Resultado de imagen para PSAD Synthetic Desert III del artista norteamericano Doug Wheele

Siempre hay algo que ver, algo que escuchar.

De hecho, por más que tratemos de crear un silencio, somos incapaces.

– John Cage

Tal vez el silencio absoluto no existe, al menos no para los seres humanos. Sin embargo, nuestro anhelo por él es ciertamente un derecho, e incluso una búsqueda llena de dignidad. John Cage aseguró alguna vez que el silencio absoluto es una experiencia imposible para el hombre, pues si lográramos aislarnos de todo sonido proveniente del exterior escucharíamos, inevitablemente, eso que suena en nuestro interior. He ahí la paradójica belleza de esta misión sin final.

Hace 50 años, el Museo Guggenheim de Nueva York adquirió los bocetos de la pieza PSAD Synthetic Desert III del artista norteamericano Doug Wheeler. Se trataba de una ambiciosa serie de planos hechos a finales de la década de los 60, que describían una instalación espacial con elementos de luz y efectos sonoros. Como un poema incompleto o un cuadro inconcluso, estos documentos habitaron los archivos del museo hasta hace poco.

Casi medio siglo después, PSAD Synthetic Desert III ha sido finalmente montada en el famoso museo neoyorquino. Consiste en una instalación inmersiva que emula las sensaciones y sonidos (o falta de éstos) del imponente desierto de Arizona, lugar donde nació y creció Wheeler.

silence

Aislada en una sala del sexto piso del Guggenheim, la pieza se materializa en una habitación recubierta por conos de espuma blanca, iluminados cuidadosamente —fantasmas de las montañas que alguna vez Wheeler admiró en el desierto de su infancia.

La instalación, que sólo admite a cinco personas a la vez, representó un enorme reto técnico. Para poder aislar casi absolutamente el espacio del bullicio de las calles de Nueva York fue necesario construir, literalmente, una sala dentro de la sala. En su esfuerzo por reproducir la calma del desierto, Wheeler logró crear la ilusión de silencio en una cámara que evita, casi por completo, cualquier tipo de eco o resonancia.

Pensamos en el silencio verdadero como la ausencia total de sonido, pero el silencio hecho para el hombre siempre tiene algo que decir. Wheeler explica que la mudez absoluta no es precisamente lo que perseguía, pues ésta es capaz de provocar angustia y desazón después de algunos minutos. En cambio, el artista buscó el grado perfecto de quietud: un espacio en el que sólo hubiera sonidos que fueran de los 10 a los 15 decibeles (un susurro, por ejemplo, es de aproximadamente 30 decibeles).

Así, la preciosa pieza de Doug Wheeler es un arte ilusionista, una pieza que emula la falta total de sonidos pero que en realidad resuena con fuerza; es una visita a la infancia del artista, al silencio sagrado del desierto y, finalmente, a ese anhelo tan humano de silencio, una pequeña y artificiosa esperanza en una búsqueda que tal vez nunca termine.

http://www.faena.com/aleph/es/articles