6feb/120
Espantapájaros
Espantapájaros: Ridículo tentetieso campestre, inútil para desempeñar con la eficacia debida la función que su nombre indica y para lo que fue creado.
Algunos eminentes ornitólogos sostienen en firme la pasmosa teoría de que ciertas especies de aves -más en concreto, las granívoras y/o frugívoras- están evolucionando sus trinos y gorjeos hacia un sonido similar a la risa con el único objeto de carcajearse de ellos a sus anchas.
Fuera del ámbito bucólico, político sorprendido en una arenga mitinera en el momento álgido de prometer lo que no tiene ninguna intención de cumplir una vez salga elegido.
Religioso, también sorprendido, en el gesto de bendecir urbi et orbe a los fieles de su parroquia.
Postura ésta muy utilizada por los artesanos de la imaginería y la pintura para representar santos y beatos, tan polícromos ellos.
6feb/120
El pensamiento y la lana
Salvo en el caso de las festivaleras asonadas tropicales, parece que la experiencia histórica demuestra que un pueblo con frío es incluso más revolucionario que un pueblo con ideas. Estos días tan inclementes, con nieve incluso en las hogueras huesudas de los indigentes, nos recuerdan la importancia redentora del calor y se aprecia que el descontento popular tiene mucho que ver con la circunstancia de carecer de gas para la cocina o de leña para encender la chimenea. Del mismo modo que algunas personas se acatarran con el sol, hay gente que se acalora con el frío y desprende la energía sin aliento de la que están hechas a menudo las revoluciones. A pesar de su bondad contemplativa y de su probada incapacidad para la audacia, el zar Nicolás II sabía que la lealtad del pueblo era insostenible por debajo de cierta temperatura y que en cualquier circunstancia la ira colectiva sobreviene cuando la educación y la cultura pueden menos que el frío. Cuando yo era niño, mi madre, que no era nada soviética, sabía que mis arrebatos revolucionarios eran más frecuentes en invierno, así que no tardó en darse cuenta de que para aplacar mi carácter levantisco lo mejor sería sustituir cualquier consejo por un poco de calor. Mi madre sabía que para frenar la ira del pueblo a veces no hay una sola idea que resulte más útil que una buena bufanda. Se trataba de la vieja lucha entre el pensamiento de los filósofos y la lana de las ovejas. Los gobernantes harían bien en temerle más al invierno que a las proclamas de sus enemigos políticos y tener en cuenta que el pueblo reacciona por el frío objetivo del termómetro más que por el falso calor de los discursos. Al pueblo llano es difícil detenerlo cuando para entrar en calor tiene que quemar sus propios guantes.
José Luis Alvite/larazon.es
6feb/120
La última vagina
Vigilar y castigar eran los dos términos que Foucault usaba para empezar el retrato del poder. Nos vigilan y nos castigan. Nos vigilan y nos castigan con la mera vigilancia. Nos castigan y nos marcan definitivamente como seres inconfundibles para ser observados en el futuro.
El recorrido de la existencia social atraviesa una calle donde las miradas del poder, un poder dividido en miles de ojos, nos unta y acribilla. Nos mata, finalmente.
Nos mata finalmente mediante la humedad de la muerte ocular pero, entretanto, estando vivos la profusión de los impactos sancionadores van saciando nuestro depósito íntimo. Nos sancionan y nos modifican. Nos hacen figuras de observación o muñecos sometidos al poder omnímodo.
Un poder que, precisamente es tal, tan omnímodo, porque no se ve.
La invisibilidad del poder le excluye de la vigilancia, la imposibilidad de vigilarle le libra de cualquier condena, la imposibilidad de atraparlo desarrolla su extraordinaria expansión. Finalmente, una fortaleza se erige en nuestro entorno. Una auténtica penitenciaría.
Uno a uno, los ciudadanos, habitan el patio de ese recinto con infinidad de torres vigías, incontables carceleros, torturadores de la vigilancia perpetua antes incluso de llegar a la celda. Carceleros o celadores feroces de los constantes panópticos que componen cárceles y hospitales, iglesias, universidades, ejércitos y escuelas.
Ser vigilado desde afuera, sin saber dónde se encuentra, ese punto óptico hace que inesperadamente por deslizamiento de lo que no se sabe desde donde ve, el sujeto se sienta todo él un objetivo. Un objetivo en lugar de un subjetivo capaz de pugnar contra el objeto. Un objetivo que, a la fuerza, su totalidad llega a ser un surtido de pupilas. Él mismo, abrumado de vigilancia, crea en su interior una pupila. La pupila que resulta del gran coito del ojo absoluto que todo lo ve sobre el último frunce que parecería libre de su incursión. La última y tenebrosa vagina que tampoco quedará exenta de la aguja luminosa que la percibe.
El bien o el mal. La buena o la mala persona se cincela mediante el arte de la mirada criminal. La mirada del vacío o el viento.
Vicente Verdú/http://www.elboomeran.com
6feb/120
Cosas sin las que no se puede vivir
Sin bancos, parece.
Sin religión, parece.
Sin ejército, parece.
Sin policía.
Sin mercaderes.
Sin tribunales.
Sin fútbol.
Sin guerras. (Ha habido más de 7.000 a lo largo de la Historia)
Sin mentir. (Según The Sunday Telegraph, la gente no cuenta la verdad cada ocho minutos de media. Los vendedores, las secretarias de los médicos, los políticos, los periodistas, los abogados y los psicólogos son los que más mienten.)
Sin insultos.
Sin televisión. (Los españoles dedican cuatro horas y media diariamente a ver la televisión.)
Sin líderes.
Sin calendarios.
Sin sospechar.
Sin culpar.
Sin recuerdos.
Sin miedos.
Sin incertidumbres y dudas.
Sin amor.
¿Es de buena calidad el ser humano?
¿Alguna más?
Escrtito en: http://blogs.publico.es/arturo-gonzalez
5feb/120
De Europa sólo quedará su nombre
Alberto Peláez

Cuando Alejandro Magno tomó posesión de Europa y media y, llegó con sus caballos a los pies de Afganistán, no sabía que se convertiría en uno de los héroes y que con los siglos se transformaría en un mito. Sí, en un mito, nuestro mito. En Europa vivimos de ellos y gracias a ellos.
Vivimos de Sócrates y del gobierno del pueblo, de Platón y Aristóteles. Vivimos de que ellos y los romanos —especialmente los segundos— crearon las bases del Derecho actual. Vivimos la creación de la imprenta del gran Gutenberg y también del Renacimiento que vio nacer la mayor etapa de esplendor cultural de Europa. Porque de aquella Europa salieron Dante y Petrarca y Boccaccio y también Rafael Sanzio y Leonardo y luego el Barroco y el Neoclasicismo y la Revolución francesa —fundamental— y Montesquieu y la separación de poderes. Nació la Enciclopedia y más tarde, el Positivismo y el Existencialismo. Y también los grandes autores de todos los siglos. Desde Racine a Molière, desde Shakespeare a Lord Byron, desde Lope de Vega a Lope de Rueda. Y así hicimos una Europa que siempre consideramos sólida como el plomo.
Fruto de la experiencia tecnológica y cultural, el hombre conquistó la luna y mucho más. También nos hicimos más longevos y mejoramos ostensiblemente nuestra calidad de vida.
Pero entonces, ¿en qué parte nos perdimos? ¿En donde nos caímos para que Occidente se desmorone como lo hizo Roma? ¿Por qué en veinte años todo el peso de la Historia se nos ha caído como una losa, como si fuese una lapida marmórea? ¿Dónde quedó nuestra famosa calidad de vida?
Cuando en los años sesenta comenzó a aplicarse el Neoliberalismo, comenzó el declive. Era fundamental dar poder a las empresas para arrogar al tejido productivo. Pero aquello se enquistó y se ha enquistado hasta hoy. Por eso, en España nos vemos con unas manos vacías de contenido pero llenas de desempleados. Por eso, no vemos la luz al final del túnel ni lo vamos a ver. Por eso, España se cae y llega a niveles como los de Rumania. Pero ¡Qué más da! Tenemos el Acueducto de Segovia y los toros de Guisando y a Cervantes y a Avicenas y a Averroes y también a Tirso de Molina y a Jovellanos y un gran vino y mejor comida.
¿De qué nos ha servido todo eso? Al final, nos damos cuenta que de poco porque estamos viviendo de las migajas.
Europa se muere y España con ella. Ya es muy mayor. Todo lo que nace tiene que morir. Cuanto más mayor se hace uno, más se aproxima a lo que nadie quiere. Pero en fin, así es la ley de vida.
Habrá que crear una nueva Europa. A lo mejor en un futuro, de Europa sólo quedará su nombre.
www.mileniodiario.com.mx
5feb/120
Kaliyuga
La izquierda está kaliyuga. Este término del hinduismo lo usaban algunos progres en tiempos de la psicodelia, a finales de los años sesenta del siglo pasado, bajo el humo de la marihuana, para expresar un estado de ceguera, de confusión o desánimo. Según los libros sagrados de los vedas, la diosa Kali es la dueña del terror, pero estar kaliyuga entre aquel grupo de amigos significaba, más allá de la influencia maligna de esta diosa, que una niebla rara te impedía percibir el futuro inmediato a medio metro de la nariz. Es lo que le pasa hoy a la izquierda en España. Ni siquiera está cabreada, sino simplemente ciega, confusa, kaliyuga. Con sus juguetes digitales, moviendo los dedos sobre un teclado, algunos jóvenes son capaces de convocar a decenas de miles de seres airados en una plaza y llenarla de gritos, pero, una vez reunidos, sobre su cólera se posa la niebla de kaliyuga y cuando esta se levanta ya no queda nada detrás de las pancartas. ¿Adónde ha ido a parar la movida del 15-M, que estaba dispuesta a asaltar el Palacio de Invierno armada solo con tenedores? Ha entrado en el reino de la oscuridad. En cambio, la derecha está en celo como una mona, feliz, sin complejos, en plena contrarreforma, poniendo patas arriba la ley del aborto, la píldora del día después, la Educación para la Ciudadanía, la ley de costas, lo que haga falta, mientras la economía se hunde un poco más cada día. No engaña a nadie. Estaba en su programa. La izquierda que por despecho o desgana rehusó ir a votar, no tiene ningún derecho a quejarse ahora. Incluso carece de coraje suficiente para rebelarse, porque está totalmente kaliyuga, envuelta en la confusión. ¿Quién sería capaz de pronosticar el futuro del socialismo? A medio plazo tiene menos porvenir que un submarino descapotable, como se decía entonces, cuando la marihuana de los dulces hippies sustituyó en este país a la grifa de los legionarios. En aquel tiempo estar kaliyuga era una expresión que se refería solo a un estado del espíritu. Había días transparentes en que todos los dioses te parecían azules. De pronto, sin saber el motivo, te invadía una extraña ceguera. "¿Qué te pasa?", preguntaba el colega. "Nada, que estoy kaliyuga". Eso mismo le pasa a la izquierda hoy, que está kaliyuga, nada más.
Manuel Vicent/elpais.es
4feb/120
Inframundo
Kate Beckinsale es Selene en «Underworld, awakening».
Cada que mata, el vampiro detiene el tiempo. Mito erótico, más que diabólico, sus variantes aparecen no a partir del célebre Drácula, lanzado a la fama por el novelista Bram Stocker en el siglo XIX, ni desde el legendario Vlad Tepes, El Empalador, sanguinario príncipe medieval. Hay rastros de este personaje nocturno desde la Ilíada.
El cine, sin embargo, le dio una proyección inusitada a partir de los años 30, después de Nosferatu (1922), la obra maestra muda de Murnau. La cíclica vuelta del vampiro en las historias fílmicas, por eso, no debe llamar a sorpresa, ni la abundancia de nuevas series, sagas y relatos. De hecho, hay autores que se han especializado en la materia, como Anne Rice, quien ha involucrado en los aquelarres modalidades vampíricas, como menores de edad (antes lo había hecho Stephen King en La noche del vampiro) y homosexuales, con notable éxito en la pantalla.
Las historias de cursi trama envueltas en la saga Crepúsculo echan a perder tan bello vocablo, aun en inglés, Twilight, que remite al espectador no adolescente a la serie televisiva creada por el genio Rod Serling: La dimensión desconocida. Sin embargo, este producto de vampiros chavitos, ancestrales pero con preocupaciones de pubertad (cada que mata, detiene el tiempo), inunda salas de cine con cada entrega y agota libros.
Por fortuna hay contrapesos. La competencia en el cine da también para eso. Len Wiseman lanzó un par de películas la década pasada, con su esposa, Kate Beckinsale, como protagonista, bajo el nombre de Inframundo. La heroína es Selene, vampiro hembra con atuendo ceñido de piel, quien se rebela a su comunidad y se aparea con un híbrido, Michael, que tiene una mitad licántropa.
Las escenas de pelea entre una y otra especies de aquellos dos filmes, más una ineficaz precuela en el camino, han tomado dimensiones mayúsculas en la nueva versión, con el subtítulo “Despertares”, en el que los efectos especiales con tecnología de última generación han convertido a la guerrera nocturna en una combinación entre Trinity, la heroína de Matrix (Carrie-Anne Moss en el filme de los hermanos Wachowski, 1999), y Milla Jovovich, la verdugo de zombis en la destrozada Raccon City de la saga Resident Evil.
El mito renace en cada generación de creadores. Si Homero no escapó a esa obsesión, poco sorprende encontrar colmillos, sangre, erotismo y vida eterna en Hoffmann, Poe, Baudelaire, Maupassant, Balzac y Nerval. Sí hay que hacer notar, empero, un poema de Julio Cortázar, quien es ante todo reconocido como narrador, ya sea de cuentos, ya sea de novelas. “Soneto gótico” llámase este texto incluido en Salvo el crepúsculo (Editorial Nueva Imagen, 1984):
“Esta vernácula excepción nocturna,/este arquetipo de candente frío,/ quién sino tú merece el desafío/ que urde una dentadura taciturna.
“Semen lunas y posesión
vulturna/ el moho de tu aliento, escalofrío/ cuando abra tu garganta el cortafrío/ de una sede que te vuelve vino y urna.
“Todo sucede en un silencio ucrónico,/ ceremonia de araña y de falena/ danzando su
inmovilidad sin mácula,
“su recurren espacio
catatónico/
en un horror final de luna llena./ Siempre serás Ligeia. Yo soy Drácula.”
El vampiro mata para detener el tiempo.
Alfredo C. Villeda/mileniodiario
4feb/120
Agua a flote
Igual que a veces comete sus injusticias el tirano para permitirse luego el placer de la magnanimidad, recuerdo haberle hecho daño a alguien porque necesitaba disfrutar del gesto sincero de implorar seguidamente su perdón. Otras personas adoptan la actitud contraria y aceptan el dolor de la injusticia porque esperan disponer luego de ese momento de gratificante discrecionalidad en el que pueden perdonar a quien les hace daño. Algunos de los momentos de mayor grandeza emocional en las relaciones de pareja tienen que ver con la posibilidad de reconducir ambos con generosidad una circunstancia amarga que presagiaba lo peor. Hay lazos sentimentales que se afianzan definitivamente después de la ruptura más dolorosa cuando lo natural habría sido repartir las deudas, negarse el saludo y devolverle al otro su derecho a la indiferencia, al olvido y al aliento. Hay verdaderos especialistas en provocar el sufrimiento y otros que administran portentosamente el perdón. Hay una inefable y comprensible perversidad en la conducta del tipo que le infunde desconcierto y miedo a su chica porque quiere comprobar hasta qué punto necesita ella de su apoyo. Es el suyo un comportamiento tan comprensible y perverso como la actitud de la mujer que provoca los celos de su pareja aunque sólo sea para demostrarle que a veces no es la lealtad, sino el miedo, lo que hace duradero el amor. Al final se aclaran las cosas y uno comprende con naturalidad que no hay que fiarse de la apariencia de las relaciones humanas y que lo que aflora en nuestra conducta no siempre representa lo que de verdad se siente, igual que el hecho de que una parte del mar permanezca a flote no significa que el agua sepa nadar.
José Luis Alvite/larazon.es
3feb/120
Entre lo bello y lo atractivo
De un artículo de Savater:
¿Cuál es la diferencia entre un rostro bello y uno realmente atractivo? Pues que el bello omite los defectos y el atractivo los tiene, pero irresistibles. La perfección que respeta todas las normas clásicas merece el encomio gélido del museo, pero cuando la imperfección acierta nos la queremos llevar a casa y vivir con ella y para ella. Se hace admirar lo que cumple las pautas y se hace amar lo que las desafía. Y eso en todos los campos, eróticos o artísticos. Hasta en política…
3feb/120
El culo
¿Qué hizo Spanair con los pasajeros atrapados, por la mala fe de sus directivos, en los aeropuertos de medio mundo? Pues ofrecerles hojas de reclamaciones. No bocadillos ni bebidas ni hoteles ni biberones para los bebés, no, solo hojas de reclamaciones, seguramente llenas de casillas con preguntas indescifrables, quizá con el test de Rorschach adjunto. La hoja de reclamaciones devenía así en la última de una serie de burlas y atropellos que comenzaron al adquirir un billete falso, pues se estuvieron vendiendo billetes falsos hasta poco antes de la muerte súbita de la compañía. Las hojas de reclamaciones tienen un tacto suave, como el del papel higiénico, porque quienes las ponen en circulación las utilizan para limpiarse el culo. España está en estos momentos llena de hojas de reclamaciones y de culos. Los políticos, cada vez que nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nos están enseñando el culo, a veces nos lo enseñan al tiempo de limpiárselo con sus programas electorales. Estamos hartos de culos y de hojas de reclamaciones, casi se agradece cuando, por variar, nos hacen una peineta, como la de Aznar en la universidad de Oviedo. ¿Te engaña tu operadora telefónica? Hoja de reclamaciones. ¿Te estafa tu banco? Hoja de reclamaciones. ¿Te tima tu agencia de viajes? Hoja de reclamaciones. ¿Te estabulan en el pasillo del hospital? Hoja de reclamaciones, mire, yo soy un mandado, es todo lo que puedo hacer por usted. Y llevan razón, son unos mandados a punto de quedarse en el paro, nunca hubo tantos mandados dando la cara que ocultan los que mandan ni tantas hojas de reclamaciones ni tantos culos ni tantas peinetas. Hasta los señores del Tribunal Supremo, tan serios y oscuros todos ellos, le están cogiendo el gusto a levantarse la toga y mostrarnos sus partes en un gesto de burla, perra vida.
Juan José Millás/elpais.es








