Las raíces cerebrales del conflicto entre ciencia y religión

Procesión en la Semana Santa de Málaga. JESUS DOMINGUEZ

El conflicto entre ciencia y religión se remonta a hace cientos de años e incluso es un debate que, aunque ya no con tanta intensidad como hace siglos, sigue estando presente en nuestros días. Durante estas fechas en las que los cristianos conmemoran el milagro de la resurrección de Jesucristo no resulta extraño que este antiguo enfrentamiento vuelva a ponerse de manifiesto. Y es que, según indica un nuevo estudio, el origen de este conflicto puede estar en la propia estructura de nuestros cerebros.

Hay numerosos trabajos publicados que afirman que existen regiones del cerebro responsables del pensamiento moral o ético que se “apagan” cuando se aplica el pensamiento científico. Esta es la cuestión a raíz de la cual ha surgido un nuevo estudio de la Case Western University y Babson College (EEUU), publicado en la revista PLOS ONE, cuyos resultados determinan que hay dos mecanismos cerebrales: uno relacionado con la empatía (la percepción social y emocional) y otro para el pensamiento analítico (en el que se incluye el conocimiento del mundo físico).

Tony Jack, el investigador principal de este trabajo, explica que además estos dos mecanismos entran en conflicto o, mejor dicho, “se suprimen el uno al otro”. Parece ser que al creer en un ente superior o espiritual las personas suprimen las redes cerebrales utilizadas en el pensamiento analítico y emplean la red empática. Cuando se utiliza el pensamiento analítico para analizar el mundo físico, sucede lo contrario.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores llevaron a cabo un total de ocho experimentos en el que participaban entre 159 y 527 adultos en cada uno. Aquí examinaron la relación entre la creencia en Dios o un ente espiritual y el pensamiento analítico en relación a la moral.

En los ocho experimentos, las personas más religiosas mostraron una mayor preocupación moral. Los investigadores observaron que tanto la creencia espiritual como la empatía estaban asociadas de manera positiva con la frecuencia de los rezos, meditaciones u otras prácticas espirituales o religiosas.

El trabajo se basa en la hipótesis de que el cerebro humano tiene dos campos opuestos en constante tensión. En una investigación anterior, se descubrió a través de resonancias magnéticas que el cerebro tiene una red analítica de neuronas que nos permite pensar de manera crítica y otra red que nos permite sentir empatía. Ante cualquier problema, se pone en marcha una u otra área.

Tensión mental

“No sabemos muy bien cómo funcionan estas redes cerebrales, pero sabemos quedistintas partes del cerebro se encargan de cosas diferentes, y sabemos que tienden a suprimirse las unas a las otras”, afirma Jack. La forma en la que se utilizan estas áreas puede variar de una persona a otra, aunque “todos tenemos y podemos usar ambas”.

El autor también indica que las personas con desórdenes mentales como pueden ser el autismo o la esquizofrenia tienden a mezclar más la actividad entre las dos áreas, es decir, tienden a suprimirlas menos. “Por eso pensamos que la supresión es un factor importante. También vemos más supresión en gente con un elevado coeficiente intelectual”.

Al enfrentarse a una cuestión ambigua como puede ser un dilema moral, las diferencias son más claras. “Sabemos que para algunos dilemas morales difíciles, la red cerebral que cada uno emplea dictamina qué tipo de principios guían tu respuesta”, continúa Jack.

Con estos resultados los autores se preguntaron por qué el conflicto entre ciencia y religión es tan fuerte. Otro de los autores, Richard Boyatzis, profesor de comportamiento de organizaciones en el Case Western Reserve, explica que al suprimirse un área o la otra, se crean dos extremos. “Es posible que si reconocemos que así es como funciona el cerebro podamos llegar a un diálogo más equilibrado entre ciencia y religión”.

Además, es absolutamente posible tener tanto la visión científica como la religiosa o espiritual en una misma persona. De hecho, Jack afirma que la gran mayoría de los ganadores de un Premio Nobel (un total de 654 personas, casi el 90% de los que han conseguido el premio) pertenecían a una religión. El 10% restante eran ateos, agnósticos o librepensadores.

“Sentir empatía no significa necesariamente que se tengan creencias anti-científicas. Por el contrario, nuestro trabajo sugiere que si sólo enfatizamos la zona analítica,estamos comprometiendo nuestra habilidad de cultivar el pensamiento moral o social”, explica Jared Friedman, otro de los autores que ha participado en el estudio.

¿Acabará esta ‘guerra’? “No creo”, sostiene Jack, “porque la mayoría de las personas a las que les atrae la ciencia siempre tratarán de aplicar los principios científicos tanto como puedan, y las personas religiosas o espirituales intentarán hacer lo mismo con sus ideas”.

En todo caso, este investigador considera que el conflicto entre ciencia y religión puede evitarse si cada una de estas actividades realiza su función, sin extralimitarse e interferir en el cometido de la otra: “La religión no tiene nada que decir sobre la estructura física del mundo, ése es el trabajo de la ciencia. Y la ciencia debe contribuir a nuestros razonamientos éticos, pero no puede dictaminar qué es moral o inmoral, ni decirnos cómo debemos darle sentido y propósito a nuestras vidas”.

MARÍA PÉREZ ÁVILA

http://www.elmundo.es/ciencia

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