Niño vestido de mariachi canta el himno de Estados Unidos

Sebastián de la Cruz, un niño de padres mexicanos nacido en Estados Unidos, causó revuelo por cantar el himno de la Unión Americana pero vestido con un traje de mariachi.

En América, Estados Unidos es una suerte de imán o vórtice que atrae para sí cuantiosos fenómenos de la región. Su enorme capacidad de consumo es un factor decisivo para la dinámica económica del continente, generando efectos en circunstancias tan aparentemente diversas como la manufactura de productos, el narcotráfico y la migración.

Esto, a su vez, encuentra manifestaciones culturales concretas, que no sin cierta superficialidad podríamos entender como una tensión entre la hegemonía y la resistencia: por un lado la cultura estadounidense busca imponerse sobre otras culturas y, por otra, estas mismas se resisten a dicha dominación.

El conflicto no se resuelve siempre de la misma manera. A veces una triunfa sobre la otra, a veces la resistencia se revela efectiva y, pese a todo, una cultura local se alza orgullosa frente a los mecanismos avasalladores del imperio. Con cierta frecuencia lo que ocurre es un sincretismo, una síntesis en la que surge algo nuevo a partir de los elementos de ambas.

Ese podría ser un poco el caso de Sebastián de la Cruz, un niño de padres mexicanos en San Antonio, Texas, y por esta razón ciudadano estadounidense en toda regla y, sin embargo, depositario de dicha tensión cultural.

Recientemente Sebastián cantó el himno nacional de su país en un partido de la NBA, Miami Heat contra los San Antonio Spurs, solo que, para escándalo de muchos, lo hizo enfundado en un traje de mariachi, sin duda uno de los iconos más representativos de la cultura mexicana.

El nacionalismo es excluyente por definición, se construye solo a partir de la diferencia y la separación. Si además se considera que hay nacionalidades más excluyentes que otras, con mayor sentido de la rivalidad entre sí, entonces se entiende un poco por qué el gesto de Sebastián fue violento en sí mismo (en el sentido de imprevisto) y violento en sus efectos.

¿Cómo conciliar la unión de símbolos tan acabados de la identidad nacional de dos países que por casi dos siglos han desarrollado un marcado antagonismo?

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