Profundas perversiones en simples ilustraciones

¿Qué tienen los franceses que parecen ser los amos indiscutibles del erotismo? Parece que las barreras se han borrado y que la globalización permite que cualquiera triunfe en un área determinada, pero al encontrarse con las ilustraciones de Petit Luxures, las películas de Just Jaeckin o las canciones de Sébastien Tellier podemos darnos cuenta que los franceses tienen algo especial cuando se trata del amor, el sexo y el erotismo. Y si esos nombres no son suficientes, el dúo de Mrzyk & Moriceau lo confirma.  Mrzyk Moriceau mujer Mrzyk Moriceau mujer senos botellaMrzyk Moriceau pareja

Mrzyk Moriceau pantalon
Petra Mrzyk y Jean-François Moriceau son dos ilustradores que operan bajo el nombre de Mrzyk & Moriceau y que han saltado a la fama gracias a sus colaboraciones con los artistas de la disquera francesa Ed Banger. Probablemente sean más conocidos por el video que hicieron para Sébastien Tellier. Hipnótico, sensual, erótico, lujurioso y sutil. Es difícil describirlo ampliamente, pero este homenaje al andar femenino es uno de los videos musicales más eróticos.

mrzyk moriceau 4
 También se mueven entre la ironía, la cultura pop y el humor negro. Los ilustradores se dedican a escarbar en la realidad cotidiana para realizar su obra. Así como el filósofo busca en el mundo de las ideas, la realidad, la verdad y la forma en que deberíamos vivir, el ilustrador las altera. Hace una mezcla entre la realidad y la imposibilidad y nos entrega una visión particular que realmente se asemeja a lo que vivimos porque lo único que esos artistas hacen es darle un enfoque distinto. Digerir esas imágenes es tan fácil o difícil dependiendo de la capacidad de aceptar nuestra realidad, lo que demuestra que la ilustración es más que saber dibujar.Mrzyk Moriceau lenguaMrzyk Moriceau lentes Mrzyk Moriceau gatos

Mrzyk Moriceau piernas 
En la obra de Mrzyk & Moriceau se encuentra esa sexualidad pop en la que vive gran parte de la sociedad. Es sexual, pero es tradicional. Es erotismo amigable que muestra que la piel es el órgano más grande y táctil, que somos capaces de sentir algo distinto desde la cabeza hasta la punta de los pies y que disfrutar, gozar, entregarse al placer es algo que siempre se puede hacer acompañado de buena música.

Mrzyk Moriceau traje Mrzyk Moriceau manos

mrzyk moriceau 1

mrzyk moriceau 3 

Tal vez la estética de sus obras se ha contaminado por el trabajo que hacen con Ed Banger y ahora son asociados a un mundo de música electrónica, pero los ilustradores son más que eso. Son ellos quienes dibujan una vagina y un dedo caminando de la mano, mostrando la gran amistad que existe entre ellos. Otra imagen, un Smartphone, una mano y un pene juntos en una cama. Amistad, ayuda, diversión; ilustraciones divertidas con las que todos se identifican, pero que son mostradas de distinta manera y que sorprenden.

Mrzyk Moriceau dedo Mrzyk Moriceau masturbacion 

 mrzyk moriceau 7
Altamente activos, su lema es “One drawing a day keeps the doctor away” (“Un dibujo al día mantiene alejado al doctor”). Es un difícil y engañoso trabajo. Podría parecer que eso significa que no todos sus trabajos son buenos, pero al obligarse a publicar algo diariamente se mantienen frescos, se retan a sí mismos y se obligan a buscar distintos ángulos. Entre la ironía y el erotismo, entre la música y el sexo. Mrzyk & Moriceau hacen de nuestra realidad algo mucho más agradable, pero también una realidad en la que la lujuria tiene un papel predominante.

Mrzyk Moriceau dedos
Mrzyk Moriceau corazonmrzyk moriceau 6

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UNA BREVE REVISIÓN DE LA “TEORÍA DEL MONO DOPADO” DE TERENCE MCKENNA

Resultado de imagen para Terence McKenna

A lo largo de su vida, Terence McKenna –también llamado el bardo psicodélico– sugirió que una de las finalidades más nobles de encontrarse inmerso en la trascendencia de la experiencia psicodélica es pensar en términos de especie y recordar que como humanos, una de las acciones más nobles que podemos realizar es la de descargar ideas y recursos nuevos que ayuden a salvar a la civilización moderna de la vorágine consumista y de desencanto generada por el paradigma positivista posindustrial.

Ante esta situación, McKenna propuso un cambio paradigmático que fuera capaz de reconectar al espíritu individual y colectivo con la mente de la naturaleza, a esta idea la llamo “el renacer arcaico”, y fue presentada de manera conjunta en su obra de 1992 titulada The Archaic Revival: Speculations on Psychedelic Mushrooms, the Amazon, Virtual Reality, UFOs, Evolution, Shamanism, the Rebirth of the Goddess, and the End of History.

El renacer arcaico puede ser entendido como un fenómeno global que asume la recuperación de formas y patrones sociales provenientes del periodo histórico del neolítico tardío, y que retoma del siglo XX lo mejor de Freud, el surrealismo y el expresionismo abstracto, funcionando como una proyección moderna de la ritualización, la actividad organizada y la conciencia ancestral planetaria. Dentro del renacer arcaico podemos ver las diferentes líneas del pensamiento que influenciaron a McKenna, desde chamanismo y hermetismo hasta campos modernos como el estudio de la conciencia, la inteligencia artificial, la física cuántica, la psicología y obviamente, la biología.

 La Stoned Ape Theory –o “teoría del mono dopado”– fue desarrollada a finales de la década de los 80 y fue trabajada por McKenna tanto en la obra antes mencionada como en otro título, también de 1992, Food of the Gods: The Search for the Original Tree of Knowledge-A Radical History of Plants, Drugs, and Human Evolution. Esta teoría propone a la psilocibina como uno de los compuestos catalizadores de la autoconciencia humana; de acuerdo con esta investigación, la psilocibina (y otras moléculas como el DMT) tendrían la capacidad de actuar como agentes mutágenos sobre los primates que las incluyeron en su dieta, generándose así una relación dinámica y simbiótica entre primates y psicodélicos vegetales, dando paso al surgimiento del lenguaje simbólico y a formas complejas de organización social como la religión.

Esta teoría expande la historia del hongo (particularmente del Stropharia cubensis) de un contexto cultural de 6 mil, hasta –mínimamente– 100 mil años, sugiriendo que compuestos como éstos jugaron un rol decisivo en el desarrollo de la “humanidad esencial”, es decir, en seres humanos autoconscientes.

Hay que recordar que McKenna retoma de Platón y sus seguidores el concepto de Logos (palabra o conocimiento divino) y especula que en la dimensión de la experiencia psicodélica, la psilocibina sería capaz de establecer una conexión directa con esa elevada forma de sabiduría divina.

Un antecedente para comprender mejor la teoría de McKenna puede ser encontrado en la antología de 1973 Hallucinogens and Shamanism, esta obra originalmente editada por el antropólogo y neochamán Michael Harner presentó un ensayo que a posteriori se convertiría en una piedra angular de esta teoría. Nos referimos al ensayo “The Mushrooms of Language”, donde el investigador Henry Munn se anticipa a McKenna y ubica la posibilidad de que la psilocibina jugara un papel fundamental en la aparición de procesos mentales avanzados ligados al desarrollo del lenguaje entre los primeros grupos humanos; esta molécula, perteneciente a la familia de las triptaminas, es el compuesto activo de muchos hongos alucinógenos, dicho compuesto es transformado por nuestro organismo en psilocina, un neurotransmisor cerebral que actúa sobre los receptores serotoninérgicos 5-HTP, es decir, es un químico análogo a la serotonina, uno de nuestros neurotransmisores más básicos.

Munn define al lenguaje como una actividad extática de significación; esto establece que al encontrarse intoxicado por la psilocibina proveniente del hongo, la fluidez, facilidad e idoneidad de la expresión verbal es tal que uno se ve asombrado por las propias palabras que se emiten. Usando la definición de Munn se puede incluso señalar que dicha espontaneidad propulsada por los hongos no sólo sería un fenómeno de carácter perceptivo, sino también de orden lingüístico.

Munn describe este proceso lingüístico-extático tal y como es experimentado –por ejemplo– por la cultura azteca, señalando que los pueblos mesoamericanos fueron los únicos indígenas de todo el continente en inventar un altamente desarrollado sistema de escritura (en este caso, uno pictográfico), además de haber sido la única cultura originaria del continente donde los libros desempeñaron un rol fundamental a nivel cultural, lo cual Munn atribuye al uso constante de psilocibina en contextos rituales.

De manera similar, McKenna plantea que bajo la influencia de la psilocibina, las estructuras lingüísticas que definen nuestra realidad ordinaria comienzan a disolverse, dando paso a la supresión de los filtros neuroquímicos que dividen al Yo del Otro, permitiendo percibir y descargar aquella información que se encuentra más allá de lo comunicable.

En psicología, el concepto del Otro se encuentra inherentemente asociado al concepto del Yo, y consiste básicamente en la eterna dicotomía entre lo objetivo y subjetivo, o en palabras del filósofo espiritual Krishnamurti: el observador y lo observado. Durante las experiencias con triptaminas, la relación y diferenciación entre el Yo y el Otro se ve aparentemente reconfigurada, dado que se suelen alcanzar ciertas fases de unificación mística-trascendente.

Simon G. Powell, investigador que en cierta forma ha retomado y expandido el trabajo de McKenna tras la muerte de éste, ha estudiado a profundidad la fenomenología psilocíbica y de acuerdo con su libro del 2011, The Psylocibin Solution: The Role of Sacred Mushrooms in the Quest for Meaning, el Otro representaría un nombre o etiqueta para el tipo de procesamiento de información subyacente al estado visionario, y cuya comunicación terminaría por demostrar la propiedad inherente de la información neuronal para organizarse premeditadamente a sí misma en canales de ideas con significados complejos, profundos y reveladores.

Así pues, el alto contenido informativo de la fenomenología psilocíbica puede empezar a ser entendido como un desplazamiento de la conciencia ordinaria hacia formas superiores de lenguaje simbólico, lo cual establece la enorme importancia de la simbología visual en relación a los lenguajes psicológicos. Dicho de otra manera, los elementos visuales del lenguaje psilocíbico superan por mucho en riqueza de significado y contenido informativo a nuestras palabras verbalizadas en el estado ordinario de conciencia. De acuerdo con Powell, esto se debe a que el lenguaje simbólico en esos estados puede considerarse como no controlado por el Yo sino, por el contrario, en comunicación directa con el Otro.

Durante estas últimas décadas, respetados investigadores, además de McKenna y Munn, han propuesto seriamente la posibilidad de que la aparición de la conciencia del ser humano habría sido impulsada por encuentros ancestrales con estados visionarios y por el surgimiento del chamanismo; varios antropólogos encuentran evidencia de esto en la enorme cantidad de detalles dentro del arte cavernario que apuntan a que éste fue un arte de visiones y estados alterados de conciencia, mostrando diferentes tipos de hongos y plantas psicoactivas que parecen estar directamente relacionados con el discurso simbólico de las pinturas rupestres.

Observando la variedad de efectos que tienen las triptaminas (y particularmente la psilocibina) en el estudio y tratamiento del lenguaje, e inspirado por el trabajo de Munn y otros investigadores como Robert G. Wasson, McKenna propuso que fue el encuentro de los primeros grupos humanos de África con los hongos psilocíbicos lo que catalizó exponencialmente el desarrollo del lenguaje. Hay que señalar que para los grupos de cazadores-recolectores, el conocimiento funghi y vegetal era una actividad fundamental; desde la selección de fuentes comestibles en raíces, hongos, hojas, frutos y semillas hasta la identificación de propiedades medicinales y/o modificadoras de la conciencia contenidas en ambos reinos.

De acuerdo con McKenna, el descubrimiento del hongo generó una relación simbiótica entre el reino humano y funghi. Esto le habría permitido a los primates obtener de los hongos un incremento en su agudeza visual, así como acceder a información proveniente del Otro, mientras que los beneficios recíprocos para el hongo consistirían en la domesticación que hacía el primate del ganado –hasta entonces salvaje, con lo cual se expandiría el nicho de ocupación del propio hongo. Parecería entonces razonable sugerir, tal y como se explica en esta teoría, que el lenguaje humano derivó de la sinergia del potencial de organización de los primates, logrado a través del consumo regular de psilocibina y, probablemente, otros psicodélicos vegetales.

En su trabajo, McKenna señala que en bajas dosis la psilocibina puede aumentar la agudeza visual, en mayores dosis puede generar una alta excitación sexual, y a mayores niveles inducir a prácticas orgiásticas o incluso extraños fenómenos lingüísticos como la glosolalia (el habla de lenguas no conocidas). Para McKenna, estos fenómenos podrían explicarse a través de la influencia mutagénica de los psicodélicos trabajando directamente sobre los órganos encargados del procesamiento y generación de señales en el sistema nervioso.

Si McKenna está en lo correcto, estos eventos habrían comenzado en el norte de África, desde el período prehistórico, nómada y de caza-recolección. Tras una rigurosa investigación de campo, él estableció al hongo Stropharia cubensis como el mítico “árbol del conocimiento”. Para llegar a esto se fundamentó en la eliminación de todos los otros vehículos psicodélicos disponibles en África, restringiendo los resultados de su búsqueda exclusivamente a los compuestos visionarios más poderosos.

Finalmente, McKenna se encontró con que la mejor opción para explicar este fenómeno evolutivo serían los hongos psilocíbicos. Estos hongos podían ser hallados muy fácilmente creciendo de manera abundante en el estiércol de los animales que habitaban los pastizales donde éstos eran cazados por grupos humanos. El hongo Stropharia cubensis fue el elegido por McKenna ya que esta era la única especie capaz de producir grandes cantidades de psilocibina y al mismo tiempo, estar libre de otros compuestos que pudieran producir efectos colaterales. De esta forma, habría sido la adición del hongo Stropharia a la dieta de estos grupos lo que presumiblemente los habría llevado a desarrollar una mejor visión (una ventaja biológica para los cazadores), lenguaje simbólico, mas prácticas sexuales e incluso los conduciría a actividades sociales complejas (como la religión).

Como hemos podido observar, la teoría del mono dopado propone la modificación de la conducta o comportamiento de los individuos a través de catalizadores bioquímicos (también llamados psicotecnologías). Como epílogo, McKenna añade que por ese entonces, aunque la evolución ocurriera únicamente a nivel genético, debido a las mutaciones producto de esta nueva dieta se habría gestado otra forma de evolución paralela a la genética: la evolución social. Hoy en día, se encuentra perfectamente aceptado que los entornos sociales pueden llegar a modificar la carga genética de una persona.

Mientras lo social y el lenguaje se desarrollaron de la mano, la religión también así lo hizo. Hay que recordar que cuando la intoxicación psilocíbica ocurre, un sentimiento de éxtasis aparece, lo cual, sumado a las alucinaciones y al acceso al Otro, explicaría el surgimiento del chamán, una misteriosa figura cuya función parece consistir en servir de puente comunicativo entre el humano y la mente oculta de la naturaleza (Logos).

Recapitulando, si pensamos en una enzima que excite la agudeza visual, el interés sexual y la imaginación, entonces tenemos en la psilocibina una explicación perfectamente plausible para la repentina aparición de primates con aptitudes lingüísticas, sociales y posteriormente tecnológicas. Es por ello que para Terence McKenna, la psilocibina no es cualquier molécula, sino una especie de catalizador biológico evolutivo, con la capacidad de reconfigurar las percepciones existentes sobre lo que significa ser humano y habitar este planeta.

 

Contacto con el autor: Ibrah Gebrail // La Drogoteca

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Fogwill: Poesía y coca cola

Rodolfo Enrique Fogwill, o simplemente FOGWILL, fue un escritor y sociólogo argentino que alcanzó renombre, primero, como directivo de empresas de publicidad y de marketing y, luego, como escritor. Muchas son las leyendas y anécdotas que se han tejido en torno a su figura. Fogwill se construyó a sí mismo como un personaje procaz, hipersexual, siempre polémico. “Cada escritor tiene su máscara y arma su pose”, decía. “Mi pose es ésta: yo siempre aspiro a mentir con la verdad”.

El mito del escritor argentino se completa con la velocidad, las drogas y el dinero. En la década del ochenta escribió el relato “Muchacha punk” en tres horas y “Los pichiciegos” (una novela magnífica que trata de la guerra de Malvinas) en tres o cuatro días y con veintiún gramos de cocaína en el cuerpo.
Coca Cola aparece dos veces en la vida literaria de Fogwill. La primera vez cuando la empresa patrocinó un concurso literario que Fogwill ganó con el cuento “Muchacha punk”. Cuando Coca Cola quiso publicarlo, el escritor pidió más dinero. Resultado: el cuento salió en un libro autoeditado.
Treinta años después, la agencia de publicidad Santo le propuso a Coca Cola utilizar un poema de Fogwill para una publicidad de Coca Light. Los gerentes de Coca Cola, que eran jóvenes y desconocían lo sucedido treinta años antes, aceptaron. El resultado de este crossover entre poesía (se utilizó un fragmento del poema de Fogwill “Llamado por los malos poetas”) y publicidad es el que sigue:

El resultado, en mi opinión, es una interpretación edulcorada, apta para todo público, en la que la fuerza del poema se desvanece. Ironías de la vida: es como si Coca Cola se hubiera vengado de Fogwill, sin saberlo, utilizando su propio poema. Pero para que puedan juzgar el resultado del crossover y el poema, copio aquí el Llamado por los malos poetas en toda su extensión y esplendor.

Llamado por los malos poetas

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.
Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver
los versos por las calles…).

Una poesía cosmopolita (subid a ver
los versos por la web…).

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver
poesía en el pesebre del amor…)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo
idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia, es
el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acarices con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

Y arriba España es un panal
de hormigas orientales:
rumanas, tunecinos,
suecas a la sombra de un Rey.

Riámonos del Rey.
De su fealdad.
De su fatalidad.
De Su Graciosa Realidad.
La realidad es un ensueño compartido.
La realidad de España
es su filosa lengua pronunciando la eñe
y su mojada espada pronunciando el orden
del capital y la sintaxis.

¡Ay, lengua:
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!

Vale Correa Fiz

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VOLUTAS

 manu-espadaAl alba, el sargento saca al poeta de su celda, lo conduce al patio y lo ata al poste, frente al pelotón de fusilamiento.
—¿Una última voluntad? —pregunta el militar con voz altanera.
—Un cigarrillo —suplica el escritor.
El sargento se saca del abrigo un libro de poemas. Lo abre por una página cualquiera y arranca una hoja al azar. La enrolla con violencia, se la mete en la boca al preso y le da fuego.
—¡Fúmatelo, perro! —le ordena con un grito marcial.
El poeta cierra los ojos, aspira una larga calada al folio y espira lentamente. El sargento da la voz de “carguen” mientras el poeta exhala el humo de la hoja. Lo que en un principio parece una voluta circular se acaba transformando en una letra “c”. El militar ordena al pelotón que “apunten”, y el poeta sopla una “o”, y luego una “g”, hasta hilar varias palabras. Versos. Una estrofa.

Cogedme, cogedme.
Dejadme, dejadme,
fieras, hombres, sombras,
soles, flores, mares.

Una leve brisa empuja la poesía lentamente, agolpando los versos frente al pelotón, hasta que un golpe de aire apaga el cigarrillo del poeta.
—¡Fuego! —vocifera el sargento.
El humo entra en los ojos húmedos de los soldados, que leen la última estrofa, inmóviles, en silencio, antes de que el viento se lleve las palabras del último verso…

Cogedme.

Dejadme.

MANU ESPADA

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Clic

Lo ves todo negro hasta que el día menos pensado vuelve el color a tu vida

Clic

No está bonito llorar en público, pero en este oficio que consiste en contar la vida de los otros aunque nos creamos el ombligo del globo, sufrimos de mal de amores. Hace tiempo que muchos de quienes nos amaban pasan de nosotros. No sabemos si porque les hemos fallado, porque se les acabó el amor de tanto usarlo, o porque han encontrado a alguien más interesante. El caso es que nos han dado puerta y no acabamos de creérnoslo. Y así, estupefactos, anonadados, acojonaditos vivos ante un futuro en soledad no buscada, nos comportamos a veces como ciertos novios abandonados: perdiendo los papeles. Hacemos malabares, ilusionismo, striptease. Montamos escenitas, nos disfrazamos de quien no somos, nos arrastramos por el barro para llamar la atención del lector esquivo. Le hacemos preguntas que deberíamos responderle. Le pinchamos los ojos para que nos pinche. Le provocamos cual buscones para que haga clic en el enlace. Le vendemos baratijas para que nos compre las joyas de la casa, aunque sea pagando nosotros. No sabemos ya qué hacer para volver a ser quienes fuimos. Solo queremos lo que todos. Que nos miren. Que nos quieran. Nos va la bolsa en ello. Y en ese sinvivir en que vivimos, a veces tocamos la gloria y otras, el ridículo.

Los psicólogos hablan del clic interno. Un resorte que, estimulado por una mezcla de reflexión, reto, humildad y autoestima, se activa para sacarnos de un apuro. Lo ves todo negro hasta que el día menos pensado vuelve el color a tu vida. Los problemas son los mismos, pero algo en ti ha cambiado y sientes que puedes llegar a poder con ellos. Pasa con el desamor, el duelo, la Operación Biquini. Quizá, aparte de los pinchazos ajenos, lo que precisemos en el gremio es un aguijonazo propio. Quizá quienes tengamos que hacer clic seamos nosotros. Es la vida, la analógica, la que duele y la que se goza, lo que nos va en ello.

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