De nada

Nokia 7070 Prism

Las instrucciones que acompañan a las baterías de los teléfonos móviles aconsejan al usuario descargarlas totalmente siete u ocho veces para que no se produzca el “efecto memoria”, que no sabemos en qué consiste, no lo pone. En cualquier caso, debe tratarse de algo horrible, de otro modo no lo llamarían así, el “efecto memoria”, que parece el título de una novela de terror. Por otra parte, está comprobado científicamente que nosotros mismos, aun no funcionando a pilas, corremos el peligro de quedarnos atrapados en sucesos de los que no nos sacan ni con fórceps, a menos que seamos capaces de vaciarnos por completo en varias ocasiones a lo largo de la vida. Hay gente que a los 50 años todavía habla con un odio infinito del prefecto de disciplina del colegio o del sargento que vendía enciclopedias en la mili. No se han desocupado del todo, como recomiendan los fabricantes de baterías, antes de volverse a llenar de vatios, afectos u obsesiones.

Por eso resulta envidiable gente como Piqué, que habiéndose limpiado hasta las heces de su pasado comunista, ha podido abrazar sin problemas la fe popular, lo que ha repercutido muy favorablemente en su bolsillo. Hoy mismo, y tras optimizar sus pagos a Hacienda con empresas familiares de dudosa actividad, es completamente rico. De no haberse vaciado tanto, habrían quedado en el fondo de su cartera algunos escrúpulos progresistas que taponarían la entrada a nuevas sensaciones. Y si el propio Aznar no se hubiera desamueblado por completo antes de volverse a rellenar, seguiría escribiendo artículos surrealistas en La Nueva Rioja, lo que habría hecho un daño económico incalculable a compañeros del colegio que estaban esperando que algún condiscípulo llegara a algo y les sacara de la miseria, que es muy mala.

El “efecto memoria” resulta dañino para el progreso de las personas. Si uno quiere ser alguien, es preciso olvidar, aunque se convierta en otro. Es mejor ser otro con una cuenta corriente saneada, que ser el mismo vendiendo pañuelos en un semáforo. Antes de abrazar una nueva fe, sea analógica o digital, religiosa o política, descárguese del todo de la anterior y busque un enchufe. De nada.

Juan Jose Millas

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