Bang Bang

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Ariana Grande era, hasta ayer, una portavoz del mundo rosa metalizado de la preadolescencia. En su registro, el de una joven estrella del pop que triunfó en las series azucaradas para niños, los ­tacones se llevan con calcetines cortos, las colas de caballo son muy altas y se estilan traseros como Cadillacs –así lo canta en Bang bang, desinhibida y sexua­lizada: “Bang bang en la habitación (sé que lo quieres) / Bang bang encima de ti (te dejaré tenerlo)”. Sus letras hablan de chicas malas que consiguen que “tu mente explote”, de amores peligrosos a lo Bonnie & Clyde y de feminismo chic. Venden una transgresión tácitamente aceptada en el mercado teen –en España los llamados millennials suman cinco millones de consumidores–, tan audaz como mimado por las marcas. En los ­videoclips de Ariana, en Break free por ejemplo, aparecen monstruos con armas que fulminan a quien les da la gana con rayos verdes. No se trata de indios y vaqueros, pero sigue reproduciéndose el esquema maniqueísta de buenos y malos, mezclando inocencia con se­ducción.
Ayer el mundo rosa metalizado de Grande saltó por los aires en Manchester, ante miles de chavales que apenas se han desperezado de la niñez y que aún no conocen el significado de la palabra atentado. Ver reflejado el terror en la mirada de un niño te horada por dentro. Hay devastación en ello. Como pisar un jardín recién cultivado. En la radio buscaban precedentes comparables y recordaron aquella escuela de Beslán donde murieron 186 niños en el año 2004, o un colegio judío en París atacado hace un lustro. Pero, en Manchester, los terroristas no sólo detonaron una sangrienta bomba entre los más vulnerables, jóvenes que ignoran la yihad salafista y su califato de terror, ajenos también a la creciente islamofobia, chicos que quizás sí sepan que cerca de trescientas estudiantes fueron secuestradas en una escuela nigeriana y que más de cien siguen en manos de sus verdugos tres años después sin que la inteligencia internacional haya sido capaz de encontrarlas. La bomba, que explotó en una atmósfera peinada de risas y efectos especiales, cayó sobre el estilo de vida occidental, sobre los padres que llevan a sus cachorros a conciertos, sobre las madres que siguen sus mismos pasos de baile, sobre las letras tontorronas y picantes, sobre la vida ligera e instagrameada. También cayó sobre los valores que asientan la democracia.
Y además de cobrarse dolorosas víctimas, agranda más la brecha entre los partidarios de la integración multi­cultural y los que quieren volver a le­vantar muros. El terrorismo siempre ha ­sido sinónimo de un mundo cerrado con candado. Su llave es la libertad.
JOANA BONET

http://www.elboomeran.com/blog

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Pensamientos no tan malos

Santiago Rusiñol (1861-1931)

Si los jueces fuesen juzgados después del juicio, algunos de ellos irían a prisión.

El escritor que cuida demasiado el estilo lo hace porque tiene pocas cosas que decir; el que no lo cuida nada, mejor sería que no las dijera.

Quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla.

Llamar hábil a un artista es censurarlo, llamárselo a un político es alabarlo.

La urbanidad es el conjunto de reglas para hacer más llevadera la estupidez,

La mejor época del matrimonio es el principio y el final. La peor son los treinta años de intervalo del consorcio.

(Santiago Rusiñol, Máximas y malos pensamientos. Piensa mal y no errarás. Traducción de Francisco Fuster, Vaso Roto Ediciones, 2014).

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Una venus atrapamoscas robótica capaz de atrapar objetos

Conseguir que un robot blando actúe de forma autónoma era todo un desafío. El dispositivo identifica el objetivo por las variaciones de luz y desata una respuesta automática.

Una venus atrapamoscas robótica capaz de atrapar objetos
Una venus atrapamoscas robótica capaz de atrapar objetos Arri Priimagi et al.

Flores carnívoras robóticas que atrapan insectos artificiales. No es una escena del remake de “Blade runner”, sino el experimento que ha realizado el equipo de Arri Priimagi y que describe este martes en la revista Nature Communications. El trabajo presenta un dispositivo robótico blando que imita la forma de actuar de la conocida venus atrapamoscas (Dionaea muscipula) y es capaz de atrapar objetos que pasan por sus cercanías al detectar el cambio de luz.

Los autores han utilizado materiales que cambian de forma al recibir un estímulo luminoso, el concreto un elastómero de cristal líquido con una fibra óptica que permite prescindir de una estimulación externa y le da autonomía. La fibra óptica actúa iluminando el objetivo y es la luz reflejada sobre este la que hace que el elastómero se ponga en marcha y se doble. Cuando se mueve, el material es capaz de capturar objetos de pequeño tamaño con diferentes formas, incluidos “insectos artificiales” (pequeñas partículas que reflejan la luz) cuando entran en su campo de “visión”.

Según sus autores, el dispositivo es capaz de atrapar objetos con una masa cientos de veces superior al propio robot. Una vez que la luz se apaga, el objeto es liberado. La intención es abrir el camino a la fabricación de micro-robots “blandos” capaces de reconocer objetos y reaccionar para realizar pequeñas tareas. hasta ahora, automatizar estos dispositivos era todo un reto debido a la ligereza y fragilidad de los materiales.

Referencia: A light-driven artificial flytrap (Nature Communications) DOI 10.1038/ncomms15546

http://www.vozpopuli.com/next

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Conquistados por el estómago: un puñado de bacterias ‘deciden’ cada día qué es lo que nos apetece comer

Hay un viejo chiste de psicólogos en el que una rata de laboratorio le dice a otra “¿Sabes? Creo que he condicionado al investigador: cada vez que le doy a esta palanca, me da de comer”. Parece una provocación, pero tiene sentido. Y si lo entendemos en un sentido amplio, mucho sentido.

Una idea parecida estaba detrás de la famosa metáfora de “El gen egoísta” y la que asoma de este estudio sobre cómo ciertas bacterias intestinales ‘controlan’ la dieta de sus huéspedes. Un descubrimiento que puede abrir todo un mundo de posibilidades

¿Que qué te apetece comer hoy? Pregúntale a tu intestino

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No es ningún misterio que la alimentación cambia (modifica o influye en) el equilibrio del intestino. No todas las bacterias que tenemos ahí (y que nos ayudan en distintos procesos digestivos) necesitan los mismos nutrientes: la pizza hawaiana favorece a unas y el cocido maragato a otras. Eso hace que nuestra alimentación cambie la composición de bacterias.

Pero lo que acaba de descubrir un grupo de investigadores es que esos equilibrios se retroalimentan: la flora intestinal tiene mecanismos que consiguen alterar directamente la dieta de los huéspedes. De esta forma, esas bacterias ayudan a equilibrar la dieta y ajustarla a las necesidades.

Todo parece indicar que la coevolución entre bacterias y huéspedes ha permitido esta “simbiosis”: el misterio es cómo ciertos microorganismos ayuden detectar qué nutrientes nos faltan y cómo nuestro cerebro interpreta esas señales.

¿Qué come la mosca del vinagre?

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El equipo de investigadores ha hecho sus trabajos con la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster). A distintas poblaciones de la mosca se les dio distintos tipos de nutrientes y, posteriormente, se les dio a elegir entre distintos tipos de comidas. En este caso, las moscas escogían correctamente el tipo de comidas que contenían los nutrientes que les habían sido retirados.

Las moscas del vinagre (sin bacterias) dejaban de comer proteínas, aunque las necesitaran

Pero, en cambio, si se retiraban distintas bacterias del intestino de la mosca, las moscas tenían grandes dificultades para alimentarse correctamente.

Esto es así porque las bacterias intestinales “parecen inducir algún tipo de cambio metabólico que influye directamente sobre el encéfalo y el organismo y que simula un estado de saciedad proteínica”, explicaba Zita Carvalho-Santos, miembro del equipo

Nuevos caminos para la dieta del futuro

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¿Tiene aplicación directa en humanos? No, aún no. Y no porque la idea no sea buena, ni porque haya razones para dudar del papel de las bacterias en nuestro equilibrio nutricional. Si no, sencillamente, porque mientras la mosca del vinagre tiene solo cinco tipos de bacterias distintas, los seres humanos tenemos cientos de ellas.

¿Podríamos diseñar nuestro microbioma para querer consumir más productos ‘saludables’?

De todas formas, es un camino muy interesante: Este descubrimiento sientas las bases microbióticas para entender por qué unas veces nos apetece un tipo de comida y otras veces, nos apetece otra…

Desde hace año sabemos que el microbioma tiene un papel esencial en problemas como la obesidad, ahora se abre un camino muy poderoso con el que podemos no solo modificar la forma en la que nuestro intestino procesa la comida, sino la misma comida que nos apetece comer.

Imágenes | John Tann

https://www.xataka.com

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“El azúcar es más peligroso que la pólvora” (Homo Deus)

Resultado de imagen de homo deus "Por primera vez en la historia, hoy en día mueren más"

La mayoría de la gente rara vez piensa en ello, pero en las últimas décadas hemos conseguido controlar la hambruna, la peste y la guerra. Desde luego, estos problemas no se han resuelto por completo, pero han dejado de ser fuerzas de la naturaleza incomprensibles e incontrolables para transformarse en retos manejables. No necesitamos rezar a ningún dios ni a ningún santo para que nos salve de ellos. Sabemos muy bien lo que es necesario hacer para impedir el hambre, la peste y la guerra…, y generalmente lo hacemos con éxito.
Es cierto: todavía hay fracasos notables, pero cuando nos enfrentamos a dichos fracasos, ya no nos encogemos de hombros y decimos: «Bueno, así es como funcionan las cosas en nuestro mundo imperfecto» o «Hágase la voluntad de Dios». Por el contrario, cuando el hambre, la peste o la guerra escapan a nuestro control, sospechamos que alguien debe de haberla fastidiado, organizamos una comisión de investigación y nos prometemos que la siguiente vez lo haremos mejor. Y, en verdad, funciona. De hecho, la incidencia de estas calamidades va disminuyendo. Por primera vez en la historia, hoy en día mueren más personas por comer demasiado que por comer demasiado poco, más por vejez que por una enfermedad infecciosa, y más por suicidio que por asesinato a manos de la suma de soldados, terroristas y criminales. A principios del siglo XXI, el humano medio tiene más probabilidades de morir de un atracón en un McDonald’s que a consecuencia de una sequía, el ébola o un ataque de al-Qaeda. (…)
De hecho, actualmente, en la mayoría de los países, comer en exceso se ha convertido en un problema mucho peor que el hambre. En el siglo XVIII, al parecer, María Antonieta aconsejó a la muchedumbre que pasaba hambre que si se quedaban sin pan, comieran pasteles. Hoy en día, los pobres siguen este consejo al pie de la letra. Mientras que los ricos residentes de Beverly Hills comen ensalada y tofu al vapor con quinoa, en los suburbios y guetos los pobres se atracan de pastelillos Twinkie, Cheetos, hamburguesas y pizzas. En 2014, más de 2.100 millones de personas tenían sobrepeso, frente a los 850 millones que padecían desnutrición. Se espera que la mitad de la humanidad sea obesa en 2030.[4] En 2010, la suma de las hambrunas y la desnutrición mató a alrededor de un millón de personas, mientras que la obesidad mató a tres millones. (…)

 Resultado de imagen de homo deus "Por primera vez en la historia, hoy en día mueren más"La tercera buena noticia es que también las guerras están desapareciendo. A lo largo de la historia, la mayoría de los humanos asumían la guerra como algo natural, mientras que la paz era un estado temporal y precario. Las relaciones internacionales estaban regidas por la ley de la selva, según la cual incluso si dos sistemas de gobierno convivían en paz, la guerra siempre era una opción. Por ejemplo, aunque Alemania y Francia estaban en paz en 1913, todo el mundo sabía que podían agredirse mutuamente en 1914. Cuando políticos, generales, empresarios y ciudadanos de a pie hacían planes para el futuro, siempre dejaban un margen para la guerra. Desde la Edad de Piedra a la era del vapor, y desde el Ártico al Sahara, toda persona en la Tierra sabía que en cualquier momento los vecinos podían invadir su territorio, derrotar a su ejército, masacrar a su gente y ocupar sus tierras.
Durante la segunda mitad del siglo XX, finalmente se quebrantó esta ley de la selva, si acaso no se revocó. En la mayoría de las regiones, las guerras se volvieron más infrecuentes que nunca. Mientras que en las sociedades agrícolas antiguas la violencia humana causaba alrededor del 15 por ciento de todas las muertes, durante el siglo XX la violencia causó solo el 5 por ciento, y en el inicio del siglo XXI está siendo responsable de alrededor del 1 por ciento de la mortalidad global.[22] En 2012 murieron en todo el mundo unos 56 millones de personas, 620.000 a consecuencia de la violencia humana (la guerra acabó con la vida de 120.000 personas, y el crimen, con la de otras 500.000). En cambio, 800.000 se suicidaron y 1,5 millones murieron de diabetes.[23] El azúcar es ahora más peligroso que la pólvora. (…)
Entonces ¿qué pasa con el terrorismo? Aunque los gobiernos centrales y los estados poderosos han aprendido a moderarse, los terroristas podrían no mostrar tales escrúpulos a la hora de usar armas nuevas y destructivas. Esta es ciertamente una posibilidad preocupante. Sin embargo, el terrorismo es una estrategia de debilidad que adoptan aquellos que carecen de acceso al poder real. Al menos en el pasado, el terrorismo operó propagando el miedo en lugar de causar daños materiales importantes. Por lo general, los terroristas no tienen la fuerza necesaria para derrotar a un ejército, ocupar un país o destruir ciudades enteras. Mientras que en 2010 la obesidad y las enfermedades asociadas a ella mataron a cerca de tres millones de personas, los terroristas mataron a un total de 7.697 personas en todo el planeta, la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo.[25] Para el norteamericano o el europeo medio, la Coca-Cola supone una amenaza mucho más letal que al-Qaeda.
Homo Deus: Breve historia del mañana.
Yuval Noah Harari
Penguin Random House, 2015 
http://arrebatosaliricos.blogspot.mx
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