La e-nfamia (léase “infamia”)

La e-nfamia (léase “infamia”)

¿Qué razón puede provocar que un hombre asesine a una reportera y a un camarógrafo mientras realizan un enlace en vivo para un noticiero? Más: ¿que grabe un video con su celular de los disparos con arma que acaba con la vida de sus víctimas? Y peor: ¿que lo suba a su Twitter? Nos hemos ido acostumbrando a la violencia de tal forma que hay quienes creen que generarla y difundirla es una proyección válida ante el mundo. Y es que la explosión de las redes sociales ha generado la, casi siempre, equívoca fantasía de que la fama (o en estos casos la infamia) está al alcance de unclick. Las redes sociales se han convertido, en estos casos, en un venenoso caldo de cultivo en el que aparente, engañosa y abominablemente se sacia la sed de notoriedad. Actos inauditos, irracionales, que forman parte de una esfera de violencia en la que cabe cualquier tipo de actos, desde las atrocidades que se cometen contra sociedades enteras hasta aquellas que son cometidas por sujetos que responden a estímulos personalísimos, pero que llevan la marca de la época en la que se cometen. En redes sociales encontramos miles de casos, tristemente. Ejecuciones del Estado Islámico contra periodistas o cristianos; ciudadanos rusos agrediendo a la comunidad LGBT; hombres o mujeres violentando a sus niños y/o mascotas; adolescentes que graban sus peleas con compañeros de clase y más. Muestras de una violencia irracional que merecen, según los responsables, exposición en todas las plataformas. Espejismo estúpido, tóxico apetito de fama, caldero de egos rotos, reflector de todas las sombras, criadero de bestias…

Eran las 6:45 a.m., un hombre y una mujer salían a buscar historias y entrevistas a la calle. La más amarga de todas las ironías: una periodista se convierte en nota a nivel global. Su asesinato y el de su compañero camarógrafo transmitidos en vivo. El asesino, excolaborador de la misma cadena y quien, al parecer, contenía una ira contra Alison Parker —supuestamente, por comentarios racistas que hizo—. Difícilmente podrán conocerse las razones de Vester Lee Flanagan —el agresor—, quien murió en el hospital tras su intento de suicidio. Antes tuvo tiempo para subir su escalofriante video a Facebook y Twitter. El repugnante video se viralizó en minutos. La inenarrable atrocidad: ese nuevo y demencial camino al trendig topic

Inconcebible cómo las huellas del racismo en EU siguen provocando reacciones salvajes. Un tema que ha costado trabajo superar a pesar de ser un país gobernado por un afroamericano. Cuántos casos hemos visto donde la policía comete actos de abuso contra jóvenes, hombres y mujeres de color. Y protestas tan violentas como la misma violencia que dicen rechazar. Los ruines fantasmas del odio sólo a la espera de sus nuevos —y respectivos— muertos. Con sus cientos de videos, con filtros de todos los colores, casa de espejos para la espiral de todo lo inhumano. Hechos tan abominables, como el que vimos ayer en Virginia, regresan varios debates a la mesa (el del control de armas, por ejemplo). Y evidencian nuevos: si acaso la violencia debe empezar a verse y a tratarse como una enfermedad altamente infecciosa (como afirma la teoría de Gary Slutkin, epidemiólogo de la Universidad de Chicago), ¿no sería, pues, la “viralización” el más peligroso de sus vectores de contagio?

Si la canción decía que “la revolución no será televisada”, la realidad hoy nos grita que la violenta involución (iNvolution on the iPhone?) sí será viralizada… Porque las redes no han traído consigo la e-volución prometida. Hoy, simplemente, es la plaza más amargamente propicia para cualquier impronunciable e-nfamia (léase “infamia”. —O bien, la era de la iNfamia).

Yuriria Sierra

http://www.excelsior.com.mx/opinion

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