¡Bacterias en las nubes!

Para quien no sea microbiólogo, la frase de Stephen Jay Gould, “las bacterias fueron desde un principio, son hoy y serán por siempre los más exitosos organismos sobre la Tierra”, puede sonar exagerada.

Durante los 80 se descubrió que existe una cantidad inusitada de bacterias viviendo en el subsuelo en condiciones de alta temperatura y falta de luz: se calcula que podrían constituir 50% de la biomasa total del planeta. La geomicrobiología extendió así hacia abajo el alcance de lo que concebimos como biósfera.

Hoy el fenómeno se repite, pero en dirección contraria. Desde hace años los aerobiólogos saben que hay una población importante (aunque ni de lejos tan numerosa) de bacterias en la atmósfera. Podrían estar involucradas en procesos importantes como reacciones bioquímicas (por ejemplo, utilizando compuestos atmosféricos de carbono para alimentarse), el control del clima (al servir como núcleos de condensación que permiten la formación de nubes y promueven lluvias) y la transmisión de enfermedades infecciosas a largas distancias.

Pero, a pesar de estudios a nivel de suelo, en altas montañas o con aviones, no se tenían datos confiables sobre las posibles poblaciones de bacterias en capas superiores.

Por eso es importante el estudio pionero realizado por un equipo encabezado por Konstantinos Konstantinidis, del Instituto Tecnológico de Georgia, en colaboración con la NASA. Usando un avión DC-8 que voló sobre mar y tierra antes, durante y después de los huracanes Karl y Earl, y filtrando el aire exterior, los investigadores obtuvieron partículas de la tropósfera (de 8 a 10 kilómetros de altura).

Usando métodos de análisis genómico descubrieron que 20% de las partículas eran células, principalmente bacterias, de más de 300 tipos, y que 60% de ellas estaban vivas.

El estudio es preliminar: habrá que averiguar si las bacterias solo son arrastradas a la atmosfera temporalmente o si viven e incluso se reproducen ahí; cómo se distribuyen geográficamente y qué posibles funciones cumplen. Quizá podríamos llegar a utilizarlas para combatir fenómenos como el calentamiento global.

Por lo pronto, hoy sabemos que las bacterias están también ahí… como en todos lados.

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