Dos micros con intersexualidad

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LA ÚLTIMA CENA

El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida.

ÁNGEL GARCÍA GALIANO, de Galería de Hiperbreves, Editorial Tusquets, 2001.

 

VENGANZA

El personaje está harto. Lleva años encerrado en el libro haciendo las mismas locuras, una lectura tras otra siendo un tarado que se cree caballero andante con un amor imposible, una condena perpetua en una cárcel de papel, una inmortalidad tediosa y repetida, pero el personaje consigue salir del libro y coge un arma precisa para la venganza que tiene planeada: una pluma. El personaje redacta un texto y envía a su autor a una guerra terrible, lo mete en una cárcel y para rematar, le amputa un brazo.

MANU ESPADA, de su blog “La espada oxidada”. Los micros escogidos pertenecen a su libro “Las herramientas del microrrelato”, Editorial Talentura, 2017.

 

Posted by in El microrrelato de los viernes

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Tres razones para explicar el retraso del mundo musulmán

La autoridad política y religiosa declaró cerrada en el siglo XI la puerta de la «interpretación del Corán según los tiempos», y ningún movimiento mayoritario ha sido capaz de abrirla

Estudiantes de una universidad femenina saudí
Estudiantes de una universidad femenina saudí – AFP
FRANCISCO DE ANDRÉS 

Los mensajes apocalípticos de la propaganda yihadista -que sueña con el advenimiento del califato universal- suelen citar la era dorada de Al Andalus como referente casi mítico de poder y progreso. ¿Qué ocurrió tras ese periodo -normalmente situado entre los siglos VIII y XI de la era cristiana- para que la civilización musulmana entrase en una etapa progresiva de hibernación y decadencia frente a Occidente?

Los historiadores han animado el debate con muchos argumentos. Tres suelen ser aceptados por consenso. El saqueo de Bagdad en 1258, que acabó con la dinastía abasí. La resistencia a adaptar la imprenta al idioma árabe, algo que no se produjo a gran escala hasta finales del siglo XIX. Y, en particular, el final abrupto y precoz de lo que se conoce como «ijtihad», la interpretación y adaptación del islam a los tiempos.

 
 
La caída del califato en Bagdad a mediados del siglo XIII, tras la brutal invasión de los mongoles, tuvo una importancia relativa; para entonces, el retraso y la decadencia de las ciencias y las letras musulmanas eran ya evidentes tanto en Oriente como en la península ibérica; además, como ha señalado John McHugo, existían otros centros de conocimiento e investigación que escaparon al furor destructivo de los mongoles.
 

Más significativa fue la resistencia del mundo del islam a utilizar la imprenta con caracteres árabes. Ya se percibía no obstante un declive notable de la producción escrita, tanto literaria como científica, entre los siglos XIII y XVI, antes de que la imprenta marcase un punto de inflexión en el Occidente cristiano.

Fue una resistencia al cambio por parte del islam, que tuvo en el fondo una misma raíz: la convicción religiosa impuesta por la elite mahometana de que el progreso de la humanidad comenzó y concluyó en el siglo VII con Mahoma y el Corán. Algunos autores lo explican con la «teoría del retrovisor»: el conductor no se fija en el destino que tiene delante sino en el paisaje que dejó detrás.

El breve romance con la «ijtihad», elesfuerzo reflexivo realizado desde fuera del Corán y de su doctrina, acabó según muchos autores en el siglo XI, cuando la autoridad política y religiosa del mundo musulmán decretó «cerrada la puerta de la interpretación». Desde entonces todos los esfuerzos de adaptación del islam a los tiempos -a sus circunstancias cambiantes y a los descubrimientos- han sido minoritarios o heréticos.

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La cocina de la abuela: tres recetas de salsas poco comunes para hacer en casa

Por María Elena Angulo

 

Mi nombre es Elenita para los amigos. Tengo 76 años, soy ama de casa y me fascina la cocina. Soy originaria de Atotonilco, Jalisco, y desde allá traigo conmigo recetas tradicionales mexicanas con los secretos que me heredaron mi mamá y mi abuela y que he preparado para mi familia durante casi 70 años. 

Cuando era niña, mi papacito decía: “la salsa es para que pique, si no sería mermelada”. Desde entonces aprendí a prepararlas con esta idea: la salsa debe picar, pero también debe dar el toque final a un guisado. El problema es que luego se me pasa la mano y toda la familia acaba resoplando de las enchiladas que les pongo. Entonces me río y les repito la frase de mi papá. Ellos sudan, pero siguen comiendo.

En esta ocasión te voy a compartir tres diferentes salsas poco comunes pero deliciosas y capaces de llevarte al cielo de los sabores y al infierno de una buena enchilada.

 

 

Salsa de xoconostle

Ingredientes

  • 8 xoconostles
  • 6 chiles morita
  • 1 diente de ajo
  • ¼ de cebolla
  • Sal al gusto

Preparación

El xoconostle es una tuna ácida que da un sabor peculiar, diferente al de cualquier salsa.

Asa los xoconostles enteros en un comal a fuego bajo. No importa si se quema la cáscara, es mejor porque será más fácil extraer la pulpa. También asa el ajo y la cebolla, cuida que no se quemen. En otro sartén, a fuego bajo, asa los chiles con un poco de aceite, muévelos constantemente. Cuando se inflen, retira del fuego, córtales el tallo y colócalos en la licuadora, junto con el ajo y la cebolla.

Cuando los xoconostles estén bien tostados retíralos del fuego y déjalos enfriar un poco para poder manipularlos. Ya que puedas tomarlos con las manos, córtalos por la mitad y extráeles la pulpa con una cuchara, pásala por un colador y vacíala en la licuadora. Para retirar toda la pulpa que quede en las semillas, enjuágalas en un recipiente con un poco de agua limpia y agrega esta solución en la licuadora.

Sazona la mezcla con un poco de sal, licúa y listo.

(Si los xoconostles están muy ácidos, puedes usar un poco de azúcar para rectificar el sabor.)

Chipotles dulces

Ingredientes

  • 125 gramos de chile mora ahumado o mora Chihuahua
  • 3 tapones de piloncillo oscuro
  • Media cebolla mediana en trozos
  • 4 zanahorias rebanadas
  • 1 cabeza de ajo
  • Hierbas de olor al gusto
  • Vinagre de caña al gusto
  • 1 pizca de pimienta negra
  • 1 pizca de clavo
  • Sal al gusto

Preparación

Si crees que los chiles que trae una lata son chipotles has vivido en el error. Los verdaderos chipotles son más grandes, amarillos y duros, se usan en los caldos. Por eso debes comprar los chiles “mora”, que son los que tienen el color y sabor al que estamos acostumbrados.

Hierve estos chiles en ½ litro de agua, agrega el piloncillo (los tapones son la parte más angosta de una panocha tradicional de piloncillo) y mueve para que se disuelvan. Agrega las hierbas de olor (laurel, tomillo y mejorana), la pimienta, el clavo y un chorro de vinagre. Prueba el líquido, éste debe tener un buen balance entre el dulce del piloncillo y el ácido del vinagre.

Aparte fríe a fuego bajo la cebolla y el ajo pelado con un poco de aceite, no las dejes mucho tiempo para que queden crocantes. En otro recipiente hierve brevemente las zanahorias, solo para que se suavicen un poco. Si los dientes de ajo son muy grandes córtalos en trozos.

Cuando esta verdura esté lista viértela al caldo de los chiles y ponlos a fuego bajo por cinco minutos. Añade otro chorro de vinagre y rectifica la sazón con un poco de sal. (¿Quieres un consejo?, prueba los ajos por aparte, es lo más rico del guiso).

Salsa de tres chiles

  • 1 kilo de tomatillo
  • Un puñito de chile canica
  • 2 o 3 chiles de árbol
  • 2 o 3 chiles morita
  • Un poco de cilantro
  • 1 diente de ajo
  • Un trozo de cebolla
  • Sal al gusto

Preparación

Esta salsa es ideal para una taquiza o un buen corte de carne. El chile canica es un poco más pequeño que el chile cascabel pero tiene un sabor peculiar, además de ser bastante picoso.

El tomatillo es una variedad pequeña del tomate verde que comemos en las salsas, pero el tomatillo asado tiene un sabor diferente.

Pélalos y enjuágalos para quitarles las impurezas. Colócalos en un comal a fuego bajo para que se asen y muévelos continuamente. Deben cambiar de color a un tono más claro. ¡Atento! Si los dejas quemar, la salsa se amargará.

En un sartén con un poco de aceite fríe los chiles, también debes moverlos continuamente porque si se queman todos en la casa toserán. Quítales las ramas y agrégalos a la licuadora o si te quieres lucir, al molcajete, junto con el tomatillo.

En el comal que usaste para el tomatillo, asa la cebolla y el ajo. Y agrega. Finalmente coloca el cilantro, un puñito de sal y un chorro de agua. Mezcla y listo. Si quieres rectificar el sabor, puedes hacer lo siguiente:

Si está muy picosa, usa más tomatillo. Si está muy ácida, recurre a una pizca de azúcar. Si la quieres más picosa… será bajo tu propio riesgo.

 

http://www.animalgourmet.com

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Cita del día

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Si la esclavitud física es repulsiva, ¿Cuánto más repulsivo es el concepto de la esclavitud espiritual? El esclavo conquistado conserva un vestigio de honor. Tiene el mérito de haber resistido y de considerar su condición como un mal. Pero el hombre que se esclaviza a sí mismo voluntariamente en nombre del amor es la criatura más despreciable. Ese hombre degrada la dignidad del hombre y degrada el concepto de amor. Pero esta es la esencia del altruismo.

Ayn Rand

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WILLIAM BURROUGHS SOBRE LAS COINCIDENCIAS EN UN UNIVERSO MÁGICO

EL HÉROE PARANOICO IDEÓ UNOS EJERCICIOS PARA TOMAR CONCIENCIA DE CÓMO SE FORMAN LAS COINCIDENCIAS Y CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LAS SINCRONICIDADES.

Las coincidencias suelen picar nuestra curiosidad; aunque las desestimemos como hipérboles del azar, no hay hombre que no se sorprenda a sí mismo en algún momento preguntándose sobre el significado de las cosas que le suceden, maravillándose ante la improbabilidad estadística de las conexiones entre los fenómenos que le rodean. El hombre cree observar un sentido en el mundo –este sentido suele postular un principio conectivo entre su mente y la naturaleza exterior. Puede ser que solamente esté transfiriendo su conciencia al mundo en una alucinación animista, o puede ser que el mundo en realidad sea un espejo.

Sobre las coincidencias el máximo referente es sin duda Carl Jung, quien desarrolló la tesis de la sincronicidad en la última parte de su obra. Jung consideraba, grosso modo, que las coincidencias eran conexiones que no tenían una causa física pero que sí tenían un significado. En el “universo mágico” de Jung el espacio y el tiempo no existen de manera independiente de la mente y por lo tanto la dimensión del sentido o del significado es tan fundamental como la dimensión de las fuerzas físicas. Las cosas son símbolos –los símbolos operan sobre la naturaleza. La sincronicidad es una relación de simultaneidad entre lo que ocurre en la mente y en el espacio-tiempo; simultaniedad que no implica causalidad sino conjunción: una relatividad psicológica. La mente y el espacio-tiempo son relativos.  

“No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”, escribió Schiller, acaso anticipándose con esas “fuente más profundas”, al inconsciente y a los arquetipos jungianos, grandes surtidores de sincronicidades.

William Burroughs, el mago junkie que atravesó los túneles de la paranoia (aquella condición mental que tiende a conectar todas las cosas sin que existan causas que las vinculan), formuló también su visión de las coincidencias. En el libro The Adding Machine, Burroughs dedica un pasaje a ilustrar su interpretación de las coincidencias. 

Ciertas observaciones pragmáticas son útiles para los viajeros en el universo mágico. Una ley, o mas bien una previsión, es que los relámpagos golpean más de una vez en el mismo lugar.

Esta es la clave de la visión de Burroughs de por qué el azar parece estar arreglado como una máquina en un casino cósmico. Burroughs aquí enuncia un principio de correspondencia o una ley de atracción: el relámpago llama al relámpago, algo que ha ocurrido antes tiene más posibilidad de ocurrir otra vez. Como si el espacio recordara esa posibilidad y al recordarla la reconectara. De la sabiduría popular a la sofisticada teoría de la resonancia mórfica de Rupert Sheldrake que explica que la naturaleza tiene una memoria inherente y aquello que ha ocurrido antes tiene más posibilidades de volver a ocurrir (la presencia del pasado). No sólo nosotros nos habituamos a las cosas, la naturaleza es un campo de información habitual: los fenómenos son esencialmente hábitos, más que constantes o leyes eternas. 

Burroughs, ya en esa faceta de maestro, del viejo tío astuto y rebelde, nos recomienda:

Puedes observar este mecanismo en tu propia experiencia. Si inicias el día perdiendo el tren, este podría ser un día de trenes perdidos y citas fallidas. No necesitas decir “Mektoub, está escrito”. El primer incidente es un aviso. Mantente al tanto de incidentes similares. Aprieta tu itinerario. Sincroniza tu reloj. Y considera el significado simbólico del tren perdido. Observa particularmente lo que podría ser una oportunidad perdida.

Tal vez te encuentres con un malencarado mesero, barista u  burócrata. Baraja la morgue de tu memoria. Todo está ahí. Por qué es una copia de otro mesero malencarado en Tanger, Londres, Hong Kong. Incluso usa las mismas palabras. Le preguntaste por un objeto y te dijo…

El gran novelista beat juega aquí con la idea delirante del universo mágico de que las demás personas existen como signos de nuestra propia narrativa, están conectados por una red de significados que se teje en la profundidad de nuestra mente. Lo más difícil es definir si las cosas están sucediendo ahí afuera en el mundo, o aquí adentro en nosotros o cómo esta diferencia es ilusoria, aunque persistente. La realidad es semántica: las personas acaso existen, pero son sobre todo estructuras significantes que aparecen en el texto que vamos escribiendo y decodificando al existir.

En el siguiente pasaje Burroughs parece querer decirnos que el clima mental se derrama en el mundo y que existe un patrón relacionado, siempre relacionado a esa corriente… gran cauce ominoso e hipervinculante de la realidad:

Te darás cuenta de que los encuentros placenteros con personas amables también ocurren en serie. Y la única ley válida en las apuestas es que ganar o perder llegan en rachas. Aviéntate cuando vas ganando y para cuando vas perdiendo.

Aún más, el viejo maestro nos enseña semiótica-sincrónica (la sincronicidad es la semiosis de la naturaleza). Ejercicios diseñados “con el propósito de mostrarle al estudiante cómo los acontecimientos son creados y cómo él mismo puede crear acontecimientos”:

Les di a mis estudiantes varios ejercicios diseñados para mostrar cómo un incidente produce otro incidente similar o encuentro. Puedes llamar a este proceso sincronicidad y observarlo en acción.

Da una vuelta a la manzana. Vuelve y escribe precisamente qué ha pasado, prestando especial atención a qué es lo que pensabas al notar ese cartel en la calle, el auto que pasaba, el hombre extraño o lo que sea que haya captado tu atención. Observarás que lo que estabas pensando justo antes de ver el signo está relacionado con el signo mismo. El signo podría, incluso, llegar a completar una frase en tu mente. Estás recibiendo mensajes. Todo te habla. Comienzas a ver a la misma persona una y otra vez. ¿Te están siguiendo? A este punto algunos estudiantes comienzan a ponerse paranoicos. Les digo, por supuesto que están recibiendo mensajes. Tu entorno es tu entorno. Se relaciona contigo.

Nos movemos a esa zona liminal en la que la locura se empalma con la creatividad o con la iluminación. Epifanía paranoica de la interconexión cósmica: dios-tú que escupes hilos de baba que conectan todo. Logos Spermatikos. ¿El mundo de alguna manera extraña e insondable es como el sueño en el que somos “teatro, actores y auditorio?”. Y es más, ¿una relación de dramas que se representan en el mismo espacio y de manera inaudita no se superponen ni desmienten?

Twitter del autor: @alepholo

http://pijamasurf.com

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