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AUSENCIA

 La ausencia es algo más que el vacío. En el vacío hay una plenitud de equilibrio, un espacio necesario, colmado de lo que no existe. La ausencia deja un hueco que denuncia la falta, la fustiga delimitando sus contornos. El vacío es una conquista, la ausencia es derrota, es el rechazo al tiempo y el espacio. La silla de Van Gogh, esa pintura tan vista y recurrida, es un autorretrato y es ausencia, el pintor que se niega y se describe abandonando a su propio ser, despidiéndose de quién esdejando el despojo del mueble que lo resguardaba con reposo y pertenencia. Pinta a la silla manifestando su inutilidad, él que ya no es, no necesita habitar un lugar, darle tiempo, el presente es lo único que tenemos, “Si todo el tiempo es eternamente presente, todo el tiempo es irredimible”, canta T. S. Elliot. El silencio del vacío es paz que reverbera en su consagración, el silencio de la ausencia es castigo, es la falta de lo esperado, saturado por la privación y el hambre. 
 

En el Acantilado de Etretat de Gustave Courbet, la arrogante roca contempla la indefensión de la barca en la playa, su cuenca que valiente dió destino a su  pasajero yace ahí, sola, recordando que finalizó su historia, cumplió y ya no es necesaria, se queda desposeída, esperando el regreso, ser otra vez compañera protectora, ignora que el pasajero eso es, alguien que ha pasado sin mirar lo que deja. Courbet, sensual habitante del paisaje, que ama y provoca en voluptuosas composiciones, en esta obra pinta el desafecto, podemos pensar en un viaje largo, inconcluso sin motivo, porque viajamos para estar en perpetuo trayecto, abandonar la nave es renunciar a esa aventura de dar la vida al presente “el fin precede al principio” me recuerda T.S. Elliot. La realidad se transcribe en el arte, la obra interpreta lo que nos hostiga ingobernable, en la pintura, en la poesía se manifiesta y adquiera la profundidad del reposo que nos permite pensar. La obra es asimilación, el abismo de la ausencia se dimensiona. Los momentos dejan de ser densa privación, y permiten la contemplación, abrir  la mirada al espejo que no responde con  el rostro, y habla con la evocación simbólica, la vida es una experiencia condensada en claves y misterios.  

Llevar y guiar mientras se es guiado, el cuerpo son dos seres tan unidos que los sentimientos evitan los verbos, y nacen impregnados en la estancia del presente, el Caballo Blanco de Velázquez, levanta las patas delanteras, su cuerpo fuerte, hermoso, carga la ausencia de su jinete. La pareja cómplice, que se sabían en su fuerza y entrega, está fragmentada, la silla y las bridas son docilidad amatoria que ofrece su poder al que monta, lo hace más que humano, lo eleva en arma, guerra, aventura o baile. Desorientado, sin camino, para él no hay a dónde ir cuando va solo. Vaticina el sabio poeta “En el comienzo está mi fin”, el jinete desciende, dejando su sudor en la silla, el reflejo de la presión de sus piernas, es el final, el caballo  se alza orgulloso, doliente, mutilado. 

PUBLICADO POR AVELINA LÉSPER 

http://www.avelinalesper.com/

Pinturas de Alfonso Albacete

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Las moscas hacen mucho más que molestarnos

Por cada persona que habita en este planeta hay 17 millones de moscas. Estos insectos polinizan las plantas, devoran cadáveres en descomposición, se comen los residuos de nuestros drenajes, dañan los cultivos, propagan enfermedades, matan arañas y cazan libélulas.

Algunas moscas incluso han perdido sus alas para vivir de forma exclusiva de sangre de murciélago y se pasan la vida escabulléndose en el pelaje de sus huéspedes, saliendo únicamente para parir una sola larva.

“Por eso me encantan: hacen de todo. Llegan a todos los lugares, son ruidosas y adoran tener sexo”, señaló Erica McAlister, curadora de dípteros —moscas, para quienes no son especialistas— en el Museo de Historia Natural de Londres.

McAlister plasmó su amor por los dípteros con The Secret Life of Flies, un libro breve y rico que en ocasiones es informativo y en otras humorístico, y que es tanto un himno de alabanza a sus criaturas favoritas como un alegre intento de generar escalofríos en los lectores.

Su libro también es la fuente de la cifra de 17 millones que, según señaló su autora, solo es un cálculo.

 
Erica McAlister, curadora de dípteros en el Museo de Historia Natural de Londres y autora de “The Secret Life of Flies” CreditElizabeth Dalziel para The New York Times

Al igual que otros autores que han tratado el tema de las moscas, McAlister tiene en mente algo más que diversión. Desea recordarle al mundo la importancia que tienen las moscas para la humanidad y el planeta. No solo son unos insectos para aplastar.

Sin ellas no existiría el chocolate, por ejemplo. McAlister odia el chocolate pero ama el tipo de mosca que poliniza la planta del cacao: una variedad de jején. Los jejenes son insectos pequeñitos que se alimentan principalmente de sangre, pero a los jejenes del chocolate les gusta el néctar y transportan el polen de una planta a otra.

De hecho, los jejenes son parte de la especialidad de McAlister. Ella adora a todas las moscas pero se enfoca en los dípteros que se encuentran en lo más bajo del grupo, donde se incluye a los mosquitos, las moscas negras y eso que ella describe como “todo lo que pica, aguijonea y es feo”.

 
El jején del chocolate, a la izquierda, y la “Goniurellia tridens”, una mosca de la fruta del Medio Oriente cuyos patrones en las alas parecen insectos o, según la percepción de McAlister, arañas. CreditMuseo de Historia Natural, Londres

Su vida entre las moscas incluye tanto labores en el museo como investigación de campo. Este es el trabajo de sus sueños. McAlister recuerda la primera vez que estuvo tras bambalinas en el museo, como estudiante, antes de trabajar aquí. “Me dejaron entrar a un edificio que tenía 34 millones de insectos. Dije: ‘Ah, qué tal, me caen bastante bien’”.

La fascinación de McAlister comenzó durante su niñez. “Solía quitarle las pulgas a los gatos”, dijo y contó que las observaba con un microscopio que sus padres le habían regalado. Pero pronto pasó a insectos más horripilantes.

Los cadáveres en descomposición de algunas criaturas pequeñas, que también eran cortesía de los gatos, eran los tesoros escondidos de las cresas (conjunto de huevos de insectos) con los que se sigue deleitando. “Me gusta mucho el lado oscuro de la naturaleza”, dijo, justo antes de comenzar a hablar de la vida de las moscas que matan arañas.

Las larvas “se lanzan sobre las arañas” para aterrizar sobre ellas y escarbar en su abdomen. Luego se comen a la araña de adentro hacia afuera. Pero si las arañas no han madurado, las larvas entran en hibernación unos cuantos años hasta que la araña crece y se convierte en un banquete.

 
Una holocéfala, o mosca salteadora, cuyos enormes ojos y aguda visión le ayudan a alimentarse de cresas más pequeñas (grupos de huevos de insectos) y otros organismos como los colémbolos. CreditMuseo de Historia Natural, Londres

La especialista cuenta una de sus pocas decepciones: “Todavía me hace falta tener mi propio éstrido”, dice. Se refiere a que, aunque pasa mucho tiempo en el trópico, ninguna mosca ha desovado en sus brazos o piernas de forma que la larva pida prestada su piel y se desarrolle hasta convertirse en un gusano notoriamente doloroso y que causa comezón antes de salir.

Muchas moscas le hacen un gran favor al planeta —y a nosotros— al limpiar toda clase de residuos biológicos, desde cosas inútiles hasta el limo de las cañerías. Las moscas del drenaje, llamadas psicódidos, en realidad se dedican a limpiar las porquerías del ser humano. Pero en ocasiones se presenta una explosión demográfica que hace que los adultos emerjan, lo cual es muy molesto; si los cuerpos se desintegran en pequeñas partículas en el aire, se vuelven potencialmente dañinos para la salud humana.

Y, por supuesto, hay moscas que se alimentan de cadáveres: las 1100 especies diferentes de moscardas, las moscas favoritas de los programas de detectives. Las cresas de esas moscas, al igual que la atractiva larva de la mosca azul, devoran los cadáveres de ratones, hombres y todo lo demás.

Saber cuáles especies depositan sus huevos y durante qué etapa de la descomposición puede ayudar a determinar el momento en que una persona se convirtió en cadáver.

 
Micrografía a color de una cresa de mosca azul CreditEye of Science, vía Science Source

Dentro de la ciencia, las moscas son uno de los grandes sujetos de estudio de laboratorio. En particular la Drosophila melanogaster, más conocida como mosca de la fruta, aunque McAlister señala que de hecho pertenece a un grupo llamado moscas del vinagre.

Es fácil trabajar con ellas y comparten el ADN básico de todos los seres vivos. Históricamente han proporcionado gran parte de los principios de la genética moderna. Y ahora podrían ayudarnos a comprender mejor la neurociencia y otros ámbitos.

Recientemente, científicos del Instituto Salk reportaron que sus estudios sobre la manera en que trabaja el cerebro de la mosca pueden mejorar los motores de búsqueda en internet. En el Instituto de Investigación Janelia del Instituto Howard Hughes en Virginia se busca desarrollar un diagrama de conexiones del cerebro de la mosca y luego determinar, con el mayor detalle posible, cómo piensan.

Vivek Jayaraman, quien dirige ese laboratorio, cree que las moscas no reaccionan únicamente por instinto. Su cerebro toma decisiones con base en información proveniente de muchas fuentes: el olor, la memoria, el hambre y el miedo, por ejemplo. Y desean descifrar todo ese proceso, neurona por neurona. “Podríamos analizar a la mosca de un extremo a otro”, explicó.

McAlister reconoce la importancia de la Drosophila, aunque con un poco de renuencia. A ella le interesan las otras miles de especies de moscas, desde el Ártico hasta el Antártico, desde las depredadoras que matan libélulas hasta las diminutas Sciaridae, o moscas del mantillo. Existen 160.000 especies conocidas de moscas y los entomólogos solo pueden tratar de adivinar la cantidad de especies que desconocemos, que oscila entre los cientos de miles y los millones.

 
La mosca de la fruta, también conocida como “Drosophila melanogaster”, es indispensable en el estudio de la genética: los seres humanos comparten con ese insecto el 75 por ciento de los genes que causan enfermedades. CreditDominic Hart/NASA

Marlene Zuk, bióloga evolutiva en la Universidad de Minnesota y divulgadora científica en favor de los insectos, no podría estar más de acuerdo. Zuk, cuyo sujeto de estudio es el grillo, también estudia a la mosca parasítica que deja sus larvas en ellos.

La llamé para hablar de las moscas. “Caray”, exclamó: “¡nunca te preguntan cuál es tu mosca favorita!”.

Pero Zuk mencionó rápidamente cuál era su mosca menos favorita. “A las moscas se les odia por culpa de la Drosophila”, dijo. “Pero las moscas son asombrosamente diversas”. Mencionó lo valiosa que es la investigación de la moscarda e hizo referencia a un ensayo clásico y luego a un libro acerca del hambre en la moscarda, escrito por Vincent Dethier.

El ensayo mostraba el proceso fisiológico que le avisaba a la larva de la moscarda que había comido suficiente, por el momento, de cualquier cosa muerta que hubiese estado ingiriendo. Dethier también escribió un libro que podríamos llamar de culto: To Know a Fly. Eso si asumimos que se pueden considerar de culto a los entomólogos y sus parásitos.

En realidad las moscas son musas prolíficas, además de tener otras cualidades. Sobre el grupo de las Drosophila están A Fly for the ProsecutionThe Life of the Fly y Lords of the Fly, entre muchos otros trabajos.

McAlister contó que su trabajo y su libro han asombrado y han complacido a sus familiares, incluyendo a una tía que está bastante feliz de contar con una autora en la familia. “Al principio mis padres estaban confundidos”, dijo. “Pero fui la hija del medio y dejaron que me dedicara a lo mío”. Con el tiempo se dieron cuenta de que lo había hecho bien.

La apariencia de las moscas puede ser tan asombrosa como su conducta. Una mosca de la fruta de Medio Oriente tiene patrones en sus alas que parecen arañas. Nadie sabe por qué. Otra mosca, la Achias rothschildi, debe tragar aire para inflar los tentáculos de sus ojos cuando emerge como adulta por primera vez.

 
De izquierda a derecha: la mosca pulga del murciélago, cuyas garras le ayudan a sostenerse del pelaje del murciélago; una mosca sarcosaprófaga y una mosca Rothschildi CreditMuseo de Historia Natural, Londres

McAlister apunta en su libro que incluso su afinidad hacia las moscas tiene un límite. El cambio climático podría afectar a las moscas caseras, por ejemplo. De acuerdo con una proyección, la población podría aumentar hasta un 244 por ciento para 2080.

“Son demasiadas moscas”, escribió, “incluso para mi gusto”. Se cree que muchas especies de insectos también sufrirán a causa del cambio climático. Un ensayo reciente que analiza a todos los insectos reportó un aparente descenso que podría relacionarse con el calentamiento global.

Existen infinidad de misterios en el mundo de las moscas. Algunos son enormes, como, por ejemplo, cuántas especies hay en realidad, y hay enigmas más pequeños como el del insecto con la cabeza naranja, la mosca sarcosaprófaga. Come cadáveres, pero solo algunos, y sale de noche durante el invierno. Esta mosca se creía extinta pero se redescubrió hace unos años. ¿Será cierto que su cabeza brilla en la oscuridad cuando se aparea?

McAlister hace lo que puede para reclutar a una nueva generación que resuelva estos acertijos haciendo un llamado al mismo instinto que la llevó a buscar el botín de la caza de los gatos domésticos.

“Le hablo a los niños acerca de las cresas y la descomposición y por qué todo eso es divertido”, cuenta. Más tarde, uno de ellos convenció a su padre para que dejara un pollo podrido en el patio y que colocara un iPhone en las cercanías para registrar en video cómo latía con la energía de sus consumidores.

Padre e hijo enviaron el video a McAllister con el afán de contribuir. Ella ve el lado positivo: “Esperemos que, al inspirar a este niño a tener un pollo en descomposición en su jardín, se haya despertado su interés”.

El futuro de la dipterología depende de este tipo de compromisos.

 
McAlister con un espécimen de “Gauromydas heros”, o mosca Midas, la mosca más grande que se conoceCreditElizabeth Dalziel para The New York Times

https://www.nytimes.com/es

Michael Murphy

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El langostino rajado, el queso y otras plagas

El maltrato que sufre el langostino es una de las grandes epidemias que sufren las cocinas de América Latina

Gambas fritas sobre un 'carpaccio' de limón con salsa.
Gambas fritas sobre un ‘carpaccio’ de limón con salsa. GETTY

 

¿Quién decidió quitarle la tripa al langostino? Es un dato que se me escapa, aunque me preocupa menos que encontrar el motivo que animó un gesto repetido cada día en la inmensa mayoría de las cocinas latinoamericanas. Descabezan el langostino, arrancan las patas, retiran el caparazón que cubre la cola y, en un gesto de matarife consumado, le aplican un corte de punta a punta para extraerle el intestino, de color negro. El resultado salta a la vista, tanto como las consecuencias. En cuanto le aplicas calor, el corte ofrece una vía de escape al líquido que contiene la carne, secándola en pocos segundos hasta transformar el langostino en un ingrediente inútil para cualquier preparación mínimamente cuerda. La defensa del gesto suele ser furibunda y esgrime motivos sanitarios. Los mismos que se ignoran cuando se trata de langostas y otros crustáceos, como esa pequeña gamba rojiza habitual en Chile o el tradicional camarón de río peruano (nada que ver con el langostino de agua dulce, cultivado casi por todos lados). Tampoco se aplica a las jaibas, cangrejos de mar, arañas, centollas y otros paisanos que se cocinan y a menudo se comen enteros en toda la región. Nadie sabe por qué le tocó al langostino, pero el maltrato que sufre es una de las grandes plagas que sufren las cocinas de América Latina.

Hay algunas más. Unas son de largo recorrido y de larga trayectoria —el flagelo de los purés entre ellas— y otras son importadas, como la epidemia de chorretones de vinagre balsámico —¿quién dijo Módena?— que inundan la cuarta parte de las cocinas con pretensiones. El aceite de trufa es la última. Pocos productos tan invasivos, absurdos y mentirosos como él. Salvo rarísimas excepciones, un producto de laboratorio asentado en una fórmula química sin la menor relación con la trufa. Su presencia recorre las cocinas locales, cobrando todavía más fuerza con la proliferación de los cultivos truferos en tierras de Chile. Es un producto tan invasivo y empalagoso que aniquila todo lo que toca, trastocando la naturaleza de sus compañeros de viaje e imponiendo su aroma por medio comedor: como a hojas húmedas cuando se trata de trufa negra y a gas metano si el dislate toma la trufa blanca como referencia. Inconfundible. Y tan persistente que te acompaña mucho más allá de la comida. Lo sufrí hace bien poco en un itamae de moda en Santiago de Chile, donde lo rociaron sobre unos nigiri de panza de salmón, a razón de dos pipetas por pieza, convirtiendo la experiencia en una aventura inolvidable.

Ay, el salmón. Llego al restaurante de lujo y cuando la carta llega a los pescados me rindo a lo inevitable: salmón, tilapia y el detalle postrero de la corvina. No es el mejor pescado del mundo, pero la categoría de sus compañeros de viaje lo convierte en el paradigma del glamour culinario. Lo viví hace unas semanas en Bogotá, aunque la historia se repite en Cartagena, sobre la costa del Caribe, o en Medellín, bien al interior. La vecina Panamá no se queda muy atrás: dos océanos no bastan para escapar al dominio del salmón chileno, criado a 6.000 kilómetros de allí. Buenos Aires también se apunta a la plaga. Otro país asomado al mar —casi 5.000 kilómetros de costa— con sus cocinas volcadas en el culto a un intruso criado entre prácticas equívocas en aguas del Pacífico sur, justo al otro lado del continente. El salmón es dueño y señor de las cocinas latinoamericanas, sobre las que impone un mandato que muestra ante todo desprecio hacia los productos del mar y un peculiar fervor por la vulgaridad. Ni siquiera Lima escapa a la plaga cuando te acercas a la cocina nikkei.

 

Y luego está el queso, haciendo estragos en la mitad de los recetarios latinos para igualarlo todo y uniformizar los sabores. Gracias al fervor por el parmesano y esa legión de sucedáneos que usurpan su nombre, la macha toma el mismo sabor que la concha —vieira, ostión— o las almejas. El queso no hace distingos, lo inunda todo. Las sopas y los arroces, los platos de carne, los mariscos y los pescados. Viene a ser como el aceite de trufa de los pobres.

IGNACIO MEDINA

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La viñeta de Malagón

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Malag on line

Fantasmas despiertos

El populismo que Evita Perón inventó en Argentina sigue vivo en Venezuela con el chavismo

Eva Perón saluda a sus seguidores durante un acto público en Buenos Aires EN 1950.
Eva Perón saluda a sus seguidores durante un acto público en Buenos Aires EN 1950. AP

Hay un parentesco directo entre lo que podríamos llamar el modelo chavista, copiado con variantes en Nicaragua, Bolivia o Ecuador, y el peronismo de mediados del siglo pasado en Argentina. Sólo que Chávez se valió solo, como cabeza única, y el general Perón necesitó del auxilio invaluable de su esposa, la Evita icono de musicales, novelas y posters, entronizada en los mismos altares donde se venera al Che Guevara, a John Lennon o a Marilyn Monroe.

Ella inventó la insignia del populismo: abrir las arcas del Estado para dar, sin control ni medida, haciendo de la beneficencia pública una gran función de Estado envuelta en una formidable parafernalia. Una gran caja chica donde el benefactor también puede meter las manos para su propio beneficio. La caridad con categoría institucional, para atraer la adhesión política de los desposeídos, que al recibir algo despiertan en los demás la esperanza de que también van a ser parte del magnánimo botín, aunque nunca les llegue el turno de recibir una máquina de coser, una cama, una beca, unas bolsas de cemento, un techo de zinc, unas aves de corral, una vaca parida.

En la Fundación Eva Perón, creada en 1948 como una gran maquinaria demagógica de regalar muñecas y triciclos para los niños, muletas y prótesis a los ancianos, bicicletas y cocinas, sin que las estructuras sociales dejaran de ser tan injustas como siempre, está la raíz de todo lo que hemos conocido como socialismo del siglo XXI, multiplicado con creces por Chávez y sus imitadores populistas.

Evita se valió para sus dispendios colosales de las reservas de oro de Argentina, entonces las más grandes del mundo; Chávez, ya lo sabemos, del petróleo de Venezuela, también las reservas más grandes del mundo. Y ambas economías, que parecían inconmovibles, quedaron en quiebra.

Pude ver algo de lo que son estas raíces del populismo en mi visita al Museo Evita en Palermo, que ahora funciona donde estuvo el Hogar de Tránsito número 2, destinado a socorrer a las mujeres necesitadas y a sus hijos. Esta era una de las decenas de instituciones de caridad que la Fundación tenía abiertas en Buenos Aires. Cuando Evita lo inauguró en 1948 como asilo, en su discurso ofreció a las mujeres y niños “una puerta abierta, una mesa tendida, una cama limpia”, y “consuelo y estímulo, aliento y esperanza, fe y confianza en sí mismo, hasta tanto la ayuda social les encuentre trabajo y vivienda”.

Regaló muñecas y triciclos para los niños, muletas y prótesis a los ancianos, bicicletas y cocinas, sin que las estructuras sociales dejaran de ser tan injustas como siempre

La Fundación Eva Perón es el modelo de las Misiones de Chávez. Manejaba además de albergues, una red de hospitales y clínicas, dispensaba becas de estudio, pagaba subsidios, era también una agencia de empleos y, sobre todo, regalaba a manos llenas. La gente hacía largas filas desde la madrugada para pedirle personalmente a Evita y, quienes lograban llegar ante ella antes de que se cerraran las puertas, no salían con las manos vacías. Era una minoría de beneficiarios entre millones de pobres y necesitados, pero los diarios, las revistas oficiales y los noticieros de cine multiplicaban su número.

El Museo Evita enseña cómo funcionaba el albergue de acogida, un dechado de abundancia: en la cocina, amplia e iluminada, unos bifes plásticos se doran en las parrillas. También hay ejemplos de los programas sociales del peronismo: un refrigerador Siam para cada familia obrera, y se exhibe uno con la puerta abierta, lleno de alimentos, sin faltar una botella de champaña.

Y piezas de propaganda política: folletos con discursos de los esposos, cartillas escolares que los ensalzan, documentales donde aparecen ambos en el balcón de la Casa Rosada, la voz estridente de él, la aguda voz de ella, y la multitud que agita sus banderas y carteles y enronquece de gritar. También se exhiben ejemplos del glamour de Evita, y es lo que más abunda en las vitrinas: sus trajes de gala y de calle confeccionados por Jacques Faith, Pierre Balmain, Marcel Rochas; zapatos exclusivos, sombreros de variadas texturas; perfumes Caron y Schiaparelli en frascos de baccarat.

Una demanda de la masa de pobres partidarios suyos, sus “cabecitas negras”, argumentaba ella: le exigían que al representarlos no faltara el lujo, porque eso los dignificaba. Sus pobres. Los otros, si no eran contados entre los fieles de carnet, no recibía nada; el objetivo era mantener aceitado el mecanismo de adhesión al peronismo, para que las plazas pudieran llenarse.

En los viejos documentales ambos parecen fantasmas. Perón y Evita en blanco y negro, ya tan antiguos. Pero fantasmas sin quietud, que no dejan de resucitar.

Sergio Ramírez es escritor, Premio Cervantes de 2017.

https://elpais.com

Forges

Forges

Descubren a Billy el Niño en una foto antigua junto al sheriff Pat Garrett

El ferrotipo estaría fechado en 1880 y valdría millones de dólares

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Frank Abrams, un abogado de Carolina del Norte apasionado por la historia, compró en 2011 por solo 10 dólares un ferrotipo del Viejo Oeste que podría valer millones. Los expertos han comprobado que en esta imagen fue inmortalizadoBilly el Niño junto al hombre que lo mató, el sheriff Pat Garrett.

La imagen, tomada mediante una rudimentaria técnica fotográfica que utilizaba placas de metal, muestra a cinco rudos vaqueros que miran de frente a la cámara. A Adams le llamó la atención cuando la vio en un rastrillo de Ashville (Carolina del Norte) y decidió pagar los 10 dólares que pedían por ella. Durante años estuvo colgada en la pared de su habitación de invitados como decoración.

La noticia del hallazgo en 2015 de un ferrotipo con la imagen del mismísimo Billy el Niño hasta entonces inédita despertó la curiosidad del abogado estadounidense. En aquella se veía al legendario pistolero jugando al croquet a finales del verano de 1878 en Nuevo México junto a familiares, amigos y miembros de su banda, los Reguladores, con los que participó en la sangrienta guerra del Condado de Lincoln.

Billy el Niño (izda) jugando al croquet en un ferrotipo descubierto en 2015
Billy el Niño (izda) jugando al croquet en un ferrotipo descubierto en 2015-KAGIN’S

Hasta entonces, la única fotografía que se conocía de Billy el Niño era un ferrotipo captado en Fort Sumner (Nuevo México) en 1880. En la placa, que fue vendida en 2011 por 2,3 millones de dólares (1,6 millones de euros), el famoso forajido mira a la cámara de pie, apoyado en su winchester de repetición.

Abrams se interesó por la figura de Billy el Niño y descubrió con sorpresa que un personaje le resultaba familiar. «¡Dios mío, se parece a Pat Garrett!», se dijo al ver de nuevo la placa que había comprado.

Si aquel era el famoso sheriff del condado de Lincoln, ¿era posible que el joven sentado a su derecha fuera Billy el Niño? Convencido de que así era, viajó a Nuevo México para conocer más detalles sobre el ferrotipo.

«Muchas probabilidades»

Abrams contactó a Robert Stahl, profesor emérito jubilado de la Universidad Estatal de Arizona que conoce bien la historia de Billy el Niño. Stahl solicitó a la Corte Suprema de Nuevo México en 2015 el certificado de defunción del bandido, cuyo nombre real era William Bonney, según afirmó Abrams a la Associated Press en una entrevista telefónica.

En opinión de Stahl, había «muchas probabilidades» de que el de la foto fuese Garrett, pero no estaba seguro de si el otro era Billy el Niño. El profesor le animó a Abrams a que consultara con más expertos y dejara que analizasen la imagen.

«Para mí, es uno de los ferrotipos del Viejo Oeste más interesantes y de mayor valor histórico», sostiene.

Billy el Niño
Billy el Niño – REUTERS

Según una declaración escrita de un experto forense de Los Ángeles, un software de reconocimiento facialreveló que era muy probable que Garrett y Billy el Niño figurasen en la foto. Un experto en caligrafía de Texas comparó una firma de Garrett en la foto con diez documentos que se sabe fueron escritos por él y confirmó que las escritura era de la misma persona, de acuerdo con una carta ante notario.

Tras meses de análisis y estudios, Abrams relató a la KRQE-TV de Albuquerque que varios le dijeron que era probable que el ferrotipo fuese de 1879 o 1880. En la imagen figura la fecha del 2 de agosto de 1880, antes de que fuera arrestado el pistolero y antes de su fuga del Palacio de Justicia del condado de Lincoln. ¿Qué estaba haciendo Pat Garret posando junto a Billy el Niño? Es un misterio que Abrams ha asegurado a KRQE que está decidido a resolver.

Billy el Niño y Pat Garrett fueron buenos amigos hasta que el último fue nombrado sheriff del condado de Lincoln. Garrett terminó matando de un tiro al pistolero en julio de 1881.

«Es increíble … Cinco viajes por todo el país, expertos forenses, profesores lo han analizado, otros lo han visto… Es … estoy extasiado. Me siento como una de las personas más afortunadas del mundo. Encontrar esto es un privilegio», dijo Abrams a la televisión KRQE de Albuquerque.

Expertos estiman el valor de la imagen en más de 5 millones de dólares, pero Abrams no pretende venderla, de momento. «Tal vez algún día sea rematada en algún sitio. Ya veremos», dice este abogado interesado por la historia y sus anécdotas.

De momento ya no cuelga de la pared. Abrams la guarda en una caja de seguridad y no viaja con ella.

http://www.abc.es/cultura