No todo era como Franco decía, los hispanistas fueron los primeros en descubrirlo

A lo largo del siglo XX, los hispanistas funcionaron como figuras de consenso para un tema en el que pocos, todavía hoy, no consiguen llegar a un acuerdo: la Guerra Civil. En ocasión de la muerte de Hugh Thomas conviene hacer una repaso a la figura de estos estudiosos.

Franco durante el desfile de la Victoria. KARINA SAINZ BORGO Hasta los años sesenta del siglo pasado, la visión de la Guerra Civil que se conocía en España obedecía a la versión que el franquismo había difundido de ella durante los años que siguieron a su final. Desapariciones, olvidos deliberados, tergiversaciones, así como amaños de fechas, datos y responsabilidades, por no hablar ya de la épica de los vencedores, que condicionó la vida de todos los españoles. No fue hasta los años sesenta cuando aquella gruesa pared de hormigón comenzó a resquebrajarse. En ese proceso, una importante representación de hispanistas se convirtieron en la punta del taladro; un verdadero problema para el régimen, pues sus investigaciones comenzaban a echar por tierra el armazón histórico que Franco se afanó en construir. Dos de ellos tuvieron especial repercusión: el británico Hugh Thomas y el estadounidense Herbert Rutledge Southworth, el azote intelectual del franquismo según su discípulo Paul Preston. Hasta los años sesenta del siglo pasado, la visión de la Guerra Civil que se conocía en España obedecía a la versión que el franquismo había difundido Hugh Thomas, fallecido esta semana en Inglaterra, publicó en 1961 La Guerra Civil Española, el que se considera uno de los primeros libros que sistematizó lo ocurrido en la contienda. En esos mismos años, el bibliotecario y periodista Herbert Rutledge Southworth consiguió también escribir lo que a día de hoy todavía es apreciado como un clásico del tema. Se trata de El mito de la cruzada de Franco (1963), una investigación exhaustiva de la bibliografía de la Guerra Civil hasta aproximadamente 1960. En sus páginas quedan al descubierto las manipulaciones y errores de los escritores afectos al régimen. Southworth rescata a los autores republicanos ignorados o directamente atacados por el régimen, así como una gran cantidad de información sobre la documentación disponible, las diversas traducciones, omisiones y censuras que se produjeron; además del papel de ideologización que tuvieron la radio, la televisión y el cine. Resultado de imagen para hugh thomas Hugh Thomas, fallecido esta semana en Inglaterra, publicó en 1961 La Guerra Civil Española, el que se considera uno de los primeros libros que sistematizó lo ocurrido en la contienda “Durante cuarenta años los españoles fueron obligados a tragarse una falsa historia de su país, y los efectos secundarios de una dieta tan asquerosa difícilmente pueden desaparecer en unos meses. La derecha española, ahora obligada a compartir la palabra oral y escrita con aquellos a quienes hace solo unos pocos años arrojaron a la cárcel por desafiar a los escritos oficiales de gente como Ricardo de la Cierva, todavía defiende una interpretación reaccionaria de la Historia Contemporánea”, esas fueron las palabras con las que Southworth prologó en 1986 una reedición de El mito de la cruzada de Franco, en pleno gobierno socialista y apenas recién estrenada la democracia . Años después, Paul Preston actualizó y reeditó el trabajo de quien fue su maestro. El libro de Southworth permanecía casi intacto. Su vigencia era total. Escribir aquel libro le tomó a Herbert R. Southworth más de veinte años. Publicada por el mítico Ruedo Ibérico en Francia, llegó a España más de veinte años después. Aquel título fue una brújula en un momento en el que la investigación histórica permanecía bloqueada: los archivos y hemerotecas no sólo estaban mal catalogadas, sino que muchas habían sido prácticamente mutiladas y desprovistas de los documentos necesarios. Además de las sospechas que levantaba, por ejemplo, la búsqueda de material sobre grupos anarquistas y obreros. “Durante cuarenta años los españoles fueron obligados a tragarse una falsa historia de su país, y los efectos secundarios de una dieta tan asquerosa difícilmente pueden desaparecer en unos meses” Al ser consultado sobre el papel de ambos autores como grieta a partir de la cual se resquebraja el edificio ideológico del franquismo, Ian Gibson propone y apunta a la selección originalmente compuesta por Hugh Thomas y Southworth otros dos nombres: “Tanto Thomas como Southworth son grandes a su manera, pero no hay que olvidar a Gabriel Jackson, que todavía vive, con muchos años a cuestas y, claro, al maestro de todos, Gerald Brenan, con su magistral El laberinto español”. Juan Eslava Galán se detiene también en los mismos nombres que aporta Gibson, con especial énfasis en Brenan, y añade además como referencia a los contemporáneos Paul Preston y Gibson por supuesto, además de Stanley G. Payne, un autor al que según Juan Eslava Galán, “la izquierda lo tiene apartado porque señala muchos defectos de la República que, aun siendo ciertos, no se han abordado antes”. Los efectos de la Guerra Civil Española, que convirtió a una nación entera en dos bandos , favorecieron para que fueran justamente los hispanistas quienes pudieran generar relato de todo cuanto había ocurrido. Se trataba de uno de los conflictos políticos-militares-ideológicos más dramáticos de la historia europea del siglo XX y su carácter de laboratorio de la Segunda Guerra Mundial exigía de muchos una mirada atenta. Según cuenta Gabriel Jackson, al menos hasta 1950 existía una paradoja: la mayoría de los hispanistas pertenecían al mundo de la literatura, es decir: no eran historiadores o científicos sociales, de ahí que se desarrollara en muchos de ellos un sentido del compromiso, además de una hispanofilia natural. Sebastian Faber explora la relación entre literatos e hispanistas y destaca dentro de los pioneros al estadounidense Paul Patrick Rogers; a Herbert Southworth; al británico Allison Peers, catedrático en la Universidad de Liverpool, fundador y director durante años del Bulletin of Spanish Studies, y a Gerald Brenan y su El laberinto español. Según cuenta Gabriel Jackson, al menos hasta 1950 existía una paradoja: la mayoría de los hispanistas pertenecían al mundo de la literatura, es decir: no eran historiadores o científicos sociales Publicado originalmente en inglés 1943, El laberinto español aportaba claves fundamentales de las que se valieron muchos otros investigadores. Es uno de los más importantes en la descripción de los antecedentes y problemas que determinaron la Guerra Civil española. En sus páginas, Brenan analizó minuciosamente los problemas de la España anterior a 1936 –con especial énfasis en la Segunda República-. Uno de los elementos que daba más valor a su análisis, radicaba en el hecho de que conocía muy bien de todo cuanto hablaba, pues vivía en España desde hacía más de 20 años. Mezcla de análisis histórico, económico, político y social, esta obra es considerada en el mundo de habla inglesa como la mejor introducción para el profano que desee iniciar una especialización en temas hispánicos o simplemente informarse acerca de ellos. Los entendidos sin embargo no tienen medias tintas: es una síntesis admirable de la España del siglo XX. “Aquí hay un problema de identidad. España no sabe quién es ni qué es; de lo contrario, ¿por qué hay tantos hispanistas a los que nos hacen caso? ¿Por qué me hacen caso a mí o a Paul Preston o Hugh Thomas?” A lo largo del siglo XX, los hispanistas funcionaron como figuras de consenso para un tema en el que pocos, todavía hoy, no consiguen llegar a un acuerdo: el siglo XX español y más concretamente, aquella nación que siguió de la Guerra Civil y que permanecería 40 años bajo el mando de una sola persona, Franco. “Para entender el papel de los hispanistas tendríamos que comprender se trata de una guerra civil. El enfrentamiento se ha enconado en los que siguen perteneciendo en esos dos bandos. Todos tienen su muerto en el armario, así que tiene cierta lógica que desde fuera resulte más sencilla la construcción de ese relato”. Hay quienes encuentran una explicación más severa, como Ian Gibson, quien asegura que los españoles prefieren no saber. “Aquí hay un problema de identidad. España no sabe quién es ni qué es; de lo contrario, ¿por qué hay tantos hispanistas a los que nos hacen caso? ¿Por qué me hacen caso a mí o a Paul Preston o Hugh Thomas como si por el hecho de ser de fuera supiéramos más? Eso en Francia es impensable, en Inglaterra es impensable”. http://www.vozpopuli.com/cultura

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