Cuando tres son multitud

Por: Yahvé M. de la Cavada

Stephan_crump_mary_halvorson

En la improvisación, a veces las apariencias engañan. Partiendo de que la base de la misma es la espontaneidad y el dominio del lenguaje –a nivel individual– y la capacidad para reaccionar e interactuar con el entorno, no es ilógico pensar que, cuantos menos elementos haya en escena, más sencillo resultará todo. Sin embargo, en ese forcejeo tan autócrata, tan humilde y tan osado como es improvisar, la presión de la soledad y la aplastante igualdad del dúo pueden ser tan ingobernables como una orquesta con decenas de improvisadores desbocados.

La música improvisada funciona cuando fluye; cuando, incluso en los momentos de tensión, está dispuesta a dejarse mecer por la voluntad del músico o por la sugerencia del momento precedente y del momento anticipado por la intuición. No se puede forzar ni ensayar, más allá de recorrer cada recoveco del cerebro y el alma del improvisador, llegando hasta donde él mismo se permita.

En el jazz, tocar en solitario es la mayor prueba de fuego para un instrumentista; el acto más sincero y valiente que puede acometer como músico. Tocar a dúo, por otro lado, parte de la generosidad máxima, de estar dispuesto a darse, a desnudarse ante el de enfrente para recibir, y para crear en base a eso. Más que hablar, más que contar. La pureza del dúo es complicidad, compañerismo, compromiso, intimidad.

Cuando es sincera y está bien hecha, una grabación o una actuación en solo o en dúo suele derivar en música muy especial. Tal vez no tan vistosa como un grupo o una gran formación, pero sí intensa y real. En un rápido vistazo a las novedades que van salpicando el maltratado mercado discográfico, encontramos sin esfuerzo un puñado de pequeñas joyas en estos formatos; auténticos cantos a la independencia y el compromiso que siguen demostrando que algunos tópicos se dignifican en manos de músicos portentosos, como ese que dice que, muchas veces, menos es más.

 

Aki Takase – My Ellington (Intakt / Distrijazz)

TakaseNo es la primera vez que la pianista japonesa se rinde a la música deDuke Ellington, pero tal vez esta sea la mejor. Reconstruir el cancionero de Ellington puede parecer algo obvio a estas alturas, peroTakase lo hace con un cuidadoso sentido del equilibrio entre lo propio y lo ajeno. Su sensibilidad y su estilo acaban tomando las riendas de clásicos como “The Mooche”, “Caravan”, “I Got It Bad and That Ain’t Good” o el precioso “Fleurette Africaine” que el maestro grabó en trío junto a Charles Mingus y Max Roach. También hay piezas más oscuras como “Battle Royal” o “Ad Lib On Nippon”, pero al final es el refinado piano deTakase, y no el repertorio, quien hace de este Ellington, precisamente, “su” Ellington. Precioso disco.

Stephan Crump / Mary Halvorson – Super Eight (Intakt / Distrijazz)

Halvorson-CrumpEl dúo de Halvorson y Crump es casi milagroso. Ambos músicos están a la vanguardia de sus respectivos instrumentos, aunqueHalvorson es un verdadero portento que trasciende el mundo de la guitarra. Reinventar todo un instrumento, redefinir el lenguaje de la guitarra en la improvisación libre es suficiente para rodearla con algo más que un halo de excelencia. En esas está, de momento. Veremos si emergen continuadores de su obra, aunque genios como Eric Dolphy, por ejemplo, nunca los tuvieron. La guitarrista encuentra en Crump a un compañero fiel que ejerce la titánica tarea de ponerse a su altura para un puñado de duetos escalofriantes, protagonizados por guitarra y contrabajo. Multitud de escenas musicales que están entre el suspense, la ebullición, la serenidad y la catarsis. No es un disco fácil de digerir, pero perderse en él puede ser de una desorientación maravillosa.

Liba Villavecchia – Saxophone Spirits (Agharta Music / libasax@gmail.com)

VillavecchiaVillavecchia es uno de los grandes improvisadores de nuestro país. Quienes no le conocen, le conocen por haber colaborado en varias ocasiones con Loquillo (con y sin Trogloditas), que es como conocer a Julio Cortázar por su traducción de la obra de Edgar Allan Poe: excelente, pero no representativo de las cualidades reales del artista. Después de muchos años exprimiendo el saxo en diferentes grupos y formaciones, Villavecchia por fin se ha puesto frente al espejo y ante un micrófono para grabar un disco a saxofón solo. Un ejercicio de alquimia musical que rezuma sinceridad y que suena a confesión, a historias personales contadas al calor del hogar, entre amigos. El formato es inevitablemente árido, pero la cercanía que transmiteVillavecchia hace de “Saxophone Spirits” un documento de gran relevancia, y más aún en un país que, en demasiadas ocasiones, entiende el riesgo de manera peyorativa. Aquí, en cambio, el riesgo es ley. Y vida.

Evan Parker / Agustí Fernández – The Voice Is One (Not Two / Distrijazz)

Parker-fernandezAl contrario que en el dúo de Halvorson y Crump, aquí nos encontramos con la familiaridad de dos viejos conocidos. Grabado en directo en Barcelona y publicado por el excelente sello polaco Not Two, “The Voice Is One” hace de su título una declaración de intenciones. Cuando el mítico saxofonista británico Evan Parkerreclutó al pianista mallorquín Agustí Fernández para su Electro-Acoustic Ensemble, se inauguró una relación que no ha dejado de crecer desde entonces. Escucharles en dúo supone una auténtica epifanía de la comunicación improvisacional, una amistosa simbiosis en la que ambos músicos oscilan con equilibrio mágico entre la expresión individual y la comunicación articulada. En todo momento son dos, pero la voz es una.

Peter Brötzmann – Solo + Trio Roma (Victo / Distrijazz)

BrotzmannEn mayo de 2011, el saxofonista alemán Peter Brötzmann celebró su 70 cumpleaños con dos conciertos en Roma, uno en solitario y otro con su trío junto al italiano Massimo Pupillo y al noruego Paal Nilssen-Love. Ambos conciertos han sido recogidos en este doble cedé y, aunque el frenético trío es excelente, el recital del saxofonista en solitario es el que llama realmente la atención. 35 años después de su primer disco en saxo solo para el sello FMPBrötzmann registra un directo de un lirismo intenso, casi doloroso. Su voz sigue siendo carnal e incendiaria, pero el paso del tiempo ha dado sabiduría al rugido del viejo león. Su espíritu mantiene esa espiritualidad inquebrantable, más patente que nunca en su discurso en solitario. La breve relectura del “Lonely Woman” de Ornette Coleman pone un emocionante punto final al disco, uniendo dos formas de entender la improvisación (la norteamericana y la europea) que, en esencia, siempre fueron la misma.

http://blogs.elpais.com/muro-de-sonido

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