El suelo

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-¿Tiene jamón serrano del bueno?

-Por supuesto.

-¿Me lo puede cortar a filetes?

-Claro que sí, ¿cuánto necesita?

-Póngame ciento veinticinco metros cuadrados…

-¿Cómo?

-O mejor ciento treinta, no vaya a hacer corto.

-No le entiendo.

-No hay nada que entender. Usted vaya cortando y cuando tenga ciento treinta metros cuadrados en filetes, me dice qué le debo y se lo pago.

-Pero es que el jamón se mide en gramos o en kilos, no en metros cuadrados.

-Eso lo hará quien lo compre para comérselo.

-¿Usted no lo quiere para comérselo?

-No, no, en absoluto. Yo soy vegetariano.

-Entonces, ¿para qué lo quiere?

-Voy a forrar todo el suelo de casa de jamón serrano.

-¿Va usted a qué?

-Ya me ha oído. Es una carne muy aislante, muy cómoda para pisar y además deja un delicioso aroma en la casa.

-No puede ser.

-Claro que puede ser, su tienda ya huele más o menos así.

-No puede poner el jamón en el suelo.

-¿Por qué no?

-Es un alimento.

-Lo que no se puede poner es un jamón sin cortar porque se tropieza uno y es muy incómodo, pero si está cortado en filetes no hay ningún problema.

-¿No?

-No, es plano y mullido. Una gozada.

-Pero, pero se le acabará pudriendo.

-Eso sí. Hay que cambiar el suelo cada semana.

-¿Y no sería mejor que se pusiera tarima flotante o pergo?

-Puede ser, pero si hiciera semejante cosa no necesitaría venir a comprar jamón serrano cada semana, ¿es eso lo que a usted le conviene? Piénselo.

-Vale. ¿Se lo corto fino?

Publicado por Joaquín Berges

http://piramientos.blogspot.mx/

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