Naturaleza muerta

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Internet es una gran exposición flotante. ¿De qué?

 

Expone mercancías que no puedes tocar: expone fotografías, datos, actitudes, tendencias, personajes, teorías más o menos congeladas, políticas más o menos muertas.

Es una especie de artefacto que se dedica a exponer, como un supermercado más que como un museo, si bien eso que expone ni siquiera lo puedes consumir simbólicamente porque en el momento de aparecer está en sí mismo consumido, está extinguido. Internet es en realidad un gran expositor de extinciones. Algo parecido a la pornografía: catálogo estereotipado del sexo extinguido más que del sexo vivo o revivido.

Hemos pasado de la naturaleza viva a la naturaleza muerta. Comparado con el libro que vive y revive en las manos del lector, el libro digital es el libro muerto. El libro despojado de Eros. ¿Y si a la literatura le estuviese pasando lo mismo?

Por definición lo que se expone es siempre una imagen de la muerte: es algo muerto.

Exponemos naturaleza muerta. Los parques temáticos en que se están convirtiendo las ciudades son eso: naturaleza muerta y concebida para personajes que al contemplar esos lugares, convertidos en no lugares, contemplan su propia muerte. ¿Por anticipado? No, contemplan su propia muerte en presente.

Ahora pasear por los centros más emblemáticos de las ciudades es como pasear por un decorado, por un simulacro. La ciudad convertida en simulacro de sí misma.

Algo nos está condenando a no poder salir de un presente muerto.

La vida está en otra parte: en las personas que conoces, en los libros que llevas contigo, en los que aún no has escrito, en los que viajan en tu maleta, en los que te pasan los amigos, con sus huellas y sus notas a lápiz. Ayer, mientras tomaba una copa, un amigo me pasóLa agonía de Eros, de Byung-Clul Han. Un buen libro de un buen discípulo de Baudrillard, os lo recomiendo. No es nada ajeno a lo que estoy diciendo.

La primera vez que entré en las redes sociales me parecieron galerías inmovilizadas en las que cada internauta iba configurando su pequeño panteón de mierda. Y las primeras sensaciones suelen ser las más certeras. Ahora ya me he acostumbrado y participo en ellas. Soy un fantasma entre otros fantasmas.

El mundo es un holograma. 

Jesús Ferrero

http://www.elboomeran.com/blog-post/74/15504

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