El Sueño Americano

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Aquella operación le había dejado exhausto y sentado en aquel vagón junto a la puerta de salida. Desde aquel accidente cuando tan sólo era un mocoso que caminaba descalzo en la India, había aprendido que estar junto a la puerta de salida podía salvarte la vida cuando el tren colisionaba y era necesario salir a toda velocidad.

Ya habían pasado muchos años desde que saliera milagrosamente de aquel amasijo de hierros y vísceras, de gritos, caos y confusión dejando a su madre decapitada y a su padre mal herido. Ahora calzaba zapatillas deportivas y aquel incidente tan sólo era un mal recuerdo que residía a miles de kilómetros de una vida acomodada en la que huérfano, seguía viajando en tren.

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Una detrás de la otra y después de 6 horas de operación, hasta tres balas había sacado de la cabeza de un mexicano esa misma tarde. Tres entradas diferentes y ninguna con salida. Estaba contento, le había salvado la vida al desgraciado, hoy era uno de esos días para celebrar pues salvar vidas era lo que le hacía feliz y cada día un poco más rico.

Jena, Jean, Jenny, Penny, Sally, Sara Lee, Susan, Jessica, Mary, Peggy, Julie, Ann, Alex, Dakota, Alice, María… Uno tras otro los nombres de las posibles afortunadas que celebrarían con él cena, cócteles y un generoso intercambio de fluidos aparecían en su celular. Hacer 400.000 dólares al año como cirujano de emergencias en Miami tenía sus ventajas y añadía una larga lista de candidatas dispuestas a mejorar su salud sexual.

El camino hasta su destino era largo y pesado, tan largo como la lista de chicas entre la que decidir y tan pesado como el peso de unos ojos estresados por un esfuerzo extremo donde un milímetro, era la diferencia entre la vida y la muerte de un paciente. Sin decisión alguna cayó rendido al dueño de la mitad de nuestra vida y se dejó ir allá a donde los límites no existían cerrando por completo los ojos…

Soñó que por fin sus manos y no el bisturí curaban. Y comenzó a curar todo aquello que se encontraba con su simple tacto. Comenzó a curar personas enfermas, siguió con el ecosistema y la política para seguir con textos e imágenes, programas de televisión, listas de invitados. Era el Gran Curador. Nada quedaba enfermo, por editar o carente de vida si caía en sus manos.

Sentado en un gran elefante de colmillos adornados de oro y rubís rojo sangre, RanjitRangan, nacido en Nueva Delhi,  atravesaba los Everglades. Aquella larga travesía le dejó tiempo para pensar qué sería lo siguiente que curaría, ¿Moda? y en esas estaba, elucubrando en lo más alto del altar, cuando un repentino ataque al corazón lo tomó por sorpresa sumiéndolo poco a poco en la inconsciencia.

Su sueño americano se moría sin poder siquiera protestar por lo insultantemente efímero de la gloria alcanzada, de las horas dedicadas a salvar vidas pero agradeciendo dentro de él cada dosis de satisfacción liberadora, de dopamina recorriendo el cuerpo de arriba abajo cada vez que lograba salvar una vida.

Ahí estaba encima de su elefante, sufriendo un ataque al corazón y muriendo sin remedio en su propio sueño cuando del mundo de la vigilia dos jóvenes ratas adictas a la metanfetamina lo eligieron como víctima propiciatoria. Viéndolo dormido e indefenso se dirigieron a él y sin mediar palabra le dieron una descarga con el Taser  en el pecho y le robaron la cartera, el reloj y la cartera.

Seguidamente su corazón volvía a su cadencia usual y Ranjit Rangan a la vida gracias a una descarga eléctrica del Taser de unos hijos de puta que sin siquiera imaginarlo, le permitieron seguir soñando en lomos de un gran elefante de colmillos adornados de oro y rubís rojo sangre mientras incansable, seguía curando al mundo de sus males.

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