Apocalipsis

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Cuando un jugador estornuda en el Nou Camp suben las apuestas. Hoy no sabemos quién será el peor rival del Barça durante la semana. Por mar llega el Inter, por tierra Real Madrid y por aire la Gripe A. El “Puerto del Triplete” enfrenta los próximos 7 días una invasión de magnitudes bíblicas. Mañana se juega las joyas de la corona europea vs Mourinho, que pasea por la ciudad con gabardina de Jack El Destripador. Una estampa dantesca, lleva puesto un traje para matar. Guardiola con un equipo maltratado por la brusquedad del Bilbao, espera el partido con el Tamiflu en la mano. Por primera vez desde que dirige al Barça, ganar es una cuestión de supervivencia. Al mismo tiempo, el mejor entrenador del mundo tiene la oportunidad para demostrar que su estilo es innegociable. Lo fácil sería dividir la pelota frente a Inter y al líder Real Madrid. Lo difícil y en estos casos una audacia, es jugar al futbol durante una semana apocalíptica como quiere hacerlo el Barcelona: recreándose ante la adversidad

articulo de jose ramon fernandez de quevedo;mileniodiario

La Revolucion si triunfo, por desgracia

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No, no es que la Revolución haya fracasado: nos va mal porque triunfó, se implantaron postulados que desde 1917 lastran al país, obstruyen vías de desarrollo y han adoctrinado generaciones de mexicanos en valores que son productores de pobreza y autocomplacencia. Se nos arrebató a los habitantes de carne y hueso la posesión del suelo y el subsuelo, y se entregaron a una entelequia, La Nación, en ninguna parte definida, pero en la práctica representada por el gobierno, o más claramente: por los políticos de turno en el poder. Un Estado corporativo, un régimen asistencial y una escolarización de raíz profundamente retrógrada, de fogosa oratoria revolucionaria, nos han tenido atados a un modelo mexicano reproductor de pobreza de generación en generación.

El sistema ejidal, como todas las colectivizaciones forzadas de la tierra, produjo hambre como en la URSS y en China. Allá murieron, aquí los campesinos tuvieron la bendición de una frontera de 3 mil kilómetros con Estados Unidos y escaparon.

El petróleo nos dio un sindicato de jeques árabes con diamantes en la nariz y un gobierno comodino incapaz de recaudar y administrar impuestos. El petróleo jamás ha sido de los mexicanos, es de los políticos de turno y de los charros sindicales.

De verdad, no se ve qué celebramos: la revolución de marras hizo pobres a los ricos sin enriquecer a los pobres, nos dio una camada de políticos que, a diferencia del empresario, no hicieron su capital invirtiendo y arriesgando en industrias que dieran empleos e incrementaran el producto nacional, sino robando dinero público; peor aún, nos construyeron esta ideología que mamamos en la escuela según la cual los ricos lo son porque roban al pueblo bueno, son, además, petulantes y sangrones; los pobres, en cambio, tienen por paradigma al Pedro Infante simpático, guapo y claridoso.

La Revolución nos dio un país de buenos y de malos. Pobres, indios y jóvenes son siempre buenos. Las maestras de un kínder tapatío sacan a los niños para bloquear una avenida en protesta por X, ya nadie recuerda qué, y tan frescas; los abusos no lo son cuando los cometen los buenos.

La ideología mamada de la Revolución desde la escuela primaria nos ha desvanecido la frontera entre el uso y el abuso. En la prensa hemos participado alegremente de ese deterioro en la convivencia civilizada. Los diputados creen que su fuero les permite mearse en la tribuna de la Cámara y pasarse los altos sin ser multados, y hay prensa que los defiende; los manifestantes se otorgan el derecho a bloquear avenidas y carreteras en protesta por los resultados de la guerra de Troya, los dueños de auto los suben a las banquetas, que no son para eso; publicamos que tanto peca el auto que gasta el pavimento (que fue hecho para rodar encima), como el chavo que rompe con su patineta una jardinera recién inaugurada (que no fue hecha para patinar) o le rompe el cráneo a un niño que se creía seguro.

Los electricistas que revendían electricidad arrojan sus autos contra policías que intentan liberar el flujo de una carretera y salen libres en dos días: nadie se escandaliza, no hay marchas ni discursos contra la impunidad. Como dijo un ex líder estudiantil a propósito de unos policías muertos por un grupo armado: “No nos hagamos, no eran más que chotas”.

¿Qué hacer con la Revolución? Sin lugar a dudas, emplearnos a fondo en sepultarla, derogar sus llamadas conquistas. Algunos puntos por mencionar en lo laboral:

1. Prohibir la cláusula de exclusión en los sindicatos, infamia por la que la charrería sindical puede exigir a la empresa el despido de un trabajador, casi siempre un opositor.

2. Prohibir el descuento automático de las cuotas sindicales por la empresa y su entrega a la dirección del sindicato. Las cuotas deben ser voluntarias.

3. Dejar en claro, una vez más, que podrá haber tantos sindicatos en una empresa como iniciativas tengan los empleados.

4. Eliminar las excepciones a la norma anti monopolio: los monopolios todos, públicos o privados, deben quedar prohibidos.

El Congreso tiene por tratar: recaudación fiscal eficiente, régimen de partidos insaciables, redefinir funciones del IFE, producción de energías, infantilismo de los estados frente a la federación… uf: tarea de legisladores romanos y tenemos ignorantes (e ignorantas, dice Fox asomando el pescuezo), retozo, alboroto, regocijo, picada de ojos entre niños y tirones a las trenzas de las niñas: eso nos gobierna.

fuente:mileniodiario

Pasarelas al cielo

_anorexiaALTAS, bellas, inaprensibles, las supermodelos viven la doble vida de las diosas de goma. Custodiadas por flashes de fotógrafo, pasan de puntillas por el cielo de las pasarelas, camino de taquillas adolescentes y portadas de revistas, para regresar paso a paso al vacío de sus vidas solitarias. Caminan sobre una gloria de papel, de palabras y pastillas, hasta un lecho de noches en blanco, prozac, vómitos y anorexia. Todo para acabar colgadas en un calendario, en la pared grasienta de un taller mecánico. O, como Lucy Gordon y Daul Kim, ahorcadas de una viga en un apartamento de lujo en París, girando sobre una nota de suicidio.

Igual que ellas, muchas otras acaban masticadas en la maquinaria feminicida de la moda, ese altar pagano al que entregan la salud, la sonrisa, el amor y la vida. Es el precio por alimentar un mundo de sueños y vanidad, al capricho de unos tipos cuyo ideal de belleza femenina está a mitad de camino entre una jirafa y Leonardo Di Caprio. Tipos a quienes ni siquiera les gustan las mujeres y que se complacen en exprimir las curvas de sus cuerpos hasta dejarlos transparentes y exhaustos, monstruos perfectos, perchas en dos patas, lánguidos esqueletos de uno ochenta y cuarenta kilos.

Hace poco, en un concurso de misses, descalificaron a una modelo colombiana, una auténtica hermosura, por exceso de culo. En realidad son los jueces que dictan semejantes normas quienes deberían revisar su sexualidad, salir del armario y dedicarse al diseño de langostinos o a la cría de gacelas. Forjar una mujer de cabellos celestiales, sin pechos y sin nalgas, sostenida por tobillos como hilos es una tarea de dioses, no de simples costureros con ínfulas de genio.

Siempre ha habido sacrificios humanos, criaturas que eran arrojadas al cráter de un volcán o a las que se les arrancaba el corazón vivas, pero nunca por un motivo tan burdo y tan trivial: una religión hecha de trapos. Como los patos cuidadosamente cebados hasta que les revienta el hígado, estas muchachas adelgazan hasta la tristeza, hasta que se les ve el alma a través de las costillas. En su carta de despedida, Daul Kim decía que uno de los días más felices de su vida fue uno en que logró dormir diez horas seguidas, sin sueños ni recuerdos.

El último desfile de Daul Kim y de Lucy Gordon tuvo lugar en soledad, en la intimidad más absoluta, en una pasarela que constaba de una silla, una cuerda y una viga en el techo. Bailarinas del más allá, se balancearon lejos de las cámaras y los aplausos, los brazos rectos, los pies desnudos, quizá para que no olvidáramos nunca esa ley gravitatoria de la moda que dice que lo más bello del cuerpo de una mujer son sus zapatos.

articulo de David Torres/elmundo.es

¿Navidad?

navidad_samCuando yo era pequeña, la Navidad empezaba el 22 de diciembre. El día de la lotería nos daban las vacaciones, y como al día siguiente no había clase, por la tarde nos íbamos al centro a ver las luces. Este año, ya llevan puestas casi un mes, y falta otro para que salga el gordo. El espectáculo de los esqueletos de acero repletos de bombillas apagadas que corona todas las perspectivas, me produce una misteriosa melancolía. No suelo añorar el país de mi infancia y, sin embargo, aquello era Navidad. Esto no sé lo que es.
Un signo de la era del consumo, supongo. Un indicio de prosperidad material, que sobrevive al rigor de la que hace un año iba a ser la peor crisis de la historia y ahora vaya usted a saber, porque nunca, que yo recuerde, los expertos han sido menos expertos, ni han sembrado tanto desconcierto. Una devaluación de la espiritualidad, claman quienes defienden que el espíritu humano no alienta fuera de los muros de los templos. Seguramente tienen razón, pero resulta paradójico que en una sociedad cada día más pagana -lo dicen ellos mismos, al proclamar que España se ha convertido en tierra de misiones-, una fiesta de origen religioso se dilate hasta dominar todo un trimestre de trivialidades.

Eso, la sensación de que navegamos sobre una cáscara, es lo más inquietante del virus navideño que desata cada año una epidemia más precoz que la anterior. La Navidad ha dejado de ser un compromiso de los católicos para convertirse en una pesadilla universal, una condena perpetua al villancico de la que, desde mediados de octubre, nadie puede escapar. Y, digo yo, si ya somos paganos, ¿no podríamos volver a la austeridad de cuando éramos creyentes? Lo que nos ahorráramos en diseñadores y cabalgatas podría reforzar el gasto social del Estado, mientras los expertos se ponen de acuerdo en el porvenir de la crisis economica.

articulo de Almudena grandes/elpais.es

Un futuro para Mexico

nexos

II. La prosperidad

Crecer

¿Qué hacer con nuestra economía? ¿Cómo desatar la prosperidad de México? Hemos pasado décadas construyendo programas, algunos de clase mundial para combatir la pobreza. Pero ni en los años de gobierno del PAN, ni en los anteriores del PRI nuestro país ha sido capaz de crear un ciclo largo de prosperidad que cambie su ingreso per cápita de las cifras de un país subdesarrollado a las de uno desarrollado.

¿Cómo abrir el cajón de la productividad y la riqueza? Hay acuerdo entre los expertos en que sólo se vuelven prósperos los países que se lo proponen explícitamente, que alinean sus instituciones y sus decisiones para ello. No hay mucho que inventar. Para crecer mucho hay que invertir mucho y ahorrar mucho. Hay, pues, que crear condiciones atractivas para la inversión y estímulos claros para el ahorro. Esto implica cambiar la meta nacional de combatir la pobreza a la meta nacional de crear riqueza (sin abandonar lo ganado en programas para la población más desprotegida).

La única manera de crear riqueza y empleo, de elevar el peso de la masa salarial en el producto interno bruto, de fomentar la movilidad social y crear la sociedad de clase media que anhelamos, consiste en abrir la economía a la inversión y la competencia global y nacional. Se trata de quitarle a una economía que podría crecer al 5% o 6% anual todas las trabas que lo impiden: crear una efectiva economía de mercado en sustitución de la economía intervenida por monopolios, empresas dominantes, oligopolios y poderes fácticos que nos caracteriza.

Los espacios de generación de riqueza que sustentan la prosperidad de las grandes economías del mundo se hallan capturados en México por empresas públicas monopólicas, por empresas privadas dominantes y por las redes de intereses asociados a ellas: sindicatos públicos y proveedores prebendados en el ámbito estatal; cadenas de negocio y rentas oligopólicas en el orden privado.

Las capturas estatales del mercado y sus regulaciones excesivas frenan la creación de riqueza en ámbitos fundamentales como la tierra, el agua, los bosques, el subsuelo mineral, la infraestructura, la electricidad, el petróleo. Las empresas privadas dominantes, y la pobre regulación de sus prácticas abusivas, frenan la competencia en escenarios también claves como las telecomunicaciones, los medios, la banca, el transporte, la construcción, la industria alimenticia, la banca, el comercio de menudeo. Acotar prácticas monopólicas —fijación de precios, cartelización, asignación de mercados en estos ámbitos— obliga a regular más y mejor, a realizar medidas emblemáticas, y a entregarle a la sociedad civil los instrumentos de acción antimonopólica como las acciones colectivas.

Abrir la economía en el ámbito público supone la deconstrucción de los monopolios estatales en todas las esferas, y centrar el esfuerzo de crecimiento en la infraestructura (en el sentido amplio, desde aeropuertos hasta WI-MAX), que tendrá un papel decisivo en la competitividad del país. Abrir la economía en el ámbito privado supone domar a los poderes fácticos, estatales y privados, económicos, sindicales, mediáticos y políticos, mediante particiones (break-ups), regulación, transparencia, competencia, ya no sólo en el frente de los bienes comerciables, como en el Tratado de Libre Comercio, sino también en los no-comerciables, sobre todo los servicios.

Otra razón central por la que la economía no crece es porque el crecimiento de la productividad se ha desplomado, respecto a Estados Unidos y también respecto a otros países de América Latina, no digamos de Asia. El problema no es que los mexicanos trabajemos o ahorremos menos que los demás países de América Latina. El problema es que el esfuerzo de nuestro ahorro y de nuestro trabajo rinde menos que en otros países. Si no aumentamos la productividad, no vamos a recuperar el terreno perdido con respecto al resto del mundo, ni vamos a crecer a tasas cercanas al 5% o 6%.

El estancamiento de la productividad, en especial de la productividad del trabajo, es lo que deprime el crecimiento de los salarios reales y limita el peso de la masa salarial en el PIB. Parte de ese estancamiento se debe a la falta de competencia. Otra parte deriva de que México tiene un mercado de trabajo particularmente distorsionado. El mercado de trabajo en México crea muchos empleos, pero muy pocos buenos empleos. Si no se quitan las trabas a la creación de empleos productivos, la mayor competencia no se reflejará en mayor productividad laboral, mayores salarios reales y un mayor peso de éstos en la riqueza nacional. A toro pasado puede decirse que uno de los grandes errores de Nafta fue una apuesta a la que la competencia externa en los mercados de bienes y servicios, por sí sola, sería suficiente para aumentar la productividad laboral y corregir las distorsiones en el mercado laboral.

Más de dos tercios de las empresas y más del 60% de los trabajadores del país son informales. En las empresas informales casi no hay capacitación laboral, adopción de tecnologías o innovación; esas empresas tampoco acceden al crédito de la banca comercial. Sobreviven porque evaden al SAT, al IMSS, al Infonavit y a casi todos, y para hacerlo mantienen tamaños muy pequeños (90% de las empresas tienen cinco o menos trabajadores). En la informalidad la productividad se estanca. El país no va a crecer sólo con el esfuerzo de un tercio de sus empresas y menos de la mitad de sus trabajadores.

Monopolios públicos, poderes fácticos, oligopolios privados
La agenda antimonopólica debe empezar por los únicos monopolios strictu sensu que existen en la República: los estatales, en particular de energía. La crisis abre la puerta para plantear una transformación radical de estas empresas y su apertura a la inversión privada, nacional y extranjera, minoritaria en ambas, pero suficiente para sujetarlas a reglas de transparencia y contabilidad internacionales (GAAP), derechos de accionistas minoritarios, fiscalización y vigilancia asociadas a la cotización en bolsa tanto en México como vía ADRs en Nueva York. Conviene recordar que es el caso de Petrobras desde 2001, el caso latinoamericano cuyo éxito celebra el mundo y miramos pasar sin tomar nota los mexicanos. La liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro ante la evidencia de su improductividad es un paso significativo en el rumbo correcto, pero está lejos aún de la transformación que se requiere. Un problema semejante de control y descontrol monopólico se presenta en los ámbitos de la salud, donde la tríada IMSS/ISSSTE/Secretaría de Salud es prestadora de servicios de salud casi única en el país, y en la educación, donde la red estatal atiende sin evaluación rigurosa ni competencia reguladora al 85% de los alumnos de educación básica.

El segundo tema estatal de la agenda antimonopólica se refiere a la relación del Estado con sus grandes sindicatos: maestros, electricistas, petroleros, burócratas federales y estatales, universidades públicas, trabajadores de la salud. Se trata, según como se hace la cuenta, de entre cuatro y 5.5 millones de trabajadores sujetos todos a un sindicalismo monopólico al que se pertenece no por elección sino porque los sindicatos son titulares únicos del contrato de trabajo. Éste incluye la cláusula de exclusión mediante la cual el sindicato puede exigir el despido del trabajador que no quiera pertenecer a él. La autoridad —la empresa pública, la dependencia, muchas universidades— retiene las cuotas sindicales, sin consultar a los trabajadores, entregándolas a las dirigencias sindicales, que la misma autoridad reconoce y legitima con la famosa toma de nota. Una medida clave contra este sindicalismo corporativo construido con la complicidad del Estado, sería suspender la retención de cuotas por el empleador gubernamental para volver a lo básico: que sean los trabajadores quienes individual y voluntariamente aporten sus cuotas a sus sindicatos. Además de restablecer la transparencia, la libertad y la democracia sindicales, esta medida cortaría el cordón umbilical que une al gobierno con el corporativismo. De mayor calado sería el fin de la cláusula de exclusión contenida en la Ley Federal del Trabajo, con la supresión de la diferencia entre sindicatos de apartado A (industria) y B (burócratas), así como el establecimiento de elecciones transparentes y la coexistencia de sindicatos en la misma empresa, como en Chile o Francia, eliminando asimismo la toma de nota.

Las redes sindicales del Estado son bastiones de atraso político por su falta de democracia interna y por su relación clientelar con las autoridades. Más que organizaciones gremiales, son fuerzas políticas sin cuyo acuerdo es prácticamente imposible transformar su sector. Y los sectores sumados de esos sindicatos son el corazón de la economía, del empleo y de la organización social mexicana. Su capacidad de encabezar los cambios es nula pero su capacidad de impedirlos es enorme. Hay un sindicato grande resistiendo cada una de las reformas grandes que requiere el país.

En el frente político, la agenda antimonopólica debe incorporar la apertura de las elecciones a candidatos independientes como opción ante el monopolio que detentan los partidos de la expresión electoral en México. Las candidaturas independientes acotan el monopolio de las nominaciones, abriéndolas a la sociedad. Parecen particularmente viables y necesarias en el ámbito local, donde el trayecto y el prestigio de un candidato puede suplir la falta de partido y vencer sin construir grandes aparatos. Parecen más difíciles de lanzar y sostener mientras mayor es el ámbito de sus pretensiones. Más allá de que puedan ganar o no sus elecciones, la sola presencia de candidatos independientes animaría el proceso con voces frescas, menos comprometidas con partidos e intereses previos, más capaces de inducir debates creativos y refrescar viejas agendas partidarias. Uno de los ejemplos contemporáneos más interesantes en esta materia reside en el éxito (ha rozado el 20% de la intención de voto) de la candidatura independiente de Marco Enríquez-Ominami en Chile, país con una tradición partidista mucho más arraigada que la nuestra. Después de 20 años de magníficos gobiernos de la Concertación, la ciudadanía se hartó de sus integrantes, sin dejarse convencer del todo por sus opositores. Enríquez-Ominami, joven diputado socialista con apellidos de doble abolengo político, buscó inscribirse en las primarias de la coalición de centro-izquierda; no lo dejaron, pero la ley chilena sí permite las candidaturas sin partido. Consiguió las firmas, y ha puesto en aprietos a la propia Concertación.

Desde el punto de vista empresarial, México es un país de cientos de miles de pequeñas empresas y un puñado de imperios corporativos con un dominio casi completo de su sector. Algunos de estos imperios son públicos, otros son privados. La propiedad no es lo esencial. El problema es la falta de competencia y de alternativas. El viejo sistema sobrevive perfectamente con empresas dominantes públicas o privadas. El grado de concentración del capital y de la actividad económica son elevados. Las 500 empresas mayores tienen ventas equivalentes al 80% del producto interno bruto. (En Estados Unidos, de acuerdo con Fortune, las 500 empresas más grandes en 2006 contribuyeron al 73.4% del PIB.) No hay espacio para nuevos tiradores. Lo dijo The Economist hace tres años: importar cemento, generar electricidad, buscar petróleo, poner una telefónica, abrir una tercera cadena de televisión o crear un banco competitivo (no vinculado a otra megaempresa) es prácticamente imposible en México.

Nadie se llama a engaño: no hay economía de mercado sin concentración del capital. Los marcos regulatorios, por rigurosos que sean, siempre son insuficientes. Si se quiere ir a la economía de mercado hay que ir también a la regulación del mercado. El reto fundamental en esta materia es dotar de autonomía y poderes a los entes regulatorios, empezando por la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), para que ejerzan con efectividad sus funciones. Se requieren instituciones reguladoras con dientes, capaces de iniciar acciones legales con sus investigaciones a través de la Procuraduría General de la República.

El poder de los entes regulatorios debe incluir toda la gama de facultades y sanciones para acotar las prácticas monopólicas, pero no serán verdaderas autoridades mientras no tengan la facultad de plantear la partición de empresas dominantes para garantizar el reinicio de la competencia en los distintos sectores, como ha sucedido en distintos momentos en Francia, Alemania y Estados Unidos, o de abrir la entrada de nuevos actores en mercados cerrados en los hechos. La partición de empresas con presencia excesiva en el mercado es parte de la historia del capitalismo mundial, empezando con el desmantelamiento de la Standard Oil de John D. Rockefeller en 1911 en Estados Unidos, gracias a la Ley Sherman antitrust. No tendría por qué no ser un expediente de la protección de la competencia en México, donde distintas empresas controlan porcentajes muy altos de su mercado. La telefonía fija tiene una concentración del 81.4%, la telefonía móvil del 74%, las audiencias televisivas de 68%, la producción del cemento de 49%, el comercio al menudeo de 54%, la de harina de maíz industrializada de 93%, la industria cervecera de 62%. Tres bancos concentran el 61.4% del mercado.

La regulación fuerte y con sentido debe desplazar a la regulación torpe que no lo tiene. El Estado debe desmontar draconianamente la gigantesca red de regulaciones que ha construido en estos años, la maraña de trámites que hacen que el tiempo promedio de apertura de un negocio en México sea de 57 días mientras en Canadá es de máximo tres y en Estados Unidos de cuatro.

Sólo una economía de mercado fuerte, abierta, competitiva, antimonopólica, podrá crear la riqueza y los empleos que prometen huecamente candidatos y gobiernos; sólo una economía pujante y en crecimiento podrá dar a la mayoría de los mexicanos la cosa simple y fundamental que buscan y por la cual emigran por millones de sus pueblos a las ciudades y de su país al norte: un empleo con qué ganarse la vida, una oportunidad de mejora para él y su familia. Conviene subrayarlo: la masa salarial como parte del PIB no sólo no ha crecido, sino que ha descendido en los últimos 30 años: en 1980 se encontraba en 39%; hoy se ubica en 30%, sin duda en parte debido a la informalización del empleo, pero también al magro crecimiento formal.

Productividad, inversión y ahorro son las palancas de la creación de riqueza. Pero hay poco dinero de inversión en el mundo y no se concentra en México. México debe abrir sus negocios monopólicos y oligopólicos a la inversión de dentro y sobre todo de fuera de su territorio. Nada de esto es posible si el país no se va convenciendo de cuál es su lugar en el mundo, para que estos cambios y otros se anclen en el orden internacional y obtengan a la vez apoyo internacional. México no podrá arraigar sus reformas adentro y recibir apoyo de afuera, mientras no resuelva de qué afuera se trata.

nexos.com.mx

(continuara)

Se busca una mujer

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Capitulo III

Harry no tenía en realidad mucho que decir. Estaba allí sentado con su bote de cerveza.
—¿Cómo está Laura? —preguntó.
—Oh —dijo Robert— ya no hay nada entre Laura y yo.
—¿Qué pasó?
—El eterno toque de vampiresa, siempre en escena. Era inexorable. Buscando tíos donde fuese… En el supermercado, en la calle, en los cafés, en cualquier sitio y con cualquiera. Ninfomanía. No importaba lo que fuese con tal de que fuese un hombre. Hasta con un tío que marcó un número equivocado. No pude aguantarlo más.
—¿Y ahora estás solo?
—No, ahora estoy con otra. Brenda, ya la conoces.
—Ah, sí. Brenda. Está muy bien.
Harry estaba allí sentado bebiendo cerveza. Harry nunca había tenido una mujer, pero siempre estaba hablando de ellas. Había algo enfermizo en Harry. Robert no puso mucho interés en la conversación y Harry se fue pronto. Robert se dirigió hacia el armario y sacó a Stella.
—¡Tú, condenaba puta! —dijo—, me has estado engañando ¿eh?
Stella no contestó. Estaba allí, mirándole fría y tranquilamente. Le pegó una buena bofetada. Se podía caer el sol antes de que una mujer fuese por ahí engañando a Bob Wilkenson. Le pegó otra buena bofetada.
—¡Eres un maldito coño! Te follarías a un niño de cuatro años si le pudieses poner la pililla dura ¿eh?
La abofeteó de nuevo, entonces la agarró y la besó. La besó una y otra vez. Entonces le metió las manos por debajo del vestido. Estaba bien formada, muy bien formada. Stella le recordaba a una profesora de álgebra que había tenido en bachillerato. Stella no llevaba bragas.
—Grandísima puta —le dijo—. ¿Quién se llevó tus bragas?
Su pené estaba en erección, apretado fuertemente contra el vientre de ella. Le subió el vestido por encima de los muslos. No había ninguna abertura. Pero Robert estaba terriblemente excitado. Metió el pené entre los muslos de Stella. Eran suaves y duros. Entonces eyaculó. Por un momento se sintió extremadamente ridículo, su excitación había desaparecido, pero empezó a besarla por el cuello y entonces le mordió un pecho sonriendo.
La lavó con la toalla de los platos, la llevó hasta el armario y la puso detrás de un abrigo, cerró la puerta y todavía tuvo tiempo de ver en la televisión el cuarto tiempo del encuentro entre los Detroit Lions y los L. A. Rams.

(continuara)

Te invito a un mate

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La intención esta ahí humeante y caliente. La intención de compartirse , de darse un poco de si, el mate compartido es una comunión de almas…
Te invito un mate es un ritual , es un llamado a el diálogo franco a el reencuentro con el prójimo.
Para tomar un mate es necesario una pausa, una confianza mutua, y mientras circula humeante, circula la vida con él….
El mate es la palanca de Copérnico, pues en el se apoyan los amigos para abordar temas difíciles de charlar francamente porque tocan temas sensibles del espíritu humano…Vení vamos a tomar un mate y charlamos….
Nos vemos entre mate y mate ….

Dos cuerpos

pintura de Santiago Carbonell
pintura de Santiago Carbonell

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

poema de Octavio Paz