Sexo para procrear

Por: Venus O’Hara | 19 de noviembre de 2012

A pesar de no ser madre (y dudo mucho de que lo sea en un futuro), me intriga mucho igualmente el tema del sexo hecho para procrear. Según la educación sexual que recibí en colegios católicos, ese debía ser el único objetivo a la hora de tener relaciones sexuales. Recuerdo claramente la voz de mi profesora, que también era monja, cuando nos lo explicaba: “Cuando un hombre quiere tanto a su esposa, introduce su pene en su vagina para hacer un bebé”.

Nos explicaron la pubertad y la reproducción desde un punto de vista biológico y religioso. Ignoraban por completo el tema del uso del preservativo o las anticonceptivas, algo que me parece tan equivocado e ingenuo en el Reino Unido, donde la tasa del embarazo adolescente es la más alta de Europa. Y en cuanto a la prevención del sida y las infecciones de transmisión sexual en general, las monjas nos recomendaron la abstinencia como solución final. En cambio, para mis amigos protestantes que iban a institutos del Estado, el asunto de educación sexual era bien distinto. Ellos tenían hasta clases prácticas colocando condones en pepinos y plátanos.

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Gustav Klimt

Afortunadamente para mí, y sobre todo para mis amantes, añadí a mi educación sexual escolar una (gran) pizca de sal. En lugar de hacer caso a las religiosas de mi instituto, me informé de todo lo que quería saber sobre el tema en la revista More – una publicación femenina que, en aquel entonces, causó mucha polémica por su alto contenido sexual ya que la mayoría de sus lectores eran menores. A pesar de esto, la recuerdo con mucho cariño porque dentro de sus páginas siempre encontraba respuestas a mis múltiples preguntas sobre el asunto. Entonces, no podía googlear cualquier cosa que me viniera a la mente como haría ahora.

Otra gran fuente de información sobre el sexo y los anticonceptivos, provenía de los centros de planificación familiar y los Brooke Advisory Centres que ofrecían anticonceptivos gratis, consejos y asistencia médica para menores de 25 años. A pesar de la educación pésima que recibí en el instituto, encontré que toda la información que necesitaba estaba a mi disposición, en bibliotecas, revistas, y en folletos de dichos centros. Solo hacía falta tener el interés para buscarlo y conseguirlo. Quería aprovechar e informarme de todo, y sobre todo, protegerme.

El sexo para mí, siempre ha tenido el objetivo de sentir placer y evitar la reproducción a toda costa. No obstante, considero que el sexo para procrear, con intenciones, debe ser lo más bonito que hay: crear un nuevo ser con la persona que quieres y que te quiere. Es más, considero que el cuerpo de una mujer embarazada es de lo más hermoso que existe.

Sin embargo, hablando con amigos experimentados, algunos me han desmontado la idea romántica que tenía sobre ello.

Trailer de la película Maybe Baby (2000)

Para uno en particular, todo le resultó muy mecánico. Llegaba del trabajo, y nada más quitarse el abrigo, iba directo a la habitación donde su mujer le esperaba en la cama a cuatro patas. Solo bajaba la cremallera y bingo. Después, cenaban con prisa y volvían a hacerlo antes de dormir. Además, por la mañana, recordaba, ponían el despertador media hora antes para aprovechar y echar un polvo matinal. Así continuaron durante varios meses, salvo los días de regla.

Cuando obtuvieron un resultado positivo, mi amigo no solo se alegró por el hijo que esperaban, sino que por fin podía descansar y digerir bien su cena, y no perderse más partidos de fútbol, decía.

Otra pareja de amigos tuvieron una actitud muy diferente, más calmada. A la hora de decidir que querían ser padres, siguieron con su vida sexual habitual con la única diferencia de que no usaban anticonceptivos. Nunca miraban las fechas y solo lo hacían cuando les apetecía a ambos, sin pensar en calendarios, ovulación, termómetros y siempre sin estresarse.

Lo que más me sorprendió fue la historia de otro amigo que me decía que, a pesar de tener una relación sexual muy variada con su mujer, en el momento de hacerlo para buscar un bebé, todo cambió. Decía que ya no quería ver porno juntos ni participar en juegos morbosos porque, según ella, mostraba una falta de respeto hacia su hijo futuro. Cuando lo pienso, me pregunto ¿no es mejor crear una nueva vida con sexo placentero y pasarlo bien en lugar de hacerlo de forma mecánica como si fuera nada más que un ritual biológico?

Hoy en día, ya ni siquiera hace falta tener sexo para reproducir. Gracias a avances médicos, parejas que no pueden tenerlos de forma natural pueden hacer realidad sus sueños de ser padres. Es más, ahora se puede comprar esperma en Internet. Estas prácticas a veces son criticadas porque según algunos grupos religiosos, creen que los científicos no deberían jugar a ser Dios. Pero yo creo que lo importante a la hora de concebir, sea con o sin sexo, es hacerlo con mucho, mucho amor.

¿Qué tal vuestra experiencia con el sexo para procrear?

Fuente: http://blogs.elpais.com/eros

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