los juegos infantiles, sino también en la historia política. John Locke, en su libro Tratado sobre la intolerancia, obra fundamental para propugnar la tolerancia en Europa, excluía de las normas políticas a los ateos. Admitía en su “Estado ideal” a todas las Iglesias u creencias, pero no a los ateos. ¿Por qué? Sencilla, los ateos no eran fiables cuando juraban, que era algo básico en los procesos civiles de la época. Había que jurar cargos y la aceptación de las leyes ante los tribunales, entre otras cosas; por lo tanto, un ateo no era fiable porque juraba con toda tranquilidad y luego no cumplía o no podía cumplir lo que decía.

Es como un juego. Ponemos a Dios como testigo, aun sabiendo que no vamos a cumplir o que podríamos llegar a no cumplir. Lo mismo pasa con nuestros circunstanciales interlocutores, quienes no le dan la mínima importancia a nuestro juramento. En definitiva, todos los que participamos de esa ceremonia hemos usado el nombre de Dios.

Lo utilizamos como un castigo trascendental, aunque sepamos de antemano que no va a poder intervenir públicamente para respaldar lo que uno afirma o niega. Es una especie de ritual de sobreentendidos, por no decir malentendidos, que en algunas ocasiones, salvo milagros, podría dar lugar a situaciones curiosas.

Existe una leyenda española, la del Cristo de la Vega, de Toledo. Habla de un soldado que antes de partir hacia la guerra le prometió matrimonio a una doncella. Se lo juró frente a Cristo de la Vega, un crucifijo que existe en la ciudad. El muchacho volvió luego de unos años, sano y salvo, pero ya no estaba enamorado de esa chica. Entonces se negó a cumplir con la promesa y todo derivó en un escándalo en el que intervino un juez, quien le preguntó a la dama si tenía algún testigo del hecho. Ella contestó: “Pues sí, estaba Cristo de la Vega”, Entonces al juez no se le ocurrió nada mejor que enviar a un escribano para tomarle declaración al Cristo. Todo esto que a nosotros nos parece descabellado, la leyenda lo transforma en un hecho razonable, ya que cuando el escribano le preguntó al Cristo si juraba haber presenciado los hechos que se discutían la figura de madera, muy segura de sí misma, descolgó una de sus manos que estaban clavadas en la cruz y afirmó: “Sí, juro”. Más allá de la historia piadosa que fue inventada por Zorrilla, hoy uno puede ver al Cristo de la Vega con sus manos desclavadas de la cruz. Podríamos decir que éste es uno de los pocos casos conocidos en los que este testimonio trascendental se cumple.

Lo que pasa es que, con el tiempo, cuando los juramentos y los “te quiero” se multiplican, muchas veces lo hacen en vano, van perdiendo fuerza, se convierten en una simple moda y pierden veracidad. Hay muchos amantes descarriados que todavía prometen el oro y el moro pero cuando llega el momento cumbre de pronunciar las dos palabras más esperadas: “Te quiero”, el terror los invade. Incluso conozco a mucha gente que sin ser creyente, si se encuentran frente a una situación donde deben prestar un juramento, un incómodo escalofrío les recorre la espalda.

El jurar era una parte fundamental en los juicios que se llevaban a cabo en el mundo judío. Por lo tanto el mandamiento era muy claro en ese sentido: no había que emitir falsos juicios, por que podían perjudicar al prójimo. El juramento era el elemento clave, tomado en cuenta por los jueces en sus decisiones y servía también como forma de mantener el orden social.

Por lo tanto, los israelitas debían ser muy cuidadosos y mesurados en la utilización del nombre de Dios. Cuanto menos se manoseara la palabra, más valor tenía.

En ese sentido el rabino Isaac Sacca dice que “si uno utiliza el nombre de Dios para asuntos banales, está despreciando la palabra y el nombre de Dios, y por carácter transitivo está despreciando al mismo Dios”.

En la vida cotidiana el jurar es casi un acto reflejo. Como en tantas otras cuestiones, algunos religiosos se niegan a aceptar esta costumbre. Al respecto, el rabino Sacca explica que: “El juramento excesivo no es bien visto en el judaísmo. Sí es correcto hacerlo por algo serio en el momento adecuado En ese caso se puede y se debe utilizar, aunque siempre contemplando la extensa reglamentación que tenemos al respecto que indica las formas y las causas que permiten hacerlo”.

Pero, como en otros casos, las leyes de Moisés fueron superadas por la utilización del lenguaje. Cuántas veces habremos dicho “te juro que es cierto, que vi a fulano de tal en ese lugar”. Esto no implicaría nada más que el refuerzo de algún relato o una idea, y no pretende ofender a Dios.

Creo también, que salvo algún troglodita nostálgico de la Inquisición –que nunca falta-, los mismos religiosos hablan hoy del tema como una simple formalidad. Porque en realidad lo que importa es lo que acompaña al juramento, la afirmación que se intenta respaldar y si existe intención de perjudicar alguien con una mentira. El padre Ariel Busso, (1) decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina no cree que en estos casos haya intenciones ofensivas hacia Dios: “Cuando alguien dice “te juro que es cierto” y se lleva los dedos en forma de cruz a la boca, la gente no quiere ofender a Dios. El problema es cuando se lo invoca en forma oficial, sabiendo de antemano que lo van a traicionar. Total, lo anotan en la cuenta de Dios, que no castiga como los hombres con la cárcel o con una pena que duela”.

Lo que hoy subsiste en lo profundo de nuestra sociedad es el miedo reverencial al nombre de Dios y de Jesús, fuera de los contextos estrictamente religiosos o culturales que prescribe la Biblia. Tal como dice Luis Sebastián en su libro Los mandamientos del siglo XXI: “Ha quedado en la tradición protestante, u por contagio probablemente también entre los católicos anglosajones, que se escandalizan ante el hecho de que un hombre lleve el nombre de Jesús. Pongo por testigo a Jesús Luzurraga, un compañero mío en la Universidad de Oxford a quien los ingleses no se avenían a llamarle por su nombre, porque les sonaba como una auténtica blasfemia, o al menos como un desacato a la divinidad”.

En la actualidad, los tribunales seculares tienen una figura, que es la del “falso testimonio”, con la que se puede acusar al que incurre en él, luego de jurar y después mentir ante un tribunal. Por lo tanto, es cierto que el juramento se ha devaluado. Pero también es verdad que su significado ha perdurado a través de los siglos y vive dentro de una de las instituciones fundamentales de la sociedad moderna: la justicia, ámbito donde nació.

Pero si bien es verdad que en la actualidad es juramento en nombre de Dios ha perdido su contundencia, no es menos cierto que en términos generales todas las palabras han perdido su valor. Sobre todo el valor de la “palabra empeñada”. Me decía un amigo empresario televisivo: “Hasta no hace muchos años, te dabas la mano con tu interlocutor y el negocio estaba cerrado, sólo quedaba que los abogados se ocuparan del resto. Hoy todo ha cambiado, no hay palabra ni apretón de manos que valga, estamos en un mundo sin códigos”. No quiero desalentar a mi amigo, pero en todo caso lo que han cambiado son los códigos, que siempre existen. Lo que sucede es que uno no se adapta o no quiere adaptarse a los nuevos que aparecen.

Ocurre además que la palabra oral ha perdido importancia frente a la escrita. El padre Busso es más explícito en este tema: “El problema no es el hábito de jurar, sino la pérdida de los valores. Estamos en un mundo donde las cosas que se dicen no tiene valor. Vivimos en la cultura de la falsedad y entonces es muy probable que el juramento se utilice para respaldar la mentira, que es lo habitual”.

Cuando Yahvé le entregó sus leyes a Moisés en el monte Sinaí, el pueblo judío entendió que no había diferencias entre las normas religiosas y las seculares. Todo era una sola cosa. Entonces se planteaba el inconveniente de siempre: que como Dios no podía atender uno por uno a todos los hombres, otros individuos, otros individuos harían el trabajo por él.

Con Cristo y su Sermón de la Montaña, se produjo un cambio que se convirtió e definitivo cuando el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio romano. Entonces, se produjo una clara diferencia entre lo religioso y lo civil. De cualquier manera, las Iglesias siempre se las ingeniaron para ro, algunos de los mandamientos que no son más que el fruto del sentido común, con o sin Dios de por medio, pasaron al fuero civil: “No matarás”; “No levantarás falsos testimonios”; “No codiciarás los bienes ajenos”.

QUÉ JURAMOS CUANDO JURAMOS

En los usos del lenguaje hay un aserie de expresiones que reciben el nombre técnico de uso “preformativo”. Son aquellas que significan hacer algo, es decir que no solamente enuncian o señalan, sino que al proferirlas se está realizando una acción. Por ejemplo, decir “sí, juro”, no es solamente enunciar una frase, sino también realizar algo. El acto de jurar consiste en decir “sí, juro”. Decir “te quiero” implica el acto de querer, ya que significa en forma explícita que quieres al destinatario del enunciado. De allí la exigencia del “júramelo” o “dime que me quieres”, porque no se trata de frases de adorno o de explicación. Son palabras que conllevan en sí mismas las acción que se enuncia. Liga y compromete de manera automática a quien las diga.

De todas maneras, creo que no siempre es conveniente que algunas personas cumplan con lo prometido. Si bien la historia está llena de gente que no cumplió con lo que dijo que iba a hacer, desgraciadamente también está cargada de dictadores y asesinos que prometieron masacres y venganzas que hicieron realidad en nombre de una justicia pergeñada para ellos mismos.

Muchas veces, hasta el hacer valer promesas absurdas se volvió en contra de quienes las profirieron. Tal fue el caso de Jefté, uno de los jueces de Israel, quien luego de vencer en una batalla, le prometió con ligereza a Dios que, en agradecimiento, cuando llegara al lugar donde vivía, sacrificaría a la primera persona que saliera a recibirlo. Nunca imaginó que la primera que aparecería iba a ser su hija, la única que tenía. Sin dudarlo ni un instante, la mató y la quemó sólo para cumplir con su promesa a Dios.
Queda claro que es un error pensar que lo mejor es que siempre se cumplan las promesas.

SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

Sin duda son los políticos quienes, en cualquier lugar del planeta, cargan, con mayor o menor justicia, con el sambenito de ser quienes más promesas hacen y, por el contrario, los más incumplidores.

Uno de los episodios más impresionantes se encuentra en los escritos de Platón cuando en la Carta VII cuenta su malhadada aventura y se le acusa de intentar convertir al tirano Dionisio en una especie de rey filosófico como él soñaba. En un momento determinado, un amigo de Platón y de Dionisio tuvo que huir porque el tirano había decidido matarlo. Platón intercedió y Dionisio le dijo que el exiliado se presentase con toda tranquilidad porque el prometía perdonarlo. Cuando el perseguido volvió fue de inmediato condenado a muerte y ejecutado. Platón, conmocionado, fue a protestarle a Dionisio: “Tú me habías prometido perdonarle”, dijo. Entonces el tirano miró a Platón con frialdad a los ojos y le dijo: “Yo no te he prometido nada”.

Ésta es la verdad. El tirano no promete nada. Es decir, puede hacer el gesto de prometer, puede pronunciar las palabras, pero no las considera un compromiso, porque se siente por encima de todos y nadie le puede obligar a cumplir con lo que él dice.

Muchas veces somos demasiado exigentes con las promesas de los políticos. Estos personajes las utilizan para ofrecerse y venderse a los electores.

De todas formas, habría que preguntarse: ¿les toleraríamos que no nos hicieran esas promesas? ¿Realmente votaríamos a un políticos que confesara sin pudor sus limitaciones, o que reconociese que las dificultades son grandes y que, a corto plazo, no podría resolver los problemas, o que va a exigir grandes sacrificios a la población? ¿Cuántos hombres podrían prometer, como hizo Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial: “Sangre, sudor y lágrimas”? ¿Admitiríamos que un político nos dijese la verdad con crudeza, y nos exigiese que le aceptásemos?

Muchas veces nos quejamos de que los políticos mienten, pero de forma inconsciente les pedimos que lo hagan. Nunca los votaríamos si dijesen la verdad tal cual es, si no diesen esa impresión de omnisciencia y omnipotencia que todos sabemos que están muy lejos de poseer. De modo que aquí hay una especie de paradoja: por un lado no queremos ser engañados por los políticos, pero a la vez exigimos que lo hagan.

La mejor manera de cumplir
con la palabra empeñada es no darla jamás.
NAPOLEÓN BONAPARTE

EL ARTE DE HACERNOS CREER LO QUE NUNCA SE VA A CUMPLIR

Pero hay varias profesiones que le disputan a los políticos la explotación de las promesas y el acto de involucrar a Dios en sus intereses. Allí tenemos a la publicidad, que se mete con nosotros a cada paso que damos. “Si encuentra usted un detergente que lave más blanco le devolvemos su dinero.” Este tipo de promesas y otras aún más impactantes –porque esa promesa del jabón en polvo no es en realidad tan estruendosa- son constantes en la televisión, en la radio y en los periódicos.

La publicidad es una sarta permanente de promesas y juramentos al consumidor. “Esto es lo mejor”; “esto contiene los productos más naturales”; “esto es lo que a usted le producirá mayor satisfacción”; “compare con otros”.

Lo curioso es que creemos a personas que nos intentan persuadir de cosas que sólo los benefician a ellos, cuando en otros ámbitos no mostramos tanta credulidad. Confiar en un publicitario es hacerlo en alguien que esté sacando beneficio de nuestra credibilidad. Éste también es un juego parecido al que desarrollamos con los políticos, pero con distintas características. Marcelo Capurro (2) publicitario y periodista, considera excesivo el uso de la imagen o el nombre de Dios en campañas publicitarias. “Sobre todo si existe una visión impuesta por Hollywood que presenta, por ejemplo, un Cristo rubio y de ojos celestes como el de Rey de Reyes protagonizado por Jeffrey Hunter. Loa americanos se han inventado su imagen física de Dios, que tiene más de noruego que de semita. Estoy en contra de la utilización del nombre de Dios de manera frívola, sobre todo cuando invade y ofende a los creyentes. Por otra parte, no creo que la imagen o el nombre de Dios hoy tenga un peso lo suficientemente positivo en una campaña publicitaria como para aumentar las ventas del producto promocionado.

De cualquier manera, en nuestro lenguaje, las expresiones de juramento, promesa con el refrendo divino, son omnipresentes, quizá como resultado de atavismos de ciertas épocas del lenguaje. Después de todo, Dios siempre está allí para poder darle las gracias por lo bueno que ocurre, o maldecirle o llorarle por lo malo que nos pasa.

Muchas veces los orígenes divinos están integrados en nuestras fórmulas verbales. Por ejemplo, “ojalá” quiere decir “Alá lo quiera”, y se trata de una expresión en la cual todos hacemos una profesión de fe musulmana cada vez que la utilizamos, aunque sin saberlo, ya que son expresiones que están integradas a nuestros usos lingüísticos y sociales.

INSULTAR A DIOS

El segundo mandamiento contempla también el precepto de no blasfemar. Blasfemia significa, según el diccionario de la Real Academia: “Palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos”.

Para Luis de Sebastián el respeto a esta norma debe ser más amplio, y tiene que definirse como el mandamiento de la tolerancia. “Pero lo hacemos no en virtud de dogma alguno –dice-, sino en virtud de la tolerancia necesaria en un mundo con una gran pluralidad de religiones y creencias filosóficas. Esto se debe aplicar especialmente a los católicos practicantes y a todos los fundamentalistas que están dispuestos a morir y matar por defender la unicidad, la verdad y suprema importancia de su religión. La blasfemia es una curiosidad mediterránea, porque fuera de estos pueblos católicos no debe haber sitio alguno donde se blasfeme como en España.”

La blasfemia además tiene un contenido social. Durante muchos años “cagarse en Dios” o “cagarse en la historia”, significaba hacerlo en Franco, porque estaba todo íntimamente ligado, y se transformaba en una forma de protesta contra el régimen.

En el libro Mi último suspiro el director de cine Luis Buñuel agrega: “El idioma español es, ciertamente, el más blasfematorio del mundo. A diferencia de otros idiomas, en los que juramentos y blasfemias son, por regla general, breves y separados, la blasfemia española asume fácilmente la forma de un largo discurso en el que tremendas obscenidades, relacionadas principalmente con Dios, Cristo, el Espíritu Santo, la Virgen y los santos apóstoles, sin olvidar al Papa, pueden encadenarse y formar frases escatológicas e impresionantes. La blasfemia es un arte español. En México, por ejemplo, donde sin embargo la cultura española se halla presente desde hace cuatro siglos, nunca he oído blasfemar convenientemente”.

NADIE OFRECE TANTO COMO EL QUE NO PIENSA CUMPLIR

En efecto, si uno piensa dar nada, entonces, ¿por qué no prometerlo todo? Ése es el éxito de los grandes estafadores, que siempre hacen unas ofertas irresistibles porque no piensan cumplir con nada de lo que predicen. Entonces, si tú vas a dar nada, por lo menos sé generoso en la cantidad de lo que prometes, dado que no lo serás a la hora de cumplir.

De cualquier manera, la vida cotidiana nos muestra que el juramento se desvirtúa, va bajando de calidad, al convertirse en un mero acto ritual, a veces exigido y que uno no puede evitar.

Recuerdo que, cuando era joven e ingresé en la universidad, los alumnos y los catedráticos teníamos que firmar una adhesión a los principios del Movimiento Nacional y de su caudillo, Francisco Franco. Si no lo hacías, no podías participar de la vida universitaria. Y allí íbamos y firmábamos ese papel sin mirar, y sin hacerle ningún caso, y luego te dedicabas al activismo político en contra de lo que uno acababa de asegurar que acataba. Era un ejemplo de banalización de un juramento. Pero como ya hemos visto en el caso del desgraciado Jefté, el israelita que sacrificó a su hija, en la vida universitaria de aquellos tiempos lo correcto era no cumplir con lo que se juraba.

Lo curioso es que estamos en un mundo que se basa en buena medida en el crédito, que significa dar por bueno un juramento, una promesa. Por ejemplo, el dinero, las tarjetas de crédito, los cheques, incluso el propio patrón de conversión de divisas de cada país, todo se basa en el crédito. Uno cree que hay algo que respalda el billete que tiene en el bolsillo; uno cree que la tarjeta será respaldada por su banco y el banco cree que el individuo la pagará; uno cree que el cheque que recibió tiene fondos. Estamos dándonos créditos unos a otros. Llama la atención que sea en el mundo del crédito donde el juramento y la promesa se hayan trivializado.

Promesas, juramentos. Hay leyes civiles que se crean para reforzar lo que se ha prometido en un documento público. Hay también legislación religiosa que castiga al que jura en vano. Sin embargo, al que sufre un fraude y es engañado, le da igual saber si el que le hizo daño será castigado por la justicia de Dios o por la justicia humana. Lo único que querrá saber es en qué se verá afectado el que lo perjudicó y si podrá recuperar algo de lo que perdió.

“No tomarás el nombre de Dios en vano.” ¿Qué implica entonces esto? Más allá de cuestiones religiosas quiere decir que no se debe utilizar a Dios. Que no se deben utilizar las grandes palabras para abusar de la confianza de tus semejantes. No debes invocar en nombre de lo trascendente, de la divinidad, de los grandes valores, de las libertades, de los objetivos públicos de la sociedad, para abusar de la confianza de tus semejantes, para engañarlos, para someterlos a tu capricho o a tu deseo. Lo valioso no debe ser utilizado para la mentira y el fraude, porque produce un ambiente de banalidad que termina quitando el peso y valor a los que debería ser más estimable.